viernes 19 de julio del 2019

DE OTRO POZO

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“El diario de Celestine”, el arte de criticar sexuadamente

Diario de una camarera es una novela publicada en 1900 en París y escrita por un autor que fue considerado muy prestigioso en su tiempo. Se trata de Octave Mirbeau, quien se consagró con dos obras, una de teatro, que criticaba el mercantilismo rabioso de esos años, y la otra, sobre las experiencias y sensaciones de una mucama, la que nos interesa aquí.

En realidad, nos ocupa no sólo la novela sino cómo ha sido llevada al cine. La última versión disponible en varias plataformas, se tituló “El diario de Celestine” y se estrenó en 2015. Benoit Jacquot fue su director. Pero de ninguna manera abrió caminos en términos de puesta en escena. La misma novela de Mirbeau fue llevada a la pantalla por dos genios del cine como fueron Jean Renoir y Luis Buñuel. La misma novela fue observada desde perspectivas muy diferentes. La versión de Buñuel está signada por la tensión sensual y la sensorialidad, la de Renoir acentúa un poco más el espíritu satírico y la irreverencia. La nueva versión de Jacquot se queda a mitad de camino entre ambas, pero introduce el vacío y la corrupción mediante el concepto de la sexualidad.

Se trata de la historia de Celestine, una camarera que es empleada en varias residencias burguesas de París, hasta que el destino y cierto hastío de los modales pretensiosos de sus empleadoras, la llevan a aceptar un trabajo en una casa de provincia. El diario que va escribiendo relata las actividades, expresa sus críticas y sus recuerdos de otras casas y otros tiempos. Lo que encuentra en su nuevo empleo en Normandía es una forma más rudimentaria de la misma corrupción.

Durante la Edad Media existía una especie de festividad a la que se le llamaba “La danza de la muerte”, una mascarada que igualaba a las clases sociales durante una noche. Con el mismo espíritu que tiene el carnaval, se igualaba por medio de la muerte a todos los hombres y mujeres. La finitud, que no sabe de privilegios de títulos ni de riqueza, se presenta en un memento mori hecho de fiesta popular que tendía a despojar de omnipotencia a los privilegiados y les devolvía cierta dignidad a los sojuzgados, por más que fuera “consuelo de tontos”. Un mecanismo similar aparece aquí, pero no tiene como centro la idea de la muerte, sino la del sexo. Es como si nos dijera: no te envanezcas, en lo más profundo de tu intimidad eres miserable porque no estás satisfecho sexualmente.

Aquí, en cambio de igualar por medio de la perspectiva segura de morir, se iguala por medio de la insatisfacción amorosa. No obstante, la irreverencia propia de los textos finiseculares y la misma sexuada disposición de nuestro cine actual convierte la insatisfacción romántica en miseria sexual.

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Los personajes masculinos de clase burguesa son acosadores sin excepción. Las mujeres adultas de la misma clase son mal amadas que han optado por escapar incluso a las obligaciones maritales. Una escena muy divertida de la película nos muestra a una de las refinadas amas de Celestine negándose a abrir un objeto ante los agentes aduaneros hasta que finalmente lo abre: lo que lleva allí es ni más ni menos que un consolador.

Las clases trabajadoras, entre las que se cuenta Celestine, viven la sexualidad de manera más libre pero también instintivamente. La preocupación central de las camareras es no quedar embarazadas en alguna de las oportunidades en que el dueño de casa ejerce su “derecho” de facto de utilizarlas para su placer.

Varios actos de pedofilia descarada y la indolencia del medio femenino frente a esos horrores coronan con la muerte de una niña, que por aberrante que sea, no le arrebata la calma a nadie.

Celestine maneja a la perfección las habilidades para eludir sin violentar a cada uno de sus acosadores. Pero si se entrega a alguien es por compasión o por negocio. Tampoco ella logra vincular la pasión física con el amor.

El personaje más virtuoso es una antigua ama de Celestine que desespera por la enfermedad de su nieto y contrata a la joven como paliativo, con el secreto deseo de que la lujuria salve al adolescente, retornándole las ganas de vivir. Ni siquiera ella es virtuosa desde el punto de vista moral.

Y la sexualidad sigue siendo el centro en torno del cual todo gira. Celestine recuerda un episodio en que llora amargamente porque, estando sin trabajo y desesperada, una mujer la intercepta en la calle y la invita a prestar servicios en su burdel.

Lo que falta para cerrar el círculo de insatisfacción canalizada por la sexualidad es la decisión de Celestine de entregarse al único hombre que parece ser indiferente a sus encantos. Se trata de Joseph, quien la quiere como cebo para atraer a los hombres en una taberna que sueña comprar en otras latitudes. Con ese fin, ambos consienten una relación que parece más un comercio que un vínculo de amor.

El asunto sexual, que fue de gran interés para Buñuel, no se presenta aquí con intensidad y sentido transgresor. Al contrario, se muestra en torno de esas escenas un desgano más cercano a nuestra cotidianidad que al espíritu de liberación sexual que pudiera signar otros momentos históricos.

A medida que ocurren los hechos, las diferencias entre clases sociales van reduciéndose a un simple privilegio azaroso.

Quizá por eso existen entre los criados dos actitudes posibles: la sumisión a una vida que es una prisión de por vida. O el intento de lograr el golpe de suerte necesario para tornarse uno de ellos.

La obra permite comprender todo un trasfondo político y filosófico de la Francia en que surge. Todavía se huele la moral sexual laxa postrevolucionaria. La desmitificación de los poderosos es otro ingrediente más de la crítica social. La revolución y los valores republicanos no han vencido el determinismo. El haber nacido sin alcurnia es estar sometido al maltrato, a los abusos de poder y la denigración, injusticia que no ha podido eludirse ni en el reino de la liberté, égalité y fraternité.

Mediante la mirada de esta camarera se descubren las mentiras y los horrores especialmente perpetrados por las clases más altas. Esto derriba la idealización de nobles y burgueses propias de la literatura condescendiente de varios siglos. Aquí ninguno encarna una ética superadora. Vemos en los burgueses seres igualmente miserables que sus criados.

Joseph, el criado con quien Celestine tendrá amores y una pseudo sociedad, encarna un rabioso antisemitismo, que comparte con los sacerdotes del pueblo. En conjunto, impulsan acciones en este sentido. El dato remite directamente a una polémica que era herida abierta en Francia de aquellos años. El caso Dreyfus.

El hecho inició con un dictamen judicial antisemita contra Alfred Dreyfus, un capitán judío alsaciano. Después de años de cárcel y destitución de su cargo, la justicia reconoció el error, lo consideró inocente y lo ascendió dentro del ejército. Esto generó una serie de debates en la sociedad francesa y una división de la comunidad en dos grupos bien diferenciados, los partidarios de Dreyfus y los detractores del capitán. El autor del texto dejó documentada la gran impresión que ese escándalo institucional le generó.

La personalidad de Celestine, por otra parte, es uno de los aciertos del film. Cierto cinismo, cierta resistencia pasiva, una conciencia despierta y crítica hacen que nuestra camarera no adopte la sumisión que otros criados toman.

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Pero tampoco es ejemplar. Se la pasa murmurando insultos entre dientes dedicados a sus empleadores. La vemos ejerciendo el cálculo y satisfecha de manejar las situaciones gracias a sus atractivos.

En el caso de la versión de Jacquot, el texto está respetado. El efecto que provoca la novela también se logra en la película.

Hay un innegable ambiente finisecular, de decadencia moral y degradación de los valores. Mirbeau construye el texto mediante una irreverencia que también es propia de la literatura francesa del siglo XX. Y el director de la película sigue esa misma línea.

La película pierde si se compara con las versiones anteriores de dos de los mejores directores cinematográficos de la historia, pero eso no mella su interés ni la posibilidad de llegar a un clásico de la literatura por medio del cine.