DE OTRO POZO

mary shelley telon pampeano
Mary Shelley, la rebelde escritora que dio vida a Frankestein

* Por Gisela Colombo

Destino romántico
Hay vidas que, en sus tormentos, superan la ficción. La de Mary Shelley, escritora inglesa del siglo XIX, es el caso...

Una de las más reconocidas plataformas de internet que ofrecen películas y series ha estrenado un film sobre Mary Shelley, su biografía y el trasfondo que motivó la escritura de su novela más célebre, “Frankestein o el moderno Prometeo”.

El film es interesante por la veracidad con que se narra el periodo existencial que va desde que Mary comienza su rebeldía adolescente al conocer a Percy Shelley, hasta que logra la edición de su primera novela.

La condición femenina
A pesar de la maestría del texto, la escritora no ha cosechado en vida todo el interés que habría podido suscitar. Inmersa en un mundo de intelectuales célebres por sus logros pero también por sus escándalos, no tuvo nada que envidiarles en ninguno de los campos que contribuyen a la fama, aunque sí en la fama misma.

¿Las causas? Sin dudas habrá pesado su condición de mujer en un mundo que reservaba los honores para los varones. A tal punto fue así que su gran novela debió ser editada inicialmente como anónima. Y ella, soportar las negativas de varios editores antes de que alguien la tomara en serio. Y cuando eso sucedió, la comunidad intelectual prefirió pensar que una maravilla semejante, su libro, no podía ser producto del genio femenino: tenía que pertenecer a su esposo.

No era extraño que eso se sospechara. Las criaturas de género femenino no podían aspirar a un intelecto comparable con el de los hombres. Recién cuando su padre, William Godwin, que era editor además de un intelectual prestigioso, decidió reeditarla y lo hizo con el nombre y apellido de la verdadera autora, se le reconocieron tibiamente los méritos.

Ruptura
El relato cinematográfico comienza con una Mary Godwin adolescente que lee y relee los libros de su madre, escritora feminista, a quien perdió en el mismo acto de alumbramiento. Pronto, la tensa relación con la segunda esposa de su padre motiva un viaje a Escocia donde Mary conoce a Sr. Shelley, poeta ya respetado por ese entonces. Se enamora de él y recibe de su boca una propuesta de fuga para realizar el amor prohibido por las circunstancias: a pesar de su juventud, Shelley estaba casado y esperaba un hijo. Ambos deciden huir. Se suma a la partida la hermana menor de Mary, Claire. Es entonces cuando la autora conoce el estilo de vida de la bohemia europea. Los tres viven en Francia, van migrando por varias ciudades, escapan de acreedores, despilfarran recursos que no poseen y Percy acaba por ser desheredado.

Al regresar a Inglaterra, la primera hija de la pareja muere y Mary queda devastada.
En medio de aquel duelo, a causa del romance que mantiene su hermana Claire con Lord Byron, son convidados a pasar unos días con él en una propiedad alejada. Allí terminan de revelarse los efectos de la rebeldía, de la libertad sexual, de la disipación y la inconstancia casi requeridas para ser un artista según la concepción romántica. Es cuando la autora comprende que ese ideal rebelde dista bastante de ser un ideal. Allí toca el fondo de su miseria y comienza a escribir “Frankestein”.

Lo más interesante del film es el dilema en el que se debate la protagonista. Mary está a horcajadas entre los deseos de liberación femenina y el apego a ciertos códigos de la relación tradicional hombre-mujer. La gran decepción que sufre responde a lo que ella parece esperar de un esposo.

Si bien los poetas e intelectuales románticos con quienes se vincula acogen muy bien sus convicciones en términos de autonomía femenina, la experiencia que Mary comparte con ellos, termina por convencerla que no todo se reduce a una ruptura de los cánones sociales. Algunas de esas imposiciones responden a motivos menos formales. Reconoce, en sí misma, un plano más profundo, donde operan resistencias psicológicas, emocionales o tal vez otras necesidades que no se derriban por la simple voluntad de hacerlo.

Y comprende que aún valora la estabilidad, la protección y la fidelidad masculinas.

mary shelley telon

Por ello, el clímax de decepción se da cuando Percy Shelley (con la misma liberalidad con que se permite abandonar a una esposa embarazada por darle rienda suelta a los sentimientos) invita a Mary a vivir su sexualidad con otros hombres, mientras él la experimenta con otras mujeres. Reduplicado el conflicto en la relación entre Byron y su hermana, ambas interpretan esas actitudes como desamor más que como generosa o moderna sensibilidad.

En una época en que se concebía a la dama como un objeto frágil al que hacía falta cuidar, Lord Byron y Shelley exhiben la incapacidad o el desinterés de ofrecer un entorno ameno, seguro y estable para sus mujeres e hijos.

La estadía en la residencia de Byron constituye uno de los puntos más altos de desasosiego y quizá la “anagnórisis” o despertar definitivo de la autora. El momento en que se decide a escribir.

En el texto, que será después su “Frankestein”, vuelca toda la angustia y la sensación de haber malogrado la juventud. De algún modo, expresa la soledad en que la sumieron los hábitos de su pareja después de haberla alejado de la familia y los vínculos primarios, de haberla convertido en una sombra de él, en la lúgubre mímesis de un ser extraviado.

Un creador igualmente monstruoso moldea su criatura a imagen y semejanza de sí mismo, para luego echarla al mundo en el mayor desamparo. Así se siente Mary respecto al hombre que la instó a la fuga, al deshonor y a llevar una existencia plena de inquietudes y sinsabores. Shelley es creador de esta bestia/mujer en que se ve convertida. Sin embargo, lejos de limitarse a echar culpas, el personaje de la película manifiesta sabiduría al no cargar las tintas sobre su esposo. Se trata de un acto de coherencia, porque la mujer que buscaba emanciparse, debía asumir la responsabilidad de sus actos. Ésta es precisamente la clave. Lo que, según el film, logra ver la Mary Shelley de carne y hueso por medio de la escritura de su novela.

Aquello que pareció en un principio la ruptura con todo canon social vigente es simplemente un cambio de manos del poder masculino. De su padre a su esposo. La docilidad con que se acepta el destino del amante como propio corre a la par de una necesidad de ser protegida y colmada de atenciones.

A pesar de los avances en el campo de los derechos femeninos, la experiencia vital de esta autora tiene una vigencia impensada. E invita a reflexionar sobre algunos asuntos que permanecen en lo oculto del mundo emocional, lejos de legislaciones y reclamos, y susurrados apenas en el discurso feminista.

¿Qué necesidades emocionales toman el timón de las relaciones más allá de lo que es justo o injusto? La película y la novela “Frankestein” son una excelente oportunidad de preguntárselo.