DE OTRO POZO

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La catedral del Mar

Por Gisela Colombo

La historia funciona como el corazón. El órgano que la humanidad identificó siempre con el centro mismo del hombre se mueve en una dinámica de expansión y retracción, de diástole y sístole. Esta misma dinámica retrata el curso de la historia, que vuelve a pasar por situaciones y estímulos similares una y otra vez.

En muchas ocasiones, durante diferentes periodos, el espectáculo teatral ─y sus sucedáneos, el cine y la televisión─ actuó como un agente eficaz para la educación del ciudadano. Tal es el caso de la tragedia griega durante la Antigüedad Clásica, de los autosacramentales durante la Edad Media, del teatro clásico del Siglo XVIII, por dar tres ejemplos.

Hoy, cuando la educación ha moderado considerablemente sus ambiciones, las series y películas contemporáneas logran una transmisión de conocimientos en aspectos que la escuela no alcanza a educar.

Muchas de las producciones del cine y la televisión reconstruyen un estilo de vida de otras épocas y geografías. Tal es el caso de series épicas que nos proponen plataformas como Netflix, Fox, Pop Corn, Pelispedia, Cuevana, entre otras.

Pero no echemos toda culpa a la educación formal. Muchos de nosotros no nos internaríamos en un libro historiográfico sobre la vida cotidiana del siglo XIV. En cambio, detrás de un relato ficcional contado en lenguaje audiovisual, aprenderíamos de buen grado y sin esfuerzo los mismos contenidos.

El peligro de este asunto es que quien escriba el guión no esté suficientemente documentado.

“La catedral del mar”, serie española, es un ejemplo de las producciones a las que podría confiárseles la transmisión de saberes. Existe detrás del relato un trabajo de investigación ambicioso. No ha sido hecho con el fin de crear un guión, en este caso.

La historia de “La catedral del mar” fue concebida originalmente como un libro. Editada en 2005, la novelaconsagró a su autor Ildefonso Falcones como escritor. Pronto, se transformó en un best seller en España, para luego conquistar otros mercados, en múltiples traducciones.

El texto es la historia de Arnau Estanyol, de estirpe vasalla, que huye de los abusos del señor feudal y se refugia en Barcelona.

Por medio de la historia particular de un sujeto común como lo es Arnau, es posible descubrir un proceso histórico, político y económico de los más radicales de la historia. El mundo de la Alta Edad Media, con el contrato feudal y la esclavitud a la que estaban sometidos los “siervos de la tierra”, evoluciona hacia el estilo de vida moderno, sustentado en el trabajo individual, los oficios, los talleres de artesanos, las primeras entidades de crédito y la movilidad social, como consecuencia. Ambos modelos conviven en la obra desplegando la mejor explicación de un proceso que cuesta entender desde lo escolar.

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Mientras Arnau lucha por la supervivencia y las injusticias de los nobles, que actúan también en la gran ciudad, la Catedral más ambiciosa se está levantando como la primera producción en que el hombre emancipado del vasallaje despliega su independencia. El pueblo mismo, exhibiendo una devoción a la Virgen María también muy propia de la Edad Media, dona tiempo, trabajo y dinero, para alzar un edificio gótico de dimensiones, cuya mayor ambición es que los vitraux filtren la luz natural de un paisaje creado por el mismo Dios al que se dedica la construcción.

Arnau es allí un bastaix, uno de los hombres libres que, en sus escasos tiempos de ocio se consagra a la tarea de cargar los bloques de piedra necesarios para alzar las paredes catedralicias. Luego, cuando se enriquezca, será uno de los principales donantes de la Catedral de Santa María del Mar. El trasfondo de las guerras contra Génova y otras potencias del Mediterráneo, el poder de una Inquisición creciente, y el asunto de la conciencia espiritual del protagonista completan el cuadro.

La historia es interesante más allá del marco histórico y no olvida los ingredientes de romance y batalla necesarios para atraer al público. El libro es recomendable. La serie, más allá de algunos defectos de puesta en escena, es fiel al texto de la novela, por lo cual, también ofrecerá entretenimiento mientras cumpla el involuntario propósito de contribuir al conocimiento de un periodo lejano tanto en tiempo como en valores.

No obstante, seguramente en la misma novela, sea posible descubrir algo de nuestro propio tiempo. No sería extraño que la misma dinámica coronaria que opera en el regreso de un teatro edificante se diera en más de un sentido.

En el aspecto político, social, económico, religioso y hasta bélico de un mundo distante, tal vez haya pistas para pensar nuestra realidad. Descubrir esa repetición es precisamente el mayor rédito que promete el conocer la historia.

El ingreso por el que accedamos a auscultar el latido de la historia puede ser un libro académico, pero también, ¿por qué no?, una ficción, alguna película, o quizá una serie de Netflix.