jueves 20 de junio del 2019

DE OTRO POZO

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Miss Peregrine y los niños peculiares

Una crítica al escepticismo

*Por Gisela Colombo

Cualquier acto de comunicación congrega varios sentidos. “Polisemia” se llama a esta propiedad de la palabra. Pero cuando se trata de un texto literario esa característica se multiplica en nombre de la belleza. Un grado de ambigüedad puede garantizar la universalidad, la condición de texto estudiado permanentemente desde diferentes épocas.

Eso ocurrió con Dante Alighieri quien se aseguró de interesar a la crítica extendiendo una especie de manual de instrucciones para sus lectores: El Convivio. Allí nos instruye respecto a la necesidad de que un texto, además de los hechos narrados, tenga también un plano alegórico, en donde las cosas son, pero a la vez representan otras realidades.

Tal es el caso de Beatriz, que en La Divina Comedia es la mujer a la que ama Dante, pero a la vez representa la Fe y la Teología. Virgilio será la Razón y Dante, la Humanidad guiada por ambos.

El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, la novela que inspiró una película de Tim Burton, no sólo abreva de la tradición del Convivio, sino que establece un diálogo con la obra de Dante desde una perspectiva diferente: Infierno y Paraíso son allí dimensiones del aquí y ahora.

Ramson Riggs es el autor de este libro que en 2011 fue best seller. Fue catalogado como “novela juvenil”, pero pertenece a esa tradición tan inglesa de la fantasía alegórica, cuyo formato parece ser una serie de aventuras destinadas al público joven, y, en el fondo es una cruda crítica a la sociedad adulta.

Jacob, un jovencito que ve morir a su abuelo en circunstancias extrañas, descubre una serie de fotografías inverosímiles y recuerda que su abuelo se las mostraba de pequeño, mientras le narraba historias de los niños retratados. Eran sus compañeros del hogar, donde había estado refugiado durante la Segunda Guerra Mundial. Sujetos sin cabeza, niños que se duplican en un espejo de agua, jovencitas levitando y toda serie de extrañezas fueron componiendo un cuadro en la imaginación de Jake. Si bien inicialmente lo considera una invención de su abuelo, la investigación lo lleva a pensar en la posibilidad de que el relato tenga cierto realismo. La duda lo conduce a Gales, al sitio donde permanecen las ruinas de la mansión de Miss Peregrine, desde que un bombardeo nazi la destruyó el 3 de septiembre de 1940. Sin embargo, aún sigue vivo el hospicio y sus habitantes en lo que la ciencia ficción ha dado en llamar un “bucle del tiempo”.

Jake logra penetrar el misterio e ingresa en el bucle, que es un tiempo cíclico circunscripto a las horas previas al bombardeo. Una y otra vez, Miss Peregrine, la gobernanta del hospicio, manipula el tiempo y retorna los relojes a la hora cero para que la bomba nunca los alcance. Pero no se limita a eso lo portentoso del sitio. Ella tiene la particularidad de convertirse en pájaro en cualquier momento. Hay niños con la capacidad de encender fuego con sólo tocar un objeto, la de convertir muñecos en seres animados, la de volar. Algunos tienen la ductilidad para hacer crecer a dimensiones impresionantes los productos de la tierra con sólo mirarlos, otros son invisibles o tienen la capacidad de proyectar como una película sus propios sueños.

Los niños y su institutriz viven allí a resguardo de los verdaderos peligros que los acecharían en el mundo sucesivo. No sólo la amenaza nazi, dos grupos de entidades destructivas también los aguardan fuera. Los “huecos”, criaturas poderosas que se han escindido del Plan universal, los persiguen. Una especie de demonios o ángeles rebeldes que se refugian en su invisibilidad para atacar. Si Jacob logra ser aceptado en el bucle es porque él también posee un don curioso: es capaz de ver lo que los demás no pueden. Descubre la presencia de los monstruos invisibles.

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Un segundo grupo, los wights, colaboradores de los “huecos”, son en apariencia humanos, visibles y más limitados en sus poderes. A esta categoría pertenece el psicoanalista que estimula a Jacob para que investigue, con el objeto de que lo conduzca al bucle de Miss Peregrine. Estas criaturas tienen la misión de descubrir dónde se refugian los peculiares y allanar el camino de los huecos. Su capacidad de daño se relaciona con su propia supervivencia. El alimento predilecto de estos “muertos vivos” es la sangre de los peculiares.

Esta compleja trama narrativa invita sin disimulo a la interpretación alegórica. Los peculiares retratan a las almas sensibles, seres dotados de algún don especial; quizá incluso remite a los artistas o pioneros en la ciencia. Los wights les arrebatan la sangre, imagen de la vitalidad, y se sirven de ellos para sobrevivir. Recuerdan a los que sacan provecho de los seres creativos para desecharlos como un pellejo después de haberles arrebatado lo mejor de sus peculiaridades. Los huecos son seres desde cuyas bocas salen tentáculos, actúan subrepticios para despojar el pensamiento de todo aquello que pudiera escapar a lo previsible, a lo empírico. Imponen el escepticismo y vacían de sentido todos los productos de nuestra cultura. Su mirada prevalece popularmente. Quizá por eso se le atribuye a Jake el “Ver Cosas Que En Realidad No Existen”(sic), desnudando en esa expresión el contrapunto entre quienes creen, como Shakespeare, que hay más cosas en el cielo y en la tierra […] de las que han sido soñadas por [la] filosofía” y los seres humanos “normales” (obedientes a la cultura de los “huecos”) a los que la realidad les ofrece sólo certezas tranquilizadoras.

Y aquí es donde ingresa la enseñanza de Dante. El plano alegórico que tan bien se ha visto en Moby Dick, en Los viajes de Gulliver, en Alicia en el país de las maravillas y otros tantos textos ingleses es la clave de esta novela y será también la llave del film de Tim Burton.

No es llamativo que el director haya filmado este relato. Él mismo suele enriquecer de plano alegórico textos que ni siquiera lo poseen. Eso, en ocasiones, hace de sus productos objetos más profundos incluso que el mismo original. Nunca emergemos de sus películas sin una reflexión respecto a nuestra sociedad.

Sin importar si descubrimos a Miss Peregrine y los niños peculiares en el formato del cine, o penetramos las páginas del libro, en cualquier caso sacaremos provecho, como los críticos que soñaba Dante, de esa polisemia maravillosa que tienen todos los productos de la palabra.