sábado 18 de noviembre del 2017

"La poesía se consume a través de las canciones"

Gisela Colombo comparte en esta nota su mirada literaria, y nos habla de su novela "Que el río sangre", seleccionada por el FEP.

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La escritora Gisela Colombo, -oriunda de Buenos Aires y radicada en Santa Rosa hace largos años-, es un claro exponente de cómo los autores noveles, con trabajo y paciencia, pueden crecer en ésto de la Literatura. Comenzó a escribir en la adolescencia y su currículum literario empieza a resplandecer. Es que las letras atraviesan su vida y se percibe que Gisela se entrega a un relato, a una crítica o a sus clases de Lengua y Literatura con la misma pasión.

A la hora de gestar una novela, logra trenzar argumentos que ensamblan con naturalidad elementos de la Edad Media con ingredientes contemporáneos, y paisajes remotos con fisonomías nuestras. Así lo ha demostrado en sus dos primeras obras del género, que le han merecido muy buenos reconocimientos. La primera, "El juego del colgado", resultó finalista en el Certamen Iberoamericano Planeta – Casa de América. Y su segunda ficción “Que el río sangre”, viene de ser seleccionada por El Fondo Editorial Pampeano para su publicación. Ésta última -podríamos decir- un osado cóctel que matiza la filosofía de Marsilio Ficino, el magnetismo de la obra de El Bosco y el legado poético de Cerati.

En Telón Pampeano la entrevistamos para que nos hable sobre las razones de la vocación y sobre esta novela “Que el río sangre”, con la que se atrevió a desafiar sus procesos habituales de trabajo para dejarse llevar por una pulsión indómita a la ahora de componer el relato.

- ¿Cuándo empezaste a escribir?
A los 11 años en un ejercicio escolar -una composición sobre un delfín- tuve como una revelación, y me di cuenta que eso era lo que quería hacer. La felicidad que sentí fue increíble. Antes de ese momento, no tenía idea.

Y a los 16 ya sabía que quería ser escritora. Leía mucho, empecé a hacer talleres literarios, siempre en Buenos Aires, que es donde yo vivía.

Después, a la hora de elegir la carrera de Letras, mi objetivo era saber que era considerado bello en literatura, cuál era el canon que se consideraba aceptable y que no. En ese momento no me imaginaba lo que era ser crítico, que hoy es parte de lo que me fascina ser. Hago artículos de investigación literaria sobre autores, distintas escuelas, tendencias que se suelen convertir luego en conferencias.

- ¿Y cuándo la literatura se transformó en oficio?
Para mi escribir y leer son la misma actividad. Desde los 16 estuve ligada a la literatura, pero no siempre escribiendo. Mientras estudié no pude escribir nada. Ni ficción ni por gusto propio. La carrera de Letras suele producir un efecto muy singular. La mayoría no terminan siendo escritores. En mi caso hice un recorrido de alejamiento para poder volver. Y yo sentía que iba a hacer crítica, nunca pensé que iba a hacer ficción.

- ¿Pero después te fue atrapando?
Si. Terminé de escribir una tesis, y ahí ya estaba decidida a escribir la primera novela, aunque todavía no tenía el tema. Yo había estudiado el tarot porque en crítica se trabaja mucho con símbolos, y la filosofía de Santo Tomás de Aquino. Los dos son productos de la Edad Media, en la que sólo estaba vigente la escolástica. Encontré que había un transposición posible entre una cosa y otra, y me dije, voy a hacer una ficción sobre ésto.

- ¿Y fluyó?
Si, totalmente. Esa novela fue “El juego del colgado”.

- “Que el río sangre” sería la segunda novela entonces. ¿Cómo fue el proceso de escritura?
Esta surgió de otra manera, sin estructura previa. Yo generalmente necesito tener un esqueleto, seguir una estructura, no puedo hacerlo automáticamente. Pero esta segunda ficción fue la excepción.

Yo venía estudiando la obra de Cerati como si fuera literatura. Tiendo a pensar que la gente no consume poesía porque la consume a través de las canciones. La gente compra la poesía como era originalmente, la lírica iba acompañada de la lira, así se la recitaba originalmente. Y hoy en día se la consume así, unida a la música.

La escribí durante el 2008. Y fue todo bastante raro porque Cerati no me interesaba, hasta que un día escuché “Un millón de años luz” y descubrí que tiene una cantidad de imágenes bíblicas. Me compré un DVD de 11 episodios sinfónicos. Lo escuché, me conecté mucho y empecé a estudiar su obra. Una cuestión fortuita hizo que un amigo tuviera el teléfono de la madre; la llamé, le conté que estaba trabajando críticamente sobre la obra de su hijo y me paso su correo electrónico. Le escribí un primer mail a Gustavo y me contestó, pero luego no me contestó las preguntas que le envié. Entonces, no seguí el trabajo de crítica, porque interpreté que él no quería ser estudiado.

Mientras tanto, yo estaba escribiendo mi segunda novela, sobre un astrólogo florentino del siglo XV llamado Marsilio Ficino. Este astrólogo hace una carta natal de Jesucristo, y necesita ocultarla, ya que no era el ámbito ideal para que se conociera. Pero para certificar que lo va a guardar la historia, contrata a un pintor para que la cifre adentro de una obra. Ese pintor es El Bosco, -un gran cifrador y simbolista-, que estaba conectado con el tema religioso. Lo hace ir desde los Países Bajos, mantienen una reunión que dura horas y le entrega la carta natal. El pintor regresa y la inserta en un cuadro que se llama La Creación. Una criada descubre la historia y la va contando. Ambos tienen un montón de problemas a partir de esta gran osadía. El Bosco tiene incluso un rapto de locura.

A su vez, la novela es narrada por un investigador, que es un profesor universitario español de nuestros tiempos, quien vivió un tiempo en Argentina y se volvió con una hija. Su hija queda apegada a Argentina y escucha todo el tiempo a Cerati. Y mientras él escribe la novela, sus canciones le van haciendo interferencia. Se le filtran las frases de Cerati, que al principio parece que están ahí y no tienen nada que ver, pero con el pasar de la novela, ve que no sólo tienen relación, sino que las citas de Cerati se vuelven el hilo conductor de la novela.

- Bastante insólita e inquietante la conexión de todos estos elementos...
Si, y después que pasó lo de Cerati, percibí que había sido como premonitorio y yo no tenía conciencia de que había escrito algo tan fuerte.

- Sería la segunda vez que un concurso te da la posibilidad de editar tu obra. De otro modo, ¿no podrías hacerlo?
Necesitás recursos económicos, y aunque los tuviera, siempre intento por otro lado. También está bueno tener la mirada del otro.

- Hablando de mirada del otro, ¿solés dar tus obras a otros escritores para que las corrijan o te den su parecer?
No. Lo hago yo, porque tengo el oficio de correctora. A veces lo que hago es alejarme en el tiempo para corregir.

- El título -que nada tiene que ver con la problemática de los ríos pampeanos- ¿qué sugiere?
“Que el río sangre” sería simbólicamente dejarse fluir, revelar la verdad y liberarse. El personaje tiene un atascamiento de la sangre, asique literalmente también refiere. Para los neoplatónicos y Marsilio Ficino la sangre tiene un sentido profundo y específico, yo jugué con todas estas correspondencias, y con una cita de Cerati de “Zona de promesas”.

- ¿Qué escritores han sido referentes en tu camino?
Creo que me marcó mucho Mujica Lainez -aunque no es el que más leo, ni lo tengo presente-, pero cuando observo lo que escribo, se parece mucho a “El escarabajo” un libro que leí cuando era chica. El aparece en el estilo.
Me gusta mucho Borges, Cortazar, Carlos Fuentes, Marechal. Me licencié en literatura hispanoamericana, y tengo un interés especial en nuestros autores. Aunque también tengo mucho gusto por la literatura inglesa.

- Actualmente, ¿en qué estás trabajando?
Ahora acabo de terminar una novela que voy a usar para dar literatura. Es un instrumento pedagógico didáctico, y es completamente llana, para adolescentes, con un lenguaje coloquial, descontracturado. Se llama “Los liternautas”.
Por el momento no está publicada, la trabajo con un blog. Es un recorrido que hacen los alumnos desde la antigüedad clásica hasta el modernismo, (siglo XX) pasando por todas las obras universales, La Iliada, La Odisea, Edipo Rey, El Decameron, La Divina Comedia, El Rey Arturo, Los cuentos de Canterbury, El Quijote.

También escribí un libro de poesía -por primera vez- que envié al FEP.
Finalmente algunos poemas quedaron seleccionados para el Centro de estudios Aleteia de Buenos Aires, que va a publicar una antología de algunos autores.