miércoles 22 de noviembre del 2017

El arte como un puente que tiende lazos

Hoy proponemos un paseo por el universo creativo de Gabriela López. La escultora piquense se explaya en nuestra sección Tras la Obra y ahonda en los cómo y por qué de su hacer artístico.

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Es sabido que la mayoría de los artistas prefieren hablar a través de sus obras, pero muchos nos preguntamos al contemplarlas, qué sentirá el artista en el momento del proceso creativo, qué lo inspira, o por dónde pasa su búsqueda. Casi siempre sólo nos queda contentarnos con el disfrute del resultado del acto creativo. Por eso en Tras La Obra buscamos revelar ese universo "guarecido" que fluye en la obra, y que nuestros entrevistados ponen en palabras.

María Gabriela López nació en la ciudad de General Pico. Realizó el profesorado de dibujo y pintura en el Instituto Superior de Bellas Artes y actualmente se perfecciona en escultura en cerámica con Mariela Maisterrena y Jorge Woychejoski, y en escultura en madera con el artista plástico Fernando Rosas.

A lo largo de su carrera participó en la construcción y restauración de numerosos monumentos. En 2014 obtuvo una “Mención de Honor” y el “Gran Premio de Honor” en el Salón de Artes Visuales de La Pampa en la categoría escultura. En 2015 presentó la muestra de esculturas “Contra Pronóstico” en el Museo Provincial de Artes de Santa Rosa y en 2016 exhibió “Las Niñas” en Casa de La Pampa.

¿Qué técnica utiliza en su trabajo y por qué?
La mayoría de mis trabajos son esculturas, hago talla y modelado. Talla en madera y algo en piedra y modelado, ya sea para cerámica como para colar en algún otro material. Esas son las técnicas en las que más tiempo paso, después hay otras en las que curioseo.

¿Qué fue lo que definió su vocación?
No estoy segura que definió mi vocación. Yo soy algo terca e intenté de todo antes de asumirme y tomar ésto como una posibilidad, como una opción. Estudié otras cosas, busqué otras opciones, intenté otra vida antes de ésta, intenté dedicarme sólo a la docencia e ignorar esta parte de mi carrera. A pesar de haber sido el arte desde la infancia parte de mi vida cotidiana (por inclinación personal, no por el ambiente) nunca fue para mí un indicio de vocación, mi relación con el “hacer” era “natural”, nunca sentí deseos de convertirlo en mi trabajo, en mi sustento. Muchas personas comienzan la carrera de Bellas Artes intentando ser artistas, yo intentaba ser docente y me enamoré de esa profesión. La escuela me atrapó y todavía no me suelta. Fue hace unos poquitos años que sentí la necesidad de trabajar, encontré algunas respuestas y muchísimas preguntas. Me llené de ganas y arranqué. El contacto con otros creo que definió mi vocación, sentir ganas y encontrar un ambiente familiar, amable, eso me ayudó.

¿Cuál es su formación?
Yo soy docente de educación artística, eso dice mi papeleo. Maestra de artes visuales, profesora de dibujo y escultura. Esa es mi formación “oficial”, fuera de eso hay muchísimos lugares y personas, profesores, amigos, artesanos y artistas, que han contribuido a mi formación no formal. Y ésta es tal vez la más rica de las dos, la que se mantiene en proceso, la que cambia, la que continúa.

¿Fusiona usted su disciplina con alguna otra manifestación del arte o la cultura?
Si bien he curioseado en muchos lugares, sólo me siento a gusto en la escultura y en el dibujo. No porque me siento cómoda, pero es ahí donde me parezco a mí misma. Siempre que intento por ejemplo pintar, siento que estoy vistiendo un dibujo, que lo disfrazo. Cada vez que me acerco a otra disciplina siento que estoy forzando algo, con la escultura no, no importa cuánto me cueste o cuan fácil me resulta, paso por todos los estados cuando lo hago, hay momentos en que me entusiasmo, me enamoro, me canso, me aburro, me vuelvo a entusiasmar, la rechazo, la vuelvo a aceptar, hasta la ignoro, pero nunca siento que la “fuerzo”, no siento que la “invento”. Cuando intento acercarme a otra disciplina siento que tengo que pensar demasiado, que me invento el deseo de hacer, enseguida me vuelvo apática, haragana.

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¿Qué temas son los que más le interesan?
Miles, van surgiendo con el correr de los días. Van cambiando con los cambios de la realidad. Me interesa la relación del tiempo y la felicidad. Recuperar el tiempo, no el tiempo perdido, recuperar para mí, el tiempo futuro. La potestad de mis horas. Me gusta lo cotidiano, me gusta lo instantáneo de lo cotidiano. La magia y los juegos de la infancia, el pensamiento concreto de los niños. Me interesan las ideas, como se siembran, como se heredan. Me interesan las mujeres y la mirada que tienen de sí mismas. Las niñas en el futuro. La libertad como un poder enorme de la mente. El miedo, la locura, la memoria. La inspiración, de donde nos llega. Me interesa vivir, develar algunos misterios, compartirlos. Me interesa lo humano, lo cotidiano de lo humano, lo más simple que es posiblemente lo más universal.

¿De qué se alimentan sus procesos creativos?
Mis procesos se alimentan de infinidad de lugares, pero muchas veces se alimentan directamente del proceso de los otros. Pienso que “hacer” (porque la palabra crear es algo engañosa) tiene que ver con mi voluntad pero también con la voluntad de otros. Porque cuando yo hago no pongo solo mi voz, hay miles de voces anteriores en mi hacer, hay mil influencias previas, hay energía que pasó quien sabe por cuánto recoveco hasta mi ser, hasta mi hacer. En ocasiones me parece que la fuerza que otros ponen en su obra me moviliza tanto que después de verla tengo que sí o sí, hacer algo, no sé, hablar, dibujar, escribir…comunicar. Es como si esa fuerza se hubiese transformado de alguna manera en energía, una especie de energía que va pasando entre personas y que donde encuentra un terreno fértil se hace primavera. No solo me pasa con lo visual, todas las manifestaciones artísticas son poderosos disparadores de los que me alimento, la música, el cine, el teatro, la literatura.

¿Cómo describiría su estilo?
No sé exactamente a que se llama “estilo” como para describirme o etiquetarme. Puedo decir que a la hora de hacer no puedo evitar ser figurativa y que me gustaría perder mi lado más realista, pero fuera de ello, no tengo ninguna forma de autodefinirme, ni ningún interés en hacerlo.

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¿Qué es lo que le deja cada obra?
Una obra mía, a mí, me deja siempre una puerta abierta, una obra de otro, a mí, me ha dejado hasta mil puertas abiertas. Hacer obra es comunicar, lo intente o no. Si yo tengo que hablar del arte en general, debo decir que hay obras que me han tendido puentes, puentes tan fuertes y tan tentadores que me ha urgido cambiar de lugar definitivamente. Gracias a las obras de otros he visto y me he visto, me he preguntado algunas cosas y se me han despertado otras. Algunas obras me han dejado mil preguntas, otras nada. No todas las obras son para todos los ojos. Mis obras a mí, siempre me dejan ganas, ganas de otra. Yo siempre digo que un trabajo mío arranca en un tronco, pero termina en el siguiente…en otro trabajo. Es raro que un trabajo comience y termine sobre sí mismo, generalmente deja un algo para después, queda pegado al próximo.

¿A quién admira?
Admiro a mucha gente. Admiro a la gente apasionada, trabajadora, admiro a la gente que le encuentra el gusto a su vida, sea cual fuere su elección, su vocación, su trabajo. Admiro a muchos artistas, pero a ninguno con reverencia, de todos me gusta algo y algo rechazo. Me gustan mucho los artistas argentinos, los latinoamericanos, son los que más miro, los que más me interesan. De todos los tiempos y lugares admiro sobre todo a los que más han investigado, a los que han tenido más obras incoherentes con su “estilo”. Admiro a aquellos que han tenido grandes “éxitos” y también varios “fracasos”. Me gustan los artistas talentosos pero más me gustan los curiosos, porque creo que ellos son quienes se acercan más a la verdad, a la belleza más auténtica. Alguien me dijo una vez que la “admiración” era lejana, yo no le veo así, admiro a artistas que conozco, a maestros que he tenido, a amigos luchadores, resistentes. Admiro a quien está resistiendo, creciendo, y admiro mucho más a quien crece en otros, a quien inspira, a quien contagia. Debe ser que en realidad disfruto mucho más de ver el proceso por el cual el artista transita que de ver una obra acabada.

¿Qué significa para usted el arte?
Hacer obra es comunicar, consciente o inconscientemente. Desde el más figurativo hasta el más conceptual de los artistas, todos traen un cúmulo de experiencias, deseos, sueños, miedos y todos imprimen en la obra su “concepto”. El arte es discurso, lo leamos o no. Discurso de una época y de un lugar. Para mi hacer arte es una manera de comunicar, de tender lazos, de rescatar y se da en un estado casi impensable, sin tiempo ni lugar físico.

Escuché hace algún tiempo una entrevista que le hacían a Liliana Herrero, ella decía lo siguiente: “La obra de Mercedes Sosa es enorme, no la conocemos toda, y además, cada vez que la escuchamos la reinterpretamos un poco. Si es así, entonces, Mercedes Sosa no ha muerto, no ha quedado en el pasado, Mercedes y su obra, te esperan en el futuro”.

Tengo la certeza de que el arte es eso, un canal de comunicación, por donde algunos seres maravillosos atraviesan con su discurso, con su porción de verdad, el espacio y el tiempo. Vienen por nosotros, nos interpelan, nos inspiran, nos humanizan.
Humanizar, eso es “hacer arte”.

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