De otro pozo

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“Un método peligroso”

* Por Gisela Colombo

“Un método peligroso” es un film protagonizado por Michael Fassbender, que interpreta al Doctor Carl Jung, Viggo Mortensen en el papel de Sigmund Freud y Keira Knightley como Sabina Spielrein.

La trama de un romance sadomasoquista entre uno de los psicoanalistas más respetados del siglo XX y una paciente que padece histeria bastaría para atrapar al espectador. Pero hay más. Mucho más.

Se trata de un relato cuyo punto de partida es el periodo de la vida de Carl Gustav Jung , creador del método de la Psicología Analítica (también llamada “Profunda”), que va desde 1904 hasta 1913. El guión se toma las licencias propias de la trasposición de hechos reales a una ficción cinematográfica. No obstante, respeta la sucesión de episodios relevantes que fueron constituyendo a Jung como investigador polifacético que fue.

Formado por Freud, bebió su teoría y durante años estuvo relacionado con él mediante proyectos comunes. De inicio, se trataba de un vínculo de maestro-discípulo, signado por la admiración del joven y el respeto y la decisión de Freud de legarle un puesto fundamental dentro del naciente psicoanálisis. Pero con el correr de las circunstancias recreadas, la película permite observar la génesis y la eclosión de las diferencias entre ambos.

El catalizador es Sabina Spielrein, una paciente que padece histeria y es arrastrada a la clínica de Jung para ser tratada. La histeria remite cuando la represión sexual desata sus nudos mediante un romance clandestino con Jung. Él, por su parte, no logra evadirse y vive con culpa la incapacidad de evitar la tentación sin dejar de amar a su esposa (que enfrenta en ese periodo varios embarazos).

El método freudiano que aplica Jung con la joven rusa va dando sus resultados pero arrastra al profesional a ese descenso que será su propia catábasis. Este planteo que está en la copiosa obra de Jung desde diferentes perspectivas explica incluso los pilares de su “Psicología Profunda”. Influido sin dudas por peripecias como ésta, Jung comprende que las pulsiones que se reprimen y se envían al inconsciente esperan allí, hechas “Sombra”, el momento del descuido para emerger y destruir. Para quebrar todo equilibrio. Y lo hacen cuando la conciencia está especialmente debilitada en su capacidad represiva. El resultado es que el sujeto no puede regular absolutamente nada de un desborde necesario pero violento. Postula el investigador que sumergirse en la propia miseria es quitarle la máscara a la sombra, conocerla desde la faz consciente y entonces sí poder aspirar al dominio de ella.

La integración de los opuestos y el reconocimiento de lo dual en cada realidad son esenciales para la curación.

Esta experiencia hace de Jung alguien vulnerable y le concede la empatía para el método que él mismo desarrollará a espaldas de Freud. El mismo guión pone en su boca que ese affair ha sido lo más importante que sucedió en su vida y no por los motivos que suele valorarse.

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Aunque sugerida apenas, aparece en la película la ventaja que le da a Jung el hecho de que su esposa sea rica. Y, visto con cierta malicia, eso parece explicar, en primera instancia, que él no esté dispuesto a romper con los cánones sociales para vivir el romance con su paciente abiertamente. Un psicoanalista que acude a él, actúa como su alter ego. Este detalle también responde muy bien a su filosofía. En escritos posteriores como El libro rojo sugerirá Jung que al irrumpir una figura de determinadas características en la vida de un sujeto, es preciso revisar el modo en que las mismas tensiones que trae el recién llegado operan en él. Se trata de las coincidencias significativas que se nos presentan como guía de aprendizaje mediante un hecho exterior, coincidente con un proceso interior en curso. Así, el personaje de Otto Gross, adicto a las drogas, de vida licenciosa y hábitos autodestructivos y libertinos aparece como la encarnación de la ruptura que debe hacer y desea Jung. En charlas por demás escandalosas arremete contra todo condicionamiento sexual, especialmente, contra la represión dictada por el puritanismo calvinista de principios del siglo XX. Este doble de Jung, estimula en él el deseo de saciar la histeria de Sabina y arrojarse a la caída, en la que finalmente se precipita.

Mientras eso sucede, las relaciones con Freud se resienten. Jung se resiste a dar explicación a la totalidad de los conflictos psicológicos por medio de los impulsos de la libido. Para el suizo, la religión, el pensamiento simbólico, los productos artísticos, los rituales estudiados por la antropología de los pueblos no occidentales son áreas esenciales para la comprensión profunda de la psiquis humana. No obstante, como si hubiera una intención irónica en el film, mientras él discute con Freud que el móvil no ha de ser siempre la pulsión sexual, vemos la tórrida relación carnal con quien se ha vuelto ya una colaboradora y colega. Una serie de escenas, en que se despliega explícitamente el sadomasoquismo como el elemento que tienta y abruma al profesional, dan el sensacionalismo imprescindible para ser un producto comercial.

Es posible, por otra parte, ser testigos del descubrimiento que la paciente, devenida ella misma en psicoanalista, realiza y lega a Freud. La relación entre Eros y Thanatós. El creador del psicoanálisis tomará el concepto propuesto por esta mujer para explicar el instinto de conservación y de muerte que pujan en el acto sexual. De allí que los franceses le llamen “La pequeña muerte” al orgasmo.

Las diferencias de Freud y Jung se profundizan cuando el mayor se niega a abrir los estudios a otras disciplinas y se muestra atemorizado de que sus detractores utilicen cualquier hilo delgado de la teoría para dilapidar sus logros.

Se niega una y otra vez a salir del empirismo con el que se mide el saber académico en el marco del cientificismo en boga.

No resulta extraño el celo de Freud en virtud de que la disciplina buscaba ser categorizada como una ciencia positiva, aun con las dificultades que genera en este sentido una ciencia del hombre. Jung se ve forzado a la ruptura de las relaciones y se aboca, no sin una crisis de precognición que le anticipa los horrores de la Gran Guerra, a su propio método.

Al espectador queda descubrir a qué metodología se refiere el director canadiense David Cronenberg cuando titula “Un método peligroso”…