jueves 23 de mayo del 2019

DE OTRO POZO

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“Las crónicas de Narnia, el león, la bruja y el ropero”

* Por Gisela Colombo

Si la literatura se une con el cine en absoluta armonía, eso sucede especialmente entre los libros de C. S. Lewis y sus puestas en escena. Lewis es el autor de la saga de siete libros que proponen Narnia como un sitio de fantasía alternativo a nuestra realidad. En él viven criaturas mágicas, mitológicas, animales con psiquismo humano y toda serie de anomalías respecto a nuestro mundo.

Si bien el conjunto de libros comienza con el título de “El sobrino del mago”, la saga cinematográfica toma como punto de partida “El león, la bruja y el ropero”, donde se presenta una historia de cuatro niños ingleses a quienes envían a casa de un tío excéntrico en la campiña, para preservarlos de los ataques aéreos de la Segunda Guerra Mundial. Así viajan Susan, Peter, Edmund y la más pequeña, Lucy en un tren. El profesor los recoge y comienza la nueva vida. Pronto Lucy halla accidentalmente un ropero extraño, sin fondo, que conduce al reino de Narnia, un sitio eternamente nevado, donde los habitantes sólo luchan por sobrevivir. La única esperanza que los asiste es que la profecía se cumpla. El salvador al que esperan es Aslan, un león descomunal que va de mundo en mundo salvando a quienes merecen otra oportunidad. Una familia de castores que acogerán no sólo a Lucy sino también al resto de sus hermanos, les revelan el contenido de un libro sagrado. En él se detalla que antes de que Aslan arribe, llegarán “los hijos de Eva”, que no son sino ellos: Susan, Peter, Edmund y Lucy. Y que una vez que el león haya hecho lo suyo dejará a los niños como reyes. Cada uno gobernará un ámbito de la vida diferente.

En este punto ya es difícil eludir la tentación de hacer una interpretación alegórica de lo narrado. Pudo haber parecido un texto infantil, de carácter literal, lleno de aventuras y hechos fantásticos, pero con sólo posar la vista en lo que describe se nos invita a desentrañar los signos.

C.S. Lewis propone una historia que sostiene su catolicismo, pero no como ha hecho en “La revolución de la alegría”, texto en que relata su conversión, sino de un modo figurado. Así, Aslan, el aguardado, es el mesías, una imagen de Jesucristo. Él vendrá a liberar a Narnia de su yugo. ¿En qué consiste el yugo? Pues en la desobediencia del narniense, y el mal que se ha filtrado gracias a los celos, las envidias, etc. En rigor, quien encarna al hombre que ha hecho necesaria la presencia del león es Edmund, como si fuera una nueva versión de Adán. El niño es menor que Peter y siente permanentemente una diferencia entre las libertades y las responsabilidades que se le conceden a su hermano mayor y su propio papel en el esquema familiar. Siente envidia de ese privilegio del primogénito, por lo cual, mientras los castores les revelan el secreto de la profecía, Edmund aprovecha y escapa. En el camino se lo encuentra la malvada reina blanca, quien gobierna desde que el hielo se apoderó de todo. Ella lo tienta con “sus delicias turcas” y Edmund sucumbe (imposible no recordar el episodio del Génesis en que la serpiente ofrece una manzana para que Adán caiga y arrastre a toda su descendencia).

Luego, una vez caído, la Reina lo encierra en el calabozo de su palacio y lo olvida allí.

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Sus hermanos tendrán que rescatarlo, mientras ya el paisaje anuncia la llegada de Aslan derritiendo el hielo y haciendo germinar la primavera. Pero el verdadero acto de amor salvífico lo hará el león cuando se ofrezca en lugar de Edmund para ser asesinado en una mesa de piedra bien parecida a un altar. Susan y Lucy lo acompañarán como si fueran las mujeres del Nuevo Testamento. Lo dispondrán para los funerales y lo llorarán amargamente, para sorprenderse luego con su resurrección. La eterna contienda entre el Bien y el Mal aparece en esta versión del segundo libro y las lecciones espirituales siempre vistas desde la perspectiva cristiana del escritor seguirán hasta el séptimo libro y un par de películas más.

El film respeta con detalle el texto y este hecho parece deberse a la intervención del hijastro de Lewis, quien vela desde la producción por no perder un solo signo y un solo concepto de la obra original.

Más allá de su postura católica y de la utilidad de esta ficción para enseñar el dilema de la Salvación, tanto el texto como la película valen por la profundidad de los asuntos, magistralmente convertida en un cuento para niños. Una muestra más de la adhesión omnipresente a este tipo de texto alegórico ya clásico en la literatura inglesa y aclamado universalmente.

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La Pampa // Argentina

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