De otro pozo, "Dark"

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Sumirse en misteriosas paradojas temporales

* Por Gisela Colombo

En algunos casos la literatura no funciona como cimiento del guión y, sin embargo, se convierte en la base ideológica que se esconde detrás de un texto escrito para ser representado.

Tal es el caso de una serie disponible en Netflix, cuya excelencia permite adivinar las más diversas lecturas sobre cuestiones ambiciosas de la ciencia ficción. Quizá también pueda descubrirse entre los conceptos que recrea alguna lectura sobre física cuántica, y su correlato en la literatura fantástica.

No llamaría la atención que los realizadores de “Dark”" tuvieran un conocimiento hondo de la obra borgeana, por dar un ejemplo. Aun si así fuera, no se muestran interesados en develar esas relaciones intertextuales.

“Dark” es una tira de origen alemán, que recrea hechos que señalan la ciencia ficción y la literatura fantástica como referentes. Se ha dicho que tiene un enorme parecido con Strangers Things, pero eso no supera los primeros episodios narrados por la ficción.

En rigor, su trama es bastante más compleja. Los juegos se ordenan a reflexionar el tiempo de un modo diferente al que prevalece en nuestra cultura oficial. Un guiño o una casualidad emparenta Dark con el clásico film de “Volver al futuro”. Si ése es un referente válido no lo es su tono. Dark, como su nombre supone, es una ficción por demás seria. Incluso trágica.

Su fotografía es descolorida y prevalece la sensación desolada en las escenas. No obstante, el protagonista de Volver al Futuro viaja al pasado el mismo día en que lo hará Jonás, el protagonista de Dark.

Eso ya habría bastado para hacer de esta serie un producto de ciencia ficción. Pero conforme pasan los capítulos veremos que hay más que un fenómeno de magnetismo en una cueva que subyace a la Base Atómica de la ciudad de Winden.

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A la literatura le ha interesado desde hace siglos la percepción sobre el tiempo. La ciencia ficción posterior a la Revolución Industrial ha hecho proliferar en la ficción esta temática. Desde la publicación de “La máquina del tiempo” de Wells, no han dejado de crearse argumentos que suponen un viaje temporal como si de espacio se tratara. Las diversas producciones de estas características proponen elementos característicos.

El punto de partida podrá ser una tecnología prometedora ya explorada por el hombre, llevada en el texto a la plenitud de sus posibilidades. Pero también es posible que encontremos el soporte en una hipótesis científica no comprobada o en una que el mundo académico ha abrazado pero el público todavía no conoce.

Judith Merril reduce este género a la siguiente definición: “La ciencia ficción es la literatura de la imaginación disciplinada”. Y al hablar de “disciplinada” se refiere a su condición de conceptos científicos que trenzan razón, método empírico, imaginación científica y mucha ficción.

Cuando se tradujo el nombre de este género cuyo más representativo texto fue la obra de Wells, “La máquina del tiempo”, quienes lo titularon en español le llamaron “Ciencia Ficción”. Pero en rigor por una cuestión de incongruencia gramatical debiera llamarse “Ficción científica” porque no se trata de una rama de la ciencia sino de una forma de la ficción.

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A los mismos propósitos y esquemas se fueron sumando muchos otros relatos literarios y cinematográficos, pero el carácter fue mutando. En el positivismo del siglo XIX y principios del XX la visión respecto a la tecnología era idílica. Se trata del concepto utópico con que se concibe el avance de las ciencias. Pero más adentrado el siglo XX, en sociedades ya transformadas por los avances científicos y técnicos, la mirada se torna crítica. Es cuando surge la ciencia ficción distópica que prevalecerá hasta nuestros días. A este grupo pertenece Dark.

Sus juegos con las paradojas temporales y las relaciones familiares inconvenientes, si no directamente incestuosas, provocadas por las intervenciones de los viajeros del tiempo, son el verdadero drama de la serie.

La mayor crítica que puede hacérsele a esta producción, en su primera temporada, es que requiere mayor atención que otras ficciones. El cruce de cuatro familias de un pueblo con parientes en otros tiempos retarda un poco la comprensión de la trama. Conviven, incluso, un personaje con sus versiones en otros tiempos. Sin embargo, vale la pena el extravío porque el resultado es una serie de primer nivel, inspiradora de reflexiones inhabituales en la vida acelerada de nuestro tiempo.

Todo ello revestido de detalles técnicos que exhiben el mismo nivel que el guión.

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La Pampa // Argentina

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