viernes 19 de julio del 2019

DE OTRO POZO

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Borges, los libros y su noche

* Por Gisela Colombo

Hace casi diecinueve años se estrenó una película llamada “Los libros y la noche”. Más allá del concepto del arte que abraza Occidente desde el Renacimiento hasta hoy, la creación artística debe buscar la originalidad pero no tornarse una moda. En la medida en que un texto, un cuadro, una película sondean lo más profundo, rozan la universalidad, ese producto no está destinado a pasar de moda. Tal es el caso de “Los libros y la noche”.

Se trata de un film de género mixto entre el documental y la recreación ficcional de algunos textos de Borges.

El director, quien también fue autor del guión, se tomó el trabajo propio de un filólogo y recabó toda la filmografía que existía sobre el tema. Probablemente también transitó estudios críticos sobre la literatura borgeana. Él mismo confesó que había hecho una pesquisa por el mundo entero para recuperar las entrevistas, las conferencias y presentaciones de Borges, tanto fuera en audios como en formato audiovisual. De todo ese material fue construyendo una especie de reseña sobre el autor argentino. Pero lo más valioso es aquello que intercala descubriendo el hilo conductor entre vida y obra. Esas irrupciones son ni más ni menos que sus cuentos dramatizados. Cortometrajes.

Cada vez que un texto se adapta para llevarlo al cine, se cumple una tarea que está a horcajadas entre la del autor y la del espectador activo. En principio, el director y el guionista deben decidir desde dónde tomarán el texto.

La hermenéutica es parte constituyente de un relato, especialmente si se trata de una creación del siglo XX o XXI, donde el papel del receptor es reconstruir el rompecabezas, completar la obra con su interpretación. Esto sucede en la literatura contemporánea.

Robbe Grillet, director de cine y prestigioso intelectual, decía que la película o el texto no ocurren en ningún otro lado que en la cabeza del espectador. Cortázar abordaba el mismo concepto al hablar de “lector macho” (sin voluntad de ofender a hombres o mujeres humanos, que no son ni machos ni hembras). Se refería a lo activo y lo pasivo en la recepción de un relato. Un lector del siglo XIX, en cambio, era más receptivo y menos inclinado a atar hilos sueltos, reflexionar lo que no estaba dicho explícitamente, etc. Una cuestión de entrenamiento. El siglo XIX solía darnos todo digerido. Pero ahora es diferente. Los lectores del siglo pasado y los de nuestro tiempo funcionan como co-creadores. Lectores activos.

Y ya que mencionamos a Julio Cortázar, planteemos un ejemplo de su autoría para señalar bien a qué nos referimos. Supongamos que se trata de “Casa Tomada”, el cuento donde “toman la casa” y los hermanos que viven en ella van sintiéndose desplazados, van clausurando los espacios hasta que se ven obligados a abandonar el lugar.

En ese relato el narrador no nos revela nunca quiénes o qué son los que toman la casa. Sin ese dato también será imposible entender profundamente el cuento. La interpretación del lector será la que concluya la obra. No es lo mismo si consideramos que los habitantes se sugestionan y creen estar siendo perseguidos por seres fantasmales, que si tomamos esas apariciones y avances como realidades. La irrupción de criaturas de otro mundo, fantasmas venidos del más allá.

Si quisiéramos rodar el cuento, estaríamos obligados a tomar una postura: Si quienes tomaran la casa fueran miedos compartidos de ambos hermanos que se sugestionan con la idea de que los persiguen seres sobrenaturales, estaríamos optando por un film de suspenso psicológico. Si, en cambio, las presencias fueran reales, veríamos un relato terrorífico y fantástico, atravesado por lo inexplicable y supranatural. La decisión habrá de ser previa al rodaje, naturalmente. El guión tendrá que tener no sólo el texto con su argumento, sino también la interpretación del director como lector respecto a esos hechos.

Si el género de lo que se filma es el documental, entonces todo debe ordenarse a reflejar lo más fielmente posible el texto original. Si fuera ambiguo, pues la puesta en escena tendrá que lograr una ambigüedad equivalente.

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Hemos dicho que “Los libros y la noche” es un documental que, sin embargo, contiene cortometrajes de cuentos fantásticos. La tarea no es de ningún modo simple aun antes de haber encendido el primer reflector. Y si logra, como sucede aquí, una unidad, un tono, una atmósfera uniforme entre los reportajes y los diferentes cortos, entonces estaremos frente a un trabajo muy interesante.

Si bien ciertas reseñas de la crítica cinematográfica no fueron en absoluto favorables, desde el punto de vista de la literatura, del conocimiento de Borges, de la comprensión de sus ideas vitales y hasta el tono de sus cuentos y poemas, la película logra el cometido.

Se le ha reclamado a Bauer la frialdad con que se cuenta la historia. Quienes lo hicieron, evidentemente, esperaban hallar la polémica en torno del personaje. Y si en algo dio que hablar el autor de Ficciones fue en el ámbito político.

En este sentido, la objetividad con que se presenta la figura y su pensamiento no son un vicio, sino una virtud. No hay que olvidar lo que el mismo protagonista solía decir respecto al asunto político: [la política] “es una de las formas del tedio”. Si alguna vez expresa sus ideas al respecto, casi siempre lo hace fuera de su literatura, informalmente y ante la prensa.

Existe una máxima para quienes ejercemos la crítica literaria: cada obra reclama una crítica, invita a escoger un método en particular, conduce la pesquisa.

Si Bauer eligió no hacer hincapié en lo político, acertó. Hizo muy bien en no pronunciarse ni dejarse tentar por la subjetividad ideológica ante un autor que dice, abiertamente, que “Hablar de arte social es como hablar de geometría vegetariana o de artillería liberal o de repostería endecasílaba.”

La disposición de Bauer en este producto pudo haber levantado críticas, pero la objetividad con que se recorre la vida del autor es la que le concede seriedad al trabajo.

La selección de los textos dramatizados es otro de los logros del director. Son magníficos y representativos. Su elección denota un gran gusto literario. Es cierto que Borges ofrece todos productos interesantes, no obstante, se escoge con enorme tino. Los actores que concurren a esas pequeñas ficciones son también un ingrediente de calidad. Alterio, Santa Ana, Sbaraglia, Quinteros le dan un atractivo mayor a la obra.

Los cortos de cuentos como “El otro”, en el que Borges viejo (Santa Ana) se topa con él mismo a edad temprana (Sbaraglia) justifican en sí mismos la visión de “Los libros y la noche”. El personaje de Borges anciano se encuentra (en un banco de un parque que para él está en Cambridge en 1969) con un Borges joven que tararea una milonga sentado en un banco de un parque (para él, ubicado en Ginebra en 1918). El encuentro fantástico pone en juego el tema del tiempo como cuarta dimensión, y de cómo cambia la perspectiva del hombre. Y, si bien están recortados en la versión de Bauer muchos detalles polémicos, el corto capta y reproduce la atmósfera, está excelentemente actuado e invita a leer el cuento, que es de los mejores que dio la literatura universal.

Alterio brilla interpretando al hombre del futuro en “Utopía de un hombre cansado”. Este “corto” también es digno de verse. Pero si alguien quisiera conocer sólo los cortometrajes de cuentos y poemas borgeanos, es posible hallarlos sin dificultad y desglosados de la película, en youtube.

Tal es el caso también de “El libro de Arena”, uno de tantos textos de Borges que hablan del libro Aleph, el libro total, el que lo contiene todo. Otra vez aquí se luce el actor que hace de Borges en todos los cortos: Walter Santa Ana.

“La Biblioteca de Babel” convoca una técnica muy diferente, que diseña el espacio creado por Borges por medio de la animación. El resultado es esclarecedor. Ayuda considerablemente a comprender el cuento. No es poco mérito: el texto sondea la naturaleza del universo y su eternidad. Con una tesis matemática de fondo, Borges despliega todo su saber filosófico. La versión de Bauer nos lo acerca bastante.

Se recitan el “Poema de los dones”, del cual surge la cita que da título a la película,

Nadie rebaje a lágrima o reproche

esta declaración de la maestría

de Dios, que con magnífica ironía

me dio a la vez los libros y la noche.

Concurren también los versos de “In Memoriam de John Fitzgerald Kennedy”, “Juan I, 14”, “Juan López y John Ward”, que es una sensible reflexión sobre la guerra de Malvinas, “Eclesiastés 1,9” y hacia el final cierra “Los enigmas” para hablar de la muerte.

En suma, el film capta lo más transversal de la vida y la obra de nuestro mejor autor y nos invita a descubrir o profundizar el conocimiento de Borges, y los motivos por los cuales el mundo entero lo reconoce entre los más altos creadores de todos los tiempos.