CULTURA & PARANOIA

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La Guerra de los Mundos.

Si de psicosis colectiva hablamos, cierto día un señor que -para agregarle sinuosidad a la trama, se llamaba “Orson”- provocó un surmenaje colectivo de repercusión planetaria, con epicentro en Nueva Jersey.

Imaginemos la reacción que generaría, un 30 de octubre de 1938, que un locutor anunciara la inminencia de un ataque extraterrestre, a través del parlante de la radio, medio de comunicación más popular y extendido en la época.

Una hora de incesante transmisión bastó para que se instaurara un mito –que además de ser puesto como ejemplo en cualquier tesis, clase, seminario o cursillo de periodismo- instauró a fuego la certeza de que aquél día se provocó que la gente corriera despavorida y sin rumbo por las calles del país, aprovisionándose ante la inminencia de la invasión, armados los ciudadanos con lo que estuviera a mano, se saturaran los servicios sanitarios y de seguridad y –en definitiva- se propagara la histeria general.

Los descomunales diarios tabloides de la época dieron cuenta, al día siguiente y titulando con la fuente más catástrofe de la historia, que el desembarco de los marcianos en la pequeña comuna de Grovers Mill, con la firme finalidad de apoderarse del planeta, había sido una lamentable teatralización que ocasionó el sumun del pánico, la inmersión en el fango del terror y un combo de neurosis, ansiedad, conmoción y locura colectiva; con personas internadas, inclusive.

La fake new de la fake new.

"Señoras y señores, les presentamos el último boletín de Intercontinental Radio News. Desde Toronto, el profesor Morse de la Universidad de McGill informa que ha observado un total de tres explosiones del planeta Marte entre las 7:45 pm y las 9:20 pm", comenzaba el programa.

Desde el lugar de los hechos, el “movilero” relataba que “esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado... Esperen!! Alguien está avanzando desde el fondo del pozo. Alguien o algo. Puedo ver escudriñando desde ese pozo negro dos discos luminosos... ¿Son ojos? Puede que sea una cara. Puede que sea...".

Es verdad, no había sido verdad; aunque tampoco una farsa. El joven Orson Welles, artífice de esta orquestación, había puesto al aire su versión radiofónica de La Guerra de los Mundos, texto en forma de novela seminal, magnífica y premonitoria que su tocayo, Herbert George Welles escribiera en 1898 a consecuencia de una discusión “política” con su hermano.

El libro acabó siendo la piedra angular de la variante de ataques alienígenas dentro de la ciencia ficción: contaminó al cine, la historieta, las artes visuales y la cultura popular en su conjunto. Menudo palmarés el de H.G. Wells, quien también escribió “La máquina del tiempo”, “La isla del Doctor Moreau” y “El hombre invisible”, antes apenas rondaba los 30 años.

Durante la transmisión radial se advirtió en tres ocasiones que se trataba de una teatralización, pero pocos oyeron esa parte; evidentemente no era lo morbosamente importante.

Al tratarse de un escrito fundacional, se ha adaptando en innumerables ocasiones, con resultados sumamente disímiles.

No es stalkeo de la realidad

Entre estos intentos está el que realizara, en formato de mini serie con sólo 3 capítulos, la British Broadcasting Corporation (BBC) y que pusiera al aire el canal Europa Europa. Su particularidad es que sitúa los hechos en la época original en que H.G. Wells “retrató” los cruentos episodios en los que temibles marcianos hicieron estremecer a la Tierra y todo lo que se encontrara sobre ella. Esto es en la Inglaterra de 1906.

La serie (y la novela) hacen hincapié en la incomprensión que experimentan los ciudadanos ante el ataque exterior al sentirse completamente desprotegidos y víctimas de teorías, recomendaciones y órdenes cruzadas: autoridades civiles y militares pareciera que ensayas teorías, inclusive delirantes, ante el nuevo escenario que –evidentemente- supera sus capacidades intelectuales, de operatividad y de razonamiento.

En un primer momento los encargados de decidir subestiman el ataque. Seguidamente se pasan para la vereda de enfrente: lo intentan repeler con armas y fuerza, en lugar de emplear la razón y la inteligencia. Afloran el racismo, el egoísmo, la venganza, la avidez por sacar ventaja; características que describen a la raza humana acabadamente.

Paralelamente, entre la gente “común”, hay muchísimas dudas y una sola certeza: todos van a morir.

L.G.

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