domingo 21 de octubre del 2018

TRAS LA OBRA

La migraña focal

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Bien sabe el fotógrafo posar el ojo donde otros no ven más que lo “habitual”. Es casi como un entrenamiento, ya que la cámara es la propia cabeza –permanentemente-, como una migraña focal que no puede quitarse ni siquiera apretando fuerte los párpados (inclusive quizás sea peor). Se ha determinado, académicamente, que la fotografía es un “arte” ya que no solamente hay que tener una “técnica”, si no –justamente- porque hay que aprender a “ver”; y lograr con esas dos variables un hecho artístico.

Pero ¿qué pasa cuando esa “cámara” se da vuelta y apunta para adentro?

Lo que primero se advierte es una sensación de incomodidad, ¿de cazador cazado?, precisamente se siente uno –el fotógrafo- observado, despojado de la seguridad del gatillo. La vida es una concatenación de desafíos y hay personalidades que con esos retos se potencian. Tal parece ser el caso de Dagna Faidutti, a quien cuando le propusimos participar de Tras la Obra, automáticamente dijo que sí; pero también que no.

“La verdad es que no sé porqué lo hice. No acostumbro a hablar de mí y encima por estos días tuve que hacerlo más de una vez. Evidentemente estoy en una época en que le digo que sí a todo”, confiesa.

Dice, además, que se anda rumoreando que su fotografía es “oscura”; aunque las opiniones son eso: opiniones. Y, de acuerdo a la visión de cada uno, pueden variar hasta la oposición. Por lo pronto y soslayando la tonalidad y la paleta, su trabajo es tremendamente ágil, dinámico, sorpresivo, prolijamente estructurado dentro de un particular caos y –en ocasiones- desconcertante, en el buen sentido, aunque no en la intencionalidad política. Sobresale la lectura moderna, casi más bien post moderna, rayana a lo apocalíptico, acrecentada por esa “ebullición” que tienen sus obras. Independientemente de la temática que aborde (en el doble rol de artista y fotoperiodista) logra lo que ella no sabe que logra pero anhela: conmover.

 Dag01.gif¿Qué técnica utiliza en su trabajo y por qué?

Utilizo la fotografía digital y lentamente me abro a la analógica y a la estenopeica. Tuve la suerte de encontrarme con una familia que me regaló dos cámaras (la primera la pisamos con un auto, a los tres meses de comprarla y la segunda es la que uso). Ahora ando con una Pentax prestada y una cámara hecha de cartón.

¿Qué fue lo que definió su vocación?

Volver a la ciudad en la que nací, después de 10 años, sin amigas y con un apellido fulero.

¿Cuál es su formación?

Estudié Ciencias Políticas, abogacía y periodismo. También hice talleres de canto, de copla y bagualas, de teatro del oprimido, seminarios de política y literatura y de crónicas literarias. Ah, ah, también hice un taller de Fotografía Contemporánea con Jimmy Rodríguez, una actividad que, con el tiempo, me di cuenta que hicimos casi todxs lxs fotografxs de Santa Rosa.

Una vez alguien me dijo que mejor es hacer y con el tiempo lo entendí. Lo que más me nutre ahora es la prueba y el error; la mirada de y la construcción con otrxs; el feminismo, el amor y lxs fotografxs que no se guardan nada cuando les pregunto.

Dag02.jpg¿Fusiona su disciplina con alguna otra manifestación del arte o la cultura?

Soy feminista, socorrista y originaria del siglo XXI (esas que andamos con celular, Instagram, Facebook y el pelo pintado), que todavía no busca sus raíces. Diría que estoy en contra de las instituciones pero las dos primeras me llevan a sentarme, muchas veces, con gente que detesto y a la que más bien le rajaría una puteada. Ahora leo poco pero tuve una adolescencia tardía que me llevó a morfarme todo.
Dos días a la semana hago un suplemento que me impulsa a hablar con trabajadorxs de la cultura a lxs que nunca me acercaría, y me encanta. Por momentos puedo entrar a sus mundos y algo se me mueve. En definitiva somos personas haciendo cosas que sentimos, que nos parecen necesarias, sin dinero, por fuera de las instituciones y con unxs cuantxs en contra. Si metés todo eso en una licuadora, calculo que está la “fusión”.

¿De qué se alimentan sus procesos creativos?

De las malas noticias, de los encuentros con mujeres que desean abortar y desean; del amor y el desamor. De algún buen texto que me la pone al medio de la burguesía. De mis amigas, del feminismo, del patriarcado, del capitalismo y de esta maquinita que es mi cabeza y mi cuerpo, que mete todo eso, con música y recuerdos que en mi mente se ven en VHS y super8 (tengo muy mala memoria).

¿Cómo describiría su estilo?

No creo tener un estilo y tampoco sé si me interesa. La mayoría de mis fotografías son en blanco y negro porque me siento más cómoda o porque no sé editar en color. Me han dicho, he escuchado (y me tuve que hacer cargo) que soy oscura. Entonces sí, no hago fotos lindas y en colores cálidos. No soy naif (bah, algunas veces sí) y con el tiempo me di cuenta que busco una provocación, una incomodidad, un pensamiento que solo aparezca unos meses después, o capaz que nunca.

¿Qué es lo que le deja cada obra?

Obras creo que es lo que no tengo. Capaz que puedo aventurar tener un laburo fotoperiodístico y unos cuantos vómitos generados cuando le cierro las puertas al mundo. Y lo que me dejan esas dos ¿cosas? son bien distintas. La primera, la adrenalina de mostrar lo que siento cuando estoy ahí, vibrando en conjunto con lo que está pasando. Y la segunda, una liberación. Es un espacio abierto para tocar una llaga y que explote.

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¿A quién admira?

A las personas que se revisan, deconstruyen, afirman, buscan y crean nuevos mundos; a las que no se quedan quietas y quieren ser felices (aunque saben/mos que eso no existe); a las que se mueven a partir del dolor de otrx y se prenden fuego frente a la injusticia. A las que tienen las palabras postas cuando te olvidás los anteojos para leer el mundo.

En realidad no admiro a nadie porque no me interesan las jerarquías, aunque reconozco a lxs personajes musicales, fotográficos, poéticos y etcétera, que me dejaron marcas. Si traen birra, lxs invito a casa y les muestro.

¿Qué significa el arte?

El “arte” me parece una palabra grande y excluyente, a la que hace unos años empecé a no darle importancia. Me interesa la música, la literatura, el cine y las fotografías que me ponen la piel de gallina, me mueven alguna fibra, destruye algún pensamiento establecido o me muestran un mundo que desconocía. Los colores pasteles hermosos, preciosos y bellos; las fotos de paisajes o de animales; lo perfectamente construido, suave y sin fisuras; lo teorizado y bien argumentado solo me hace comer las uñas de aburrimiento.

ALGUNOS DATOS

Dagna Faidutti nació en Santa Rosa el 12 de noviembre de 1985. Estudió Ciencias Políticas, Abogacía y Comunicación Social. Es feminista, socorrista, trabajadora de prensa en El Diario de La Pampa e integrante del espacio de comunicación comunitaria Radio Kermés.

Desde 2014 se dedica a la fotografía.

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