DON EDGAR MORISOLI

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“Rastreador de la esperanza/ donde es difícil rastrear”

* Por Gisela Colombo

De su calidad como poeta y de su vozarrón que animaba cada aparición pública como si fuera un megaconcierto de folclore, nadie dudaría. No hay pampeano que no lo conociera y admirara. Fue el gran poeta Pampa aunque haya nacido santafesino.

Pero no alcanza con hablar de sus virtudes para la poesía, de su disciplina férrea para trabajar cada día, todos los días, en su vocación literaria. De una memoria que envidia el disco rígido del mejor ordenador. Tampoco conforma recordar el valor de su palabra, que comprometía convencido de que no había posibilidades de deshacer bajo ninguna circunstancia la responsabilidad contraída.

No es suficiente mencionar la seriedad con que se tomaba su labor poética ni evocar lo estudioso que era, la enorme inquietud por correr límites, que lo llevaban a investigar permanentemente autores, sucesos históricos, lugares y obras.

Nadie ignora la cantidad de veces que ha estado en las causas más sensibles para la sociedad pampeana. La del agua, entre otras. Y lo consecuente que ha sido siempre con sus ideas. Su lucha contra el capitalismo salvaje, la defensa del americanismo y la Patria Grande.

Si una palabra debemos elegir para definirlo, ésa es la de “Esperanza”.

Edgar Morisoli era la Esperanza. Cada proyecto de su vida estaba teñido de una proyección feliz hacia el futuro. Actuaba como si hubiera tenido apenas veinte años. No dejaba de proyectar.

La mejor huella de Esperanza era su vida misma. La antelación con que proyectaba sus libros, y sus presentaciones, la disposición emprendedora, el movimiento permanente de su actividad poética, su presencia en cada evento cultural, su trabajo en APE… Todo hablaba de la energía de un hombre que tenía muchos años, pero vivía como si le quedaran muchos más por delante.

Y aunque su literatura reflejara el dolor de que la realidad se nos negaba tal cual la deseábamos, siempre estaba el artista que podía hacer más ameno el tránsito por la vida.

En una ocasión lo he visto conmover a un auditorio de adolescentes contando lo importante que había sido para él Margarita Monges, su esposa. Después de eso, no caben dudas de lo que era:

“Rastreador de la esperanza/ donde es difícil rastrear”

Su misma poesía lo definió.

(Ph. Viviana Cavalié)

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