viernes 10 de abril del 2020

De otro pozo, crítica del film "Jean Eyre"

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“Jane Eyre”

* Por Gisela Colombo

Charlotte Brontë compartió algo más que apellido con su hermana Emily. Nacidas ambas en una familia extraña, se criaron con un hermano varón en circunstancias de aislamiento. Su padre, que era pastor, se repartía entre sus viajes y responsabilidades y los jóvenes pasaban mucho tiempo en la casa alejada que los cobijaba. Los tres escribían. Era el modo en que se entretenían. Quiso el talento que Emily y Charlotte se convirtieran en escritoras profesionales. Emily dejó ver mediante su ficción “Cumbres borrascosas” precisamente ese mundo de aislamiento y apasionado furor o tristeza. La obra más célebre de Charlotte fue “Jane Eyre”, otro ejemplar de novela femenina con algunos toques del neogótico que se había puesto de moda en la Inglaterra de fines del XVIII. El libro se convirtió en uno de los clásicos de la literatura inglesa.

No habrá mejor evidencia de ello que la reciente inclusión de una película del mismo nombre en una de las plataformas de streaming más populares.

No se trata de una novedad. Fue estrenada en el cine en 2011 y dirigida por Cary Fukunaga y protagonizada por Mia Wasikowska y Michael Fassbender. El guión estuvo a cargo de Moire Buffini, sin grandes modificaciones respecto a la novela de Charlotte Brontë.

“Jane Eyre” es la protagonista, una niña que cae en desgracia cuando mueren sus padres y queda al cuidado de una tía miserable y cruel, que alimenta el odio de sus primos hacia Jane. Pero el relato del film alterna el orden de lo narrado. No comienza con la historia de pequeña. Al inicio, se ve la huida de Jane por un terreno desolado y bajo una tormenta. Llega agonizante a una propiedad donde la recogen un clérigo y sus dos hermanas. Durante un tiempo le ofrecen los cuidados necesarios para que se recupere. Es entonces cuando en raccontos se cuenta todo lo sucedido antes. Desde los maltratos de la tía en la infancia, los miedos sobrenaturales de Jane, su partida a Loowood, un internado para señoritas riguroso hasta una pobreza digna de órdenes religiosas extremas, aunque sin la vocación asumida libremente por sus pupilas. Los maltratos a los que las internas se ven sometidas y la epidemia de fiebre tifoidea acaban con su única amiga (Helen) y con un número grande de estudiantes. Jane sobrevive, termina su escolaridad y comienza a desempeñarse como maestra allí mismo.

Luego, logra su primer trabajo fuera del internado, en una residencia aislada que pertenece al señor Rochester. El hombre es un sujeto duro, sincero hasta la falta de cortesía, e incluso la crueldad. Y el ambiente de la casa tiene aire de misterio a causa de los ruidos extraños que se oyen durante la noche. En una ocasión Jane se ve impelida a salvar de las llamas a su empleador. Pero su verdadera función es originalmente otra. Ingresa allí para actuar como institutriz de una niña que el hombre tiene en custodia. Aunque cuando la criatura tenga la edad para irse a una escuela, Jane permanece allí. Para entonces, Rochester le habrá confesado su amor y ella lo habrá correspondido aceptando la propuesta de matrimonio. Pero un hecho del todo inesperado para ella la obliga a huir. Rochester confiesa, en plena celebración de la boda, que lleva quince años casado con otra mujer que le impuso su padre por cuestiones de conveniencia. Esa dama, que se ha vuelto loca inmediatamente después del casamiento, vive escondida en lo alto de la casa, esperando la oportunidad de arruinar algo más que la felicidad de su esposo. El incendio no es ni remotamente un hecho aislado. En su insania la mujer atenta permanentemente contra los habitantes y contra el mismo edificio. Tarde o temprano habrá de lograrlo. Pero aun frente al infierno que vive su empleador y el pedido desesperado de disculpas, Jane se niega a perdonar el engaño. Rochester le ruega a su fallido amor que permanezca con él en un matrimonio de hecho si la ley no les permite hacerlo formalmente. Ella ni siquiera considera la posibilidad de ser deshonrada de ese modo. Lo que consigue Rochester es la desgarradora huida de Eyre que el relato consigna al principio.

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La acción continúa en el presente y Lord St. John Rivers, su salvador, le ofrece un trabajo de docente en un páramo alejado. Durante un tiempo la joven desarrolla la actividad de enseñarles a las niñas de las familias trabajadoras de la región. Pero un día Rivers le hace una propuesta de casamiento de carácter urgente. Lo hace con el objetivo de viajar con ella a la India para ejercer su tarea de misionero. Jane lo rechaza y comprende que debe regresar con Rochester, a quien no ha podido olvidar.

El film es agradable pese a la atmósfera gótica y los colores fríos de su estética. El argumento de la obra original está simplificado, como conviene a las producciones audiovisuales masivas, sin perder lo central ni atentar contra su encanto. La reconstrucción de época logra muy bien el propósito de ubicarnos en esa realidad victoriana teñida de aislamiento y soledad.

En fin, “Jane Eyre” no decepciona la promesa de ofrecer entretenimiento y revelar un poco edulcorado un clásico indiscutible de la mejor literatura británica.

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La Pampa // Argentina

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