martes 20 de noviembre del 2018

Las XV de Telón: “El decidor” Miguel de la Cruz

Es nuestra idea hacer interactuar a los artistas, hacedores culturales y personas relacionadas con las artes y el espectáculo con los lectores de Telón Pampeano.

A la vez también se pretende que con este sondeo los propios consultados “descubran” rasgos de su personalidad y de su trabajo que quizás estaban un poco más abajo de la superficie. Es por ello que homenajeamos con esta sección al imbatible “Cuestionario de Proust”, aggiornándolo a la temática y los personajes que nos interesa, para que conozcan facetas guardadas, para que confirmen suposiciones y/o para que se entretengan con las respuestas. Hoy es el turno de “El decidor”.

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Miguel de la Cruz es figura relevante de la literatura pampeana. Poeta, escritor, ensayista, autor de numerosos textos sobre Arte. Ha publicado notas en el suplemento cultural Caldenia del diario La Arena, y en la revista literaria Museo Salvaje, además de dirigir y editar otras publicaciones literarias. Trabaja en el Museo Provincial de Artes, donde es encargado de la Biblioteca y del área de Extensión Cultural. Publicó los libros Vuelo plural, edición colectiva (1980), Desde la trampa (1981), Poemas regionales (1987), Guía de ausencia (1994), El sendero sin bordes (2003), Es lo que no sé (2010) y la novela Demasiadas coincidencias (2014).

 

1. ¿Cuál es la rama en la que mejor se desenvuelve? ¿Por qué?

En la escritura. Porque desde muy chico escribir me fue un proceso oral que más tarde iba transcribiendo en el papel. Yo escribía en voz alta, por así decirlo, andando a caballo. Luego haría lo mismo en las calles de la ciudad, siempre con una libreta a mano. Y en casa no había libros. Papá sólo leía la revista Goles. Mamá, la revista Temporada. De entrada aprendí que la escritura acompasaba pensamientos y sensaciones, pero sobre todo la respiración; por ella existían signos de puntuación, espacios, silencios. Yo amaba a mi maestra. Fue por esos signos, que me enamoré perdidamente de ella, en segundo grado.

2. ¿Y cuál es la que más lo intriga y le gustaría participar?

El dibujo me intriga, por su minuciosidad de claroscuro o de líneas, sus ritmos o sus síntesis. Es el antecedente de la escritura, el arte de esbozar signos y representaciones en el espacio. Yo participo de él admirándolo y, como no podría ser de otra manera, escribiendo sobre él.

3. ¿Qué es lo que debe transmitir un artista?

Intensidad. Cada detalle y el conjunto resuenan entre sí, sea en la precisión formal o en la atmósfera lírica que caracteriza a determinada obra. Si es así, uno siente que todo lo expresado ahí ha sido necesario e irreductible. Por lo general, lo revemos o releemos, para intensificar y asimilar del todo el goce que nos produjo por la sensibilidad y la inteligencia que nos comunicó.


4. ¿Quién o quiénes son sus predilectos?

Hay escritores que admiro, me enseñan con su ejemplo a ser más generoso en ideas y palabras. Pero hay otros que me son entrañables, son como amigos muertos que regresan a mis sueños. Una y otra vez me hacen pensar que hubiéramos sido muy compinches y cordiales si nos hubiéramos conocido en persona. El primero de ellos es como un padre sabio: se llamaba Gastón Bachelard y es la mente más diáfana y el espíritu más cálido que he leído en cuestiones poéticas y de la percepción de los fenómenos y las circunstancias existenciales. Lo sigue Enrique Molina, un poeta navegante, cocinero y amante insaciable de mujeres costeras, que llegó a decir que las hormigas eran los collares de la tierra. Otro es Felisberto Hernández, con su animismo alucinante; la fuerza en la escritura estremecida de Ted Hughes; la melancolía distante con que me hace andar Louise Gluck por sus poemas; y ni hablar de la prosa sanguínea de D.H. Lawrence.

5. Fuera del Arte y la Cultura ¿cuál es su actividad fetiche?

Remover tierra, frotar semillas para olerlas antes de sembrarlas, cultivando huerta y jardín. Luego, sobre el anochecer del sábado, cocinar un guiso con lo que hay en la heladera; si se da, que sea abundante, para que sobre, que el domingo no haya nada que hacer y el despertador permanezca con la alarma baja.

6. Si pudiera cambiar algo ¿qué sería?

Cambiaría de lugar.

7. ¿En qué época le gustaría vivir?

En un futuro donde no exista la cultura yanqui.

8. ¿Cuál ha sido su mayor satisfacción?

Vivir lo más poéticamente posible, poetizar desde el cuerpo, deslizarme con las palabras como si fueran susurros o gemidos.

9. ¿Qué cosas lo inspiran o lo ponen en positivo?

Un gato en quietud. Más que positivo, me pone neutral. De ese gato, capaz de pasar a saltar un tapial en un segundo, adoro la destreza de ser a un tiempo contemplativo y ágil, la mirada perdida en el vacío y, de golpe, el suspenso arqueado al final del salto.

10. ¿Y cuáles logran el efecto contrario?

El imbécil que molesta al gato.

11. ¿Cómo le gustaría que lo recuerden?

No sé si uno puede desear que lo recuerden. Pero hay amores, hay mujeres, algún amigo de la infancia y los gestos que compartimos, en los que tal vez haya quedado como alguien digno que vivió de acuerdo con lo que sentía y creaba. Mi ausencia, por contraste, puede que lo haga ver con más claridad, como suele suceder tras la muerte.

12. ¿Cuáles son sus virtudes?

Al igual que la pregunta anterior, cómo saber de mis virtudes. Sólo reconozco una y es la de captar una situación o una persona por un detalle y no dejarme ir por su apariencia, un efecto sensacional, una irrupción generalizada. Rara vez me equivoqué en mi apreciación cuando supe distinguir tal o cual detalle. Creo que ser muy intuitivo podría ser mi mayor virtud.

13. ¿A qué personalidad le gustaría parecerse?

Uno en sus facetas tiene ya bastantes variantes de una personalidad, cada estímulo es como presionar un espejo: la visión se altera. ¿Para qué buscar más ocupación en las de otros?

14. ¿Por qué cosa dejaría todo?

Por sentirme a pleno en un lugar y conocer a personas (no muchas, por cierto) con quienes dialogar como si nos conociéramos de toda la vida y que, con un ademán o un tono, bastara para entendernos de una vez.

15. ¿Cuál es el lema que sustenta su existencia?

Nada que yo me diga sobre mí, hará que me reconozca como cuando entro en mi silencio.

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