El conversatorio: Javier Villalba

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El deseo como motor creativo

El juglar pampeano Javier Villalba nos convida sus aromas en la cocina de El Conversatorio. Invitado a participar de la sección que convoca a músicos pampeanos o con raigambre aquí, Javier -que tiene sangre ranquel en su ADN y motivaciones de sobra para indagar en su raíces-, conversó con Telón Pampeano sobre su amor por la música y los procesos creativos que lo llevan a sumergirse en cada disco en lo más profundo de las cepas pampeanas.

En este intercambio, a modo de conversatorio, ahondamos en su trayectoria, sus proyectos y sus deseos, entre otras cosas.

-¿Cómo empieza su afición a la música?
-Desde chico viví rodeado de tangos y folclore, mis padres escuchaban música a través de la radio. Cuando vivía en Chilecito, (La Rioja) –siempre cuento que mi papá trabajaba en empresas viales y conocí todo el país viviendo en distintas ciudades durante mi infancia hasta la adolescencia, que regresamos a nuestro lugar de origen- comencé a bailar folclore en talleres municipales, y luego me pasé al de guitarra… Prueba y error de pre-adolescente….

-¿El músico nace o se hace? ¿Por qué?
-Somos lo que queremos ser. Creo que todes somos músicos; algunos viven de la música, otros lo hacen en forma particular. También es compleja la trama si lo ponemos en términos de nativismo… Si te referís a la formación; creo que la disciplina es importante. En mi caso, que hice música de forma intuitiva durante mucho tiempo (ahora también, eh) llegó un momento que me vi limitado en mis composiciones; tener herramientas de armonía, abre otras puertas…

- ¿Qué artistas han influido en su vida?
-Muchos… Desde Gustavo Cerati, Luis Alberto Spinetta, Roberto Goyeneche, Juan Carlos Bagiletto; David Bowie, Sting, Pink Floyd.

- ¿Las musas existen? ¿En dónde encuentra inspiración?
-Vaya uno a saber…. A veces te pasan por al lado y ni cuenta te das…

-La industria musical jamás hubiese imaginado hace algunos años que existirían “plataformas” donde publicar. ¿Qué hay de bueno y de malo en Internet para la música y los músicos?

-Creo que sigue siendo lo mismo, desde el punto de vista económico del artista. Es decir, antes si no tenías el físico –CD, Disco- no existías. Ahora podés colgar tu tema, etc; pero si no pagás para que le llegue a los usuarios en sus móviles ni se mueven las reproducciones. Y ni hablar del control… El streaming es un negocio tremendo, donde siempre los músicos quedamos afuera.

- ¿Cuáles son sus retos profesionales más inmediatos?
No me propongo retos, es decir desafíos; me dejo llevar más por el deseo y que la cosa fluya (Aunque a decir verdad, no soy bueno gestionando para mis proyectos). Ahora estoy pulsando la realización de un video clip, el primero en toda mi carrera (uf, dicho de esta manera parece que le otorgo una cargaaa). Y viajar con la banda Werkenes para mostrar Chai Rimel, ya que el año pasado nos quedó sabor a poco, para tanto trabajo.

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- Describa el proceso creativo que desarrolla para llegar a una obra
Todo parte del deseo. No fuerzo ni acordes, ni palabras… Hay canciones que han surgido mientras iba caminando en la ciudad; grabo la melodía y a veces queda por meses en el celular… Otras, en el medio del monte, sin nada a mano. Cuando necesito soltar algo, contar algo, perdonar, perdonarme, decir, comunicar, ahí escribo. No soy muy metódico. Y lo hago cuando algo realmente me moviliza, desde el amor, el dolor… la alegría, tristeza… Es reparador; a veces frustra. Empiezo y digo; no, esto no me lleva a ningún lado… lo puedo hacer mejor. Otras las dejo así, y retomo en otro momento…

- ¿Utiliza la tecnología? ¿De qué manera?
Si, claro. Desde que tenía mi banda de rock, en la adolescencia siempre la utilicé en las pedaleras… Me encantaba usar samplers y delays… Ahora me llevo bien con las secuencias, teclados midis… looperas… La mixtura entre lo que ofrecen los sonidos electrónicos con lo autóctono me abrió la cabeza….

- ¿Cuál fue el consejo que le cambió la óptica?
Siempre lo cuento. Me lo dio mi profesor de guitarra, Aníbal Olié; Yo tenía 19 años y estaba terminando mis estudios en su Instituto privado. Me dijo; “Javier, yo soy un privilegiado de la vida, vivo de la música. Pocas personas pueden vivir de lo que aman”. En ese momento –yo me había recibido de Maestro Mayor de Obras en la EPET y estaba trabajando en una empresa colocando aires acondicionados en edificios-, me dije; yo también voy a vivir de lo que amo. Me presenté ese lunes a la empresa y renuncié. Más tarde me sumé al Coro de la Provincia, armé bandas, estudié con Daniel Caballero y Maxi Cuffini guitarra eléctrica; periodismo en la Universidad Nacional de la Pampa. Trabajé 11 años en radio como locutor, conductor de programas de rock, operador; con mi propia revista, escribiendo en medios locales. Cuando abrió el profesorado de Música en el CREAr, ya con 30 años, ingresé y egresé a término. Ahí renuncié a los medios y me dediqué de lleno a la Educación Musical y a hacer mi música. Hoy puedo decir que lo logré, aunque me costó mucho. Lo mismo les digo a mis alumnos. No es fácil, pero se logra. Gracias Aníbal!!!!!

- ¿Qué es lo mejor que ha hecho?
Sólo reniego de mi primer disco… Pero lo quiero mucho. Se llama “Llegar”, grabado en el 2000. No sé si hay algo que sobresalga, o que pueda decir; esto es lo más!!! Creo que debería animarme e ir un poco más allá. “A dedo” -2011- tiene algo muy particular; fue una obra que hice en un momento muy particular de mi vida: tiene canciones que esperaron más de 10 años para ser grabadas; disco muy melancólico. Una especie de grandes hits! Me gustan mucho Iñ Ruka y Chai Rimel… en ellos (re) encontré mi identidad, tanto musical como las raíces de mi pueblo Ranquel… Sigo deslumbrándome con la cultura, silenciada por tantos años.

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- ¿Qué canción le gustaría que fuera suya? ¿Por qué?
Qué difícil! Todos somos un poco como Salieri! Creo que tomamos un poco de aquellas obras que nos gustan. High Hops de Pink Floyd es una de las obras musicales que me emociona cada vez que la escucho. Será por la melancolía de la letra, la frase:  "The endless river, forever and ever" ("El río sin fin, por siempre y para siempre.") o tal vez el increíble solo de guitarra de Gilmur… Me encanta.

- ¿El arte es una forma de hacer política? ¿En qué sentido?
Si, definitivamente. Todo es político. Es (o debería) la toma de decisiones. Desde el arte uno muestra y omite; canta o se llama a silencio (o lo silencian). Toma decisiones. El arte como manifestación del ser, es y será la única manera de dar testimonio de nuestro paso por esta tierra.

- ¿Con qué dupla compositiva se siente profundamente identificado?
Hay muchas… Que me influencian claro… Lennon- MCcartney (creo insuperables hasta hora); Bogarín-Pérez (lo primero de Tonolec fue increíble); en lo local, Facu y Mauri, de Rey Momo..

- ¿Cuál es la canción perfecta?
La que te emociona.

- ¿Qué le gustaría que le preguntaran?
No lo sé…

BIO

Javier Villalba nació biológicamente en Toay en 1975, pero existencialmente se hizo visible, cuando descubrió su tahiel, su propio canto, cuando se reconoció en su propia voz. Es Profesor de Arte en Música. Músico, compositor y docente que reside en la ciudad de Santa Rosa. Integró la banda de Power-Pop R.I.T.O. (El Regreso Ilícito al Torreón del Ogro). Fue editor de una revista emblemática de la región: Bardas Rock. Ha grabado de forma independiente los discos Llegar (2000) y A dedo (2011). Más tarde lanzó su tercer trabajo discográfico, Iñ Ruka, donde dialogan canciones en lengua ranquel con ritmos del pop/rock y especies folclóricas. Acompañado por la banda “Sin Mecenas y Werkenes” conjuga un estilo musical intimista, que remite a lo cotidiano, a las experiencias, anécdotas, recuerdos y al hogar. En los últimos años su acercamiento a la cultura originaria lo animó y alentó a componer en lengua ranquel, lengua que da vida a varias letras de su último material “Chai Rimel, Hoy, siempre” (2018). Se trata del cuarto trabajo musical del cantautor, que ratifica su compromiso con el rescate de la lengua ranquel, la búsqueda de nuevos sonidos y texturas que ambienten las historias de los ríos pampeanos; la naturaleza, recuerdos personales, la incansable búsqueda de las Madres y Abuelas de plaza de Mayo y una dedicatoria especial al Lonko de su comunidad, Fermín Acuña. Ganador del Fondo de Fomento del INAMU (Instituto Nacional del Músico) 2017-2018, región Patagónica, el disco cuenta con ocho composiciones de música de raíz folclórica como la huella, cueca o chacarera, que se mezclan con los sonidos de rock o virtuales electrónicos en varios pasajes.

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