De Otro pozo, Hamlet

hamleth_kenneth.jpg

Hamlet. Versiones incontables para el gran clásico universal

* Por Gisela Colombo

Durante el mes de abril se estrenó Hamlet en el Teatro General San Martín de Buenos Aires.

Esta nueva puesta teatral de calidad, como suelen ser las obras del emblemático teatro, es protagonizada por Joaquín Furriel. Belén Blanco y un conjunto de actores de prestigio lo acompañan. Y Szuchmacher los dirige.

hamlet_furriel.jpg

Pero no es ni la primera ni la última versión adaptada del gran drama de Shakespeare.

Se trata de una de las obras más representadas de la historia. Y aunque muchos se atrevieron a ponerla en escena sigue siendo uno de los mayores (si no el mayor) desafíos para directores y actores. ¿Qué actor no sueña con interpretar el papel de Hamlet? ¿Qué actriz rechazaría el papel de Ofelia?

Lo cierto es que hay toda clase de adaptación de la obra original. No obstante, si una es recomendable es la versión que generó Keneth Branagh. El director y actor irlandés -por años fue pareja de Emma Thomson- y su segunda esposa es nada menos que Elena Boham Carter, musa de Tim Burton. Pero su prestigio deviene del trabajo y no de las revistas del corazón. El hombre es un verdadero experto en Shakespeare.

Ha llevado al cine Ricardo V, Otelo, Como gustéis, Mucho ruido y pocas nueces. Como actor también brilló en éxitos como Harry Potter, en cine, entre otras teatrales. Pero su pináculo fue Hamlet. Participó en ella como protagonista, director y guionista. Y recibió varias nominaciones para los premios Oscars.

A pesar del paso de los años, el film es recomendable. Si los efectos pueden resultar toscos para el cine actual, el admirable respeto con que se adaptó a Shakespeare ofrece la mejor experiencia, la más cercana y completa del texto original.

Respetados hasta los antiguos pronombres, cada parlamento del original se respeta, se reproduce y la película permite conocer una obra que, por ser dramática, sólo se completa plenamente en la puesta en escena.

Si bien Branagh la ubica en el marco del siglo XIX, su versión muestra la universalidad de la que es capaz la obra, porque sigue tocando los elementos esenciales de nuestra generación y también retrata las preocupaciones isabelinas que le dieron origen en los albores del siglo XVII.

Las imágenes que revelaban la condición de poeta que tenía Shakespeare, al igual que el decálogo de consejos actorales que son excepción y particularidad del gran escritor inglés se conservan con maestría. Las reflexiones filosóficas que se permitía el dramaturgo también se las permite la película que no se entrega a las urgencias de lo comercial sino que le hace un gran homenaje al drama original.

Hamlet, príncipe danés, regresa a Elsinor, el palacio de su recientemente fallecido padre. En poco más de un mes, asiste a las nupcias de su madre con su tío y heredero del trono, Claudio.

Su personalidad ya de por sí desapegada de los placeres mundanos, se halla en una situación de duelo, acrecentada por cierta sospecha respecto a la actitud del beneficiario de Corona y Reina, su tío.

Un fantasma con el aspecto de su padre aparece y le ruega que vengue su muerte. Es el mismo espíritu del rey Hamlet, fallecido abruptamente.

La indecisión y los excesos de una personalidad contemplativa lo llevan a dilatar la venganza, aunque no podrá eludirla de todos modos. Pronto se desencadenarán los hechos aunque lo asistan todavía la prudencia y las dudas.

hamleth2.jpg

Como típico producto posterior al Renacimiento (es técnicamente manierista, una miscelánea entre lo renacentista y lo barroco), todo está teñido de incertezas e inquietud. Todo está en duda. Si Ofelia ama o no a Hamlet, si el fantasma es padre de Hamlet o el mal, que quiere perderlo, si Gertrudis es cómplice de Claudio en la muerte de su esposo, si Hamlet está loco o actúa estarlo, si Ofelia comete o no suicidio, etc. etc. El pensamiento es reflejo de un mundo que ha dejado atrás las certezas medievales reguladas por el poseedor unívoco del saber, la Iglesia Católica y se sumerge en la observación de todas las esferas de la vida como si no hubiera “palabra santa” sino un universo por investigar.

El empirismo e interés científico, los conflictos religiosos y el imperialismo propio de la época se dan cita en la obra también. Cuadro de época, exhibición de las mejores dotes actorales, una reflexión respecto a los temas universales conviven con el entretenimiento mientras cultivan.

En fin, Hamlet es una obra digna de leerse, pero si se lee en el lenguaje para el que fue pensada, el del teatro, tanto mejor…