DE OTRO POZO

el_hijo_rota.png

Obsesión y locura en un thriller atrapante

* Por Gisela Colombo

En el marco del ciclo INCAA que se proyecta en el Centro Municipal de Cultura se exhibió en estos días “El hijo”, una película inspirada en una novela del consagrado escritor Guillermo Martínez. El autor de Crímenes imperceptibles o Los crímenes de Oxford ha sido multipremiado. Fue Premio Planeta 2003, Fondo Nacional de las Artes con Infierno Grande, Konex por su labor literaria entre 2003 y 2007; Premio Nadal 2019 y el Premio Gabriel García por su libro de cuentos Una felicidad repulsiva, donde se inscribió la nouvelle que dio origen a esta película.

“La madre protectora” se llama este cuento largo o novela corta. Y, como todos los de este autor, es dueño de calidad literaria y un ingrediente de suspenso que atrapa. Si ya sucede eso con el texto, tanto más impactará cuando haya sido convertido a lenguaje audiovisual.

En este caso, será Sebastián Schindel, creador de “El Patrón, radiografía de un crimen”, quien dirija el film.
Protagonizada por Joaquín Furriel y Martina Gusmán, musa y esposa de Pablo Trapero (otro director interesante), acompaña también Luciano Castro, aunque no con los mismos resultados.

La historia cuenta el vínculo entre la pareja de un pintor (Furriel) y una bióloga de origen danés. Comienza el relato en momentos en que están intentando tener un hijo. El periodo de gestación y los primeros años del niño estarán en foco desde entonces.

el_hijo_danesa.png

Algunos detalles que no lo son
La esposa de Lorenzo, Sigrir, de origen danés, aparenta ser una mujer tímida e indecisa. En cambio, comienza pronto a exhibir lo contrario. Desde la forma en que le da la noticia del embarazo a su esposo, hasta en la menor nimiedad que impacta en la rutina del bebé, se torna obstinada y es renuente a cualquier forma de negociación.

Es posible que se sugieran diferencias culturales de fondo entre ambos esposos, lo cual opone además de dos visiones individuales e irreconciliables, concepciones sociales profundamente diferentes respecto al papel de los padres y la naturaleza de la familia. Las diferencias culturales entre la bióloga escandinava y el colérico Lorenzo Roy son profundizadas por cierta obsesión de la mujer, que aísla al niño incluso de su padre. Una nana que cuidó de ella cuando pequeña viaja para asistirla en el parto y se queda viviendo con la pareja, con la decisión de sostener el proceso de crianza entre madre y bebé.

Lorenzo (Furriel) comienza a cometer errores, desesperado por la severidad de cuidados que le resultarían deshumanizados a quien tuviera códigos más propios de la concepción de maternidad de las sociedades latinas. Su esposa y la niñera caracterizada como una especie de institutriz noruega cuasi estereotípica de la literatura decimonónica van horrorizando al pintor. Y por cada traspié de él, existe una reacción desmedida de su esposa. Lo que alarma a Roy es precisamente la despersonalización, la rigidez y el autoritarismo con que es tratado alguien que no es más que un bebé.

el_hijo_joaquin_bebe.png

La justicia interviene de modo tal que desquicia más al pintor. Pero una trama se está cocinando en el sótano que en tiempos amenos montaron los esposos como laboratorio para que la científica desplegara su actividad.

El thriller atrapa; está muy bien actuado y, a juzgar por la afición por las segundas partes que resulta habitual en las producciones cinematográficas actuales, da la impresión de que podría seguir el relato. No obstante, correría el peligro de malograrse el equilibrio que tiene la nouvelle original de Martínez.

Si algo es criticable del film es la ambigüedad con que se tratan esos horrores que Lorenzo descubrirá. Una realidad un poco edulcorada en la película baja la estridencia de los hechos y desdibuja también el juego de la locura en el que oscilan Sigrir y su esposo alternativamente.

Por lo demás, libro y film son entretenimientos seguros y de calidad.

Y suscitan, por contrapunto, a qué maternidad adherimos y qué se espera en ese contexto del papel masculino.