martes 26 de marzo del 2019

DE OTRO POZO

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“Enough”, los viejos frutos de la violencia contra la mujer

* Por Gisela Colombo 

A partir de la ocasión que llamamos internacionalmente “El día de la mujer”, que rememora hechos para evocar aunque no por su carácter festivo, emergieron muchas de las manifestaciones artísticas que han abordado de uno u otro modo los abusos cometidos hacia las mujeres.

Una de las películas que se proyectó con este propósito fue “Enough” o “Nunca más” protagonizada por Jennifer López y estrenada hace ya casi diecisiete años. El tiempo transcurrido es suficiente para concedernos la ventaja a los espectadores de poder verla en más de una plataforma y a demanda.

El interés está en la historia misma. Slim (López) es una camarera humilde que se enamora de un hombre de clase alta, empresario constructor sumamente poderoso. Pronto recibe la propuesta de casamiento y todo ocurre tal como cualquier chica en su situación habría soñado perfecto. El curso de las cosas parece idílico por un tiempo hasta que el esposo comienza a mostrar su cara oculta. La posesividad, los celos y la intolerancia van mostrando los puños no sólo en sentido figurado. Varias escenas nos muestran palizas que sufre Slim y la conducta de arrepentimiento y cortejo posterior de su marido, que ya a esta altura completa el cuadro típico (por todos conocido) de un hombre golpeador de mujeres.

Pero lo que hasta aquí habría sido el relato del costado íntimo de un conflicto, se convierte en algo mucho más amplio. Las instituciones del Estado colaboran pasivamente para perpetuar la injusticia cotidiana y el peligro latente de que Slim, igual que cientos de miles de mujeres reales, pierda la vida a manos de su esposo.

La intención de denunciar en la policía es desalentada por los mismos oficiales que, con salvaje realismo le confirman a la víctima que una vez hecho el descargo ante autoridad policial, deberá regresar a la casa que comparte con su verdugo. Varias preguntas a los oficiales desnudan la desprotección en que vive alguien que sufre este tipo de flagelo.

Cuando la violencia llega a un límite, Slim comienza a abrazar la idea de la huida. Y escapa con su hija de cinco años auxiliada por su amiga (Juliette Lewis). Comienza allí un derrotero que hiela la sangre de cualquier espectadora.

El esposo, lejos de resignarse, comienza una persecución solventada tanto en su violencia (ahora sin receptor físico) cuanto en las posibilidades que le dan los contactos, el poder y el dinero de los que dispone.

Con la mayor frialdad, el agresor la va despojando de su poder adquisitivo obligándola a recurrir a gente conocida en busca de ayuda. De modo tal que cada paso que ella da, se torna previsible para él.

La mujer cae en la cuenta entonces de que dejar a este sujeto implica abandonar tantas cosas, que no habrá otra opción que gestar nuevas identidades para sí misma y para su hija; que cortar todo vínculo con sus vidas anteriores.

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Sin caer en una hipérbole típica de los thrillers, que convertiría el relato en un film más espectacular pero de menor calidad testimonial, se logra muy bien la empatía del espectador con el drama de la protagonista. El hombre va hallándola una y otra vez en la huida, por más cambios que ella esté dispuesta a hacer (de ciudad, de nombre, de trabajo, etc.).

Obligada por las circunstancias va cayendo en una ilegalidad que le impide todo reclamo judicial. Recurrir a quienes se supone que la protegerían es elegir libremente la cárcel y la desprotección de su criatura.

El escape continúa hasta que la mujer comprende que no podrá huir para siempre.

No compra un arma para matarlo, no realiza una contradenuncia. Simple y llanamente se prepara para la lucha literal. Aprende disciplinas de defensa personal y busca la ocasión para enfrentarse cuerpo a cuerpo y a solas con su agresor.

No digamos más respecto al tenor de los hechos. No arruinemos el final anticipándolo.

No obstante, al llegar a este punto uno se pregunta ¿quién ha ganado la pelea? ¿Con qué herramientas y en qué terreno se veía obligada Slim o cualquier mujer a dirimir los problemas de violencia?

Han pasado unos años desde que esta película, que sin dudas está inspirada en hechos reales aunque no correspondan a la historia de una persona real llamada Slim. Al fin y al cabo, está plagado el mundo de Slims.

Y si no dudamos en quejarnos de la indolencia de una sociedad que ha criado hombres violentos, ni de la inacción de un Estado indiferente, tampoco titubeemos al reconocer que se han avanzado siglos en un puñado de años.

La conciencia y la empatía de hombres y mujeres de hoy respecto al flagelo de la violencia contra la mujer es un cambio profundo. Las injusticias se siguen cometiendo, son muchas, es cierto. Pero hemos cambiado la semilla y más pronto que tarde comenzarán a verse los alcances de sus nuevos frutos.