lunes 19 de agosto del 2019

De otro pozo

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El mundo de Sofía

* Por Gisela Colombo

Otro ejemplo interesante de trasposición de un libro a una película es “El mundo de Sofía”. Si bien el film de Erik Gustavson (1999) tiene unos cuantos años, la universalidad del tema empequeñece las anacronías técnicas que pudiera tener para el espectador contemporáneo. La temática de la obra literaria reprodujo en su formato audiovisual el interés que ya tenía el libro.

La historia comienza cuando Sofía encuentra una serie de mensajes en su casilla de correo postal. Se trata de sobres en los que se la interpela respecto a cuestiones que no solemos pensar en la vida cotidiana y son los núcleos centrales de la filosofía desde que el mundo es mundo. Y el de Sofía no parece diferir mucho del nuestro.

Es que el recorrido que hace la obra es el de la historia de la humanidad, pero no como lo contaría la historiografía, a partir de hechos políticos, sino utilizando los hitos del pensamiento, de las ideas que fueron imponiéndose en cada época y se dejaron informar por los hechos históricos relevantes o influyeron en la realidad para generarlos. ¿Qué será primero, el huevo o la gallina?

Así Sofía y su maestro de filosofía irán montados hacia el pasado en el vehículo de las ideas fundamentales cuyo combustible será siempre la razón.

En efecto, la chica de casi quince años, recibe esas primicias epistolares como un anticipo de lo que luego será un curso de filosofía admirable. Admirable por la simpleza con que se explican los conceptos más complejos de la filosofía antigua, medieval, renacentista y moderna. El remitente es un tal Albert Knox, profesor de filosofía, quien la instruirá en los razonamientos de los grandes de la historia.

Mientras la racionalidad propia de lo filosófico va ganando terreno, la fantasía avanza con su duda. Sofía y el profesor descubrirán que si hay un dios para ellos es el Mayor Knag, el verdadero creador del mundo de Sofía, un libro que escribe para su hija Hilde, a punto también de cumplir sus quince años.

Convencidos de que ellos mismos son sólo personajes de un texto, comienzan a intentar salir de la realidad textual, a escapar de los designios del autor. Así traman la huida por un espejo donde ambos mundos (el de la ficción y el de la realidad) se contactan. Por él intentarán pasar a la vida del mayor y su hija Hilde, en la Noruega de los años noventa.

Los años noventa en que Jostein Gaarder, profesor de filosofía, amante de la literatura, y escritor, construyó esta ficción que se convirtió en un éxito editorial en toda Europa y hoy ya constituye un clásico.

Si bien el texto fue pensado para adolescentes, se tornó en un objeto de culto para los adultos. El director de la película Erik Gustavson es un ejemplo claro de los adultos que se fanatizaron con una obra digna de generar esas reacciones.

La creatividad de los episodios que va trenzando el autor en la malla textual sigue el rígido esqueleto que obliga a explicar en términos cronológicos todos los productos más clásicos de la filosofía.

Si el libro es genial, el film hace un trabajo muy bueno. Hay una reducción de las lecciones de filosofía que tuerce un poco el objetivo fundamental del texto pero no pierde el mayor logro del libro: despertar interés en el estudio de las ideas universales.

Eso ya es mucho más de lo que dos horas de cine pueden prometer, mientras entretienen.

El film está disponible en Vimeo y vale la pena verse. Quien no lo encuentre, tómelo como la señal de que debe transitar ese libro maravilloso que animó la versión cinematográfica. No se arrepentirá.

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