Aportar desde el lugar

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Vanita recorre parte de su autopista profesional, que incluye impensados volantazos y cambios de carreras, hasta detenerse en estos días de ailamiento obligatorio, en los que el compromiso social, la toma de conciencia y las ganas de ayudar son su combustible.

La nueva manera de comunicación ante el cambio de escenario, produjo en los artistas la auto interpelación acerca de cómo continuar produciendo y –en algunos- la manera de aportar algo en medio de la incertidumbre. Es el caso de Vanina Rodríguez.

Mediante infografías que no son meramente utilitarias ya que incorporan un componente artístico muy original y cuidado, desde sus redes sociales Vanita Dibujadora/Ilustra, propone cuidados para la salud de sus seguidores, a la vez que ofrece material para descargar e interactuar, coloreando.

Una extensa y rica charla con Telón Pampeano, que tuvo como disparador ésta tarea que desarrolló a partir de la pandemia y posterior cuarentena, derivó en otros aspectos más profundos del artista y del Ser.

“En realidad, las primeras ilustraciones comenzaron cuando el tema no revestía la gravedad o importancia que tiene actualmente; esto fue cuando la cuarentena era una sugerencia”, dispara.

¿Cuál sería el objetivo de las publicaciones?

Me parecía piola ayudar o inspirar a la toma de conciencia sobre la importancia de ayudar socialmente con el pedido de medir y cuidar nuestras acciones para colaborar con les otres. Podría decirse que tocó mi costado de conciencia social y empatía. En aquel momento estábamos, con Amilcar, mi compañero, en Colón; la gente estaba como loca... Nosotros nos encontrábamos a punto de cruzar a Brasil y con todo esto nos quedamos en pausa. Fueron unos días de gran incertidumbre.

(N.d.R.: Vanina y Amilcar desarrollan desde enero del año pasado “Amor Nómade”, un proyecto de vida itinerante a bordo de un colectivo casa rodante)

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¿Esto en qué momento sucedió?

Fue por marzo. Quedamos virtualmente encerrados en el bondi , porque se nos cortaron las ferias, que es de lo que vivíamos. Y no sabíamos a ciencia cierta qué es lo que iba a pasar. La cuestión es que estábamos allá, sin posibilidad de laburar y bueno... en todo ese contexto adverso comenzamos a pensar en qué hacer, laboralmente hablando.

Esa especie de ansiedad me provocó a ir sumando ilustraciones que tuvieran que ver con esto que está pasando.

Digamos que la situación tuvo un efecto inspirador, pero además, está el tema estrictamente laboral...

Claro, también existía la posibilidad que a partir de estas ilustraciones surgiera algún laburo virtual. Antes del corona virus me negaba a dibujar a pedido.

Pero hubo alguien que me dijo, alguna vez, que “si querés ser conocida tenés que estar y hacer cosas que tengan que ver con lo que pasa, estar en tono con las noticias, celebraciones, etcétera. Sinceramente nunca me convenció esa sugerencia; pero entre la incertidumbre de lo que iba a venir y el encierro de esos días, salieron esas ilustraciones del Quedate en Casa, los cuidados y demás.

A partir de ello algunos emprendimientos locales comenzaron a pedirme ilustraciones vinculadas al tema.

Pareciera que son dos caminos que no necesariamente son opuestos...

Opuestos no; creo que hay que buscar el equilibrio que a una le haga bien. Digamos que vengo de procesos personales y sociales varios, donde el cambio y la búsqueda del placer por lo que hago es una constante, entonces no negocio todo, siempre tengo que disfrutar de lo que estoy haciendo.

Pero a la vez hay que pagar la renta

Algo así. Entonces, cuanto menos duela, mejor.

Una cosa llevó a la otra y de repente cambié mi forma de trabajo. Y me animé a hacer para otros; porque siempre hice para mí, sabiendo que a otres les gustaba y funcionaba. Ahora hago para otres y me tiene que gustar a mi también (risas).

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Siempre manteniendo una "coherencia intelectual”

Es como un juego también, porque la gente que me pide ilustraciones, me da absoluta libertad, es muy respetuosa de mi hacer. Y eso para mí es “magia”. Si algo no me cierra, no me convence, me hace ruido, no lo hago.

Pero también soy, digamos, intuitiva. Y en este hacer, lo más importante es la onda, la energía y el puente que se tiende con el otro, el que te encarga un trabajo. Si algo no fluye inmediatamente, prefiero correrme. Ya he hecho algunos trabajos, por cuestiones económicas únicamente, y no han salido tan bien.

¿Deja algo el aislamiento? ¿Sirve, viendo algo positivo, si es que lo tuviere?

El tema de este confinamiento... Afloran muchas cosas... Se está en constante conexión con uno mismo, y bueno... También me he puesto a pensar que hay gente que no la está pasando nada bien con esto, niñes aburridos, etcétera. Entonces también pensé que podía aportar algo piola y por eso comencé a hacer ilustraciones de descarga gratuita para pintar, que subo a mis redes sociales para libre descarga.

¿Cómo es que empezaste a dibujar? ¿Estudiaste?

Sí, estudié: soy Contadora, estudie en la UNLPam, originariamente soy de General Pico. Estudié Ciencias Económicas porque “algo había que estudiar” digamos; entonces siempre estuve bastante incómoda en ese hacer, aunque fue mi forma de vida durante muchos años. A la vez siempre escribí y dibujé para mí, era mi forma de descarga. Hasta que en el año 2007 comencé a hacer ropa, autodidacta, de oído, preguntándole a mis abuelas y esas cosas. Desde la ropa seguí con muñecos de tela, almohadones, cactus en tela, hasta que apareció la posibilidad de formar parte de Tierra Madre, y en algún momento sumé a todo eso la elaboración de unos cuadernos que tenían dibujos originales en las tapas. No eran de mi autoría, solo copiaba, dibujaba en cartón prensado y pintaba.

En el 2011 hice un taller de dibujo de un día y me voló la cabeza: me reencontré con mi yo dibujante y comencé a plantearme hacer algo más. Fui y vine entre trapos y lápices hasta que, finalmente, en 2015 dejé todo y me dije: “lo único que voy a hacer es dibujar”.

Hice un taller con Raquel Rojas con la finalidad de depurar mi forma de ilustrar y, obviamente, aprender, pero me cuesta hacer lo que me dicen.

Entonces podría decirse que, en el ámbitos del arte plástico, sos esencialmente autodidacta, más allá del perfeccionamiento posterior

Soy muy rebelde en ese aspecto: cien por ciento autodidacta. Mucha observación y coraje (risas). Algo más: no soy una militante del coronavirus, prefiero mi libertad. Pero también está bueno abrir el universo de opciones y pensar que las maneras de comunicar son amplias y ¿qué mejor que usarlas responsablemente y con un poco de amor? Aunque no sea tan piola lo que connota el mensaje. Pero si me parece súper importante aportar a otres, desde donde podemos, porque hay gestos mínimos que en momentos de gran sensibilidad llegan como fuertes abrazos. La devolución ha sido que por las ilustraciones para pintar, han sido motivo de cantidad de mensajes de agradecimiento que ni esperaba. Considero que los privilegios no son sólo el techo y la comida, también lo es la entereza mental. y espiritual.

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Las láminas

Lu es la protagonista de un librito autogestivo que hice algunos años atrás, Los Pijamas de Lu, una propuesta que invitaba, a través de una breve historia, a ponerle color a los sueños de una niña amante de los pijamas. En éstos tiempos de quietud, encierro, con los días redundantes de tiempo, pintar siempre es una buena opción, ya que mejora la capacidad de comunicación, ejercita el cerebro, mantiene y mejora la salud mental, beneficia la motricidad, es divertido y placentero. Por tal motivo, dejo por aquí unas laminitas que tienen a esta amorosa niña para que se llenen de colores y magia. Son de descarga gratuita, entrando a este link.