DE OTRO POZO

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Un enorme homenaje a la poesía: El laberinto del Fauno

* Por Gisela Colombo

El laberinto del Fauno es una película de 2006, coproducción española-mexicana, cuyo director es Guillermo del Toro. Pero también él está detrás del guión y la edición. En la producción interviene Alfonso Cuarón, el recientemente galardonado director de “Roma”. Y una aparición fugaz de Federico Luppi y su voz haciendo el relato inicial son una curiosidad del casting.

Meses atrás, Guillermo del Toro y Cornelia Funke anunciaron la presentación de una obra literaria que narra la historia de Ofelia, protagonista de la película. Se trata de una ficción fantástica también. La autora practica habitualmente el género de la novela y el texto es prometedor aunque aún no está disponible su traducción al español. La película, en cambio, sí lo está. Es posible verla en más de una plataforma de streaming y es un espectáculo imperdible.

Con una atmósfera particular, que logra la disposición contemplativa en el ánimo del espectador, el film es, en sí mismo, un elogio de la poesía, de la fantasía y el espíritu. Un contrapunto entre las circunstancias dolorosas de un país dividido por el odio, y la dimensión de la magia, de los cuentos de hadas, del espíritu deseando luz y vida eterna.

En 1944, Ofelia, niña de unos once años (Ivana Baquero), llega con su madre a un cuartel del ejército franquista a un tiempo de haber perdido a su padre biológico, un sastre. Su madre ha vuelto a casarse con el Capitán que tiene a cargo la tarea de combatir a los “sediciosos” desperdigados por la montaña.

La madre tiene un embarazo avanzado y el viaje impacta negativamente en su salud. El Capitán, interpretado por Sergi López, que es un personaje temido por su crueldad y sadismo, rechaza a la niña y reparte su tiempo entre la lucha contra los rebeldes y una serie de horrores que comete con cualquier inocente.

Mercedes (Maribel Verdú), su empleada de confianza, cumple casi en silencio todas las órdenes, mientras auxilia a escondidas a los rebeldes entre los que está su hermano. El médico (Alex Angulo), por su parte, también los asiste, entregándoles medicinas y hasta interviniéndolos quirúrgicamente en situaciones dramáticas.

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Mientras la madre de Ofelia permanece más tiempo inconsciente que consciente, la niña descubre un laberinto de piedra muy antiguo en el bosque contiguo a la sede del Regimiento. Desciende hasta su centro y allí se le revela el Fauno. Una figura mítica cuya apariencia atemoriza por lo siniestra. Sin embargo, Ofelia termina confiando en él y acepta los tres desafíos que le propone. En esos trabajos, debe descender a las raíces cavernosas de un árbol milenario que está muriendo como consecuencia de la intromisión de un sapo de dimensiones que se ha instalado a sus pies. Debe introducirle piedras en la boca y lograr que vomite una llave mágica.

Ofelia se ausenta muchas horas en esta travesía y arruina un vestido elegante que le ha dado su madre. El segundo trabajo, que no parece tan complejo es trazar una puerta en tiza en su habitación y pasar a otro plano de realidad donde un monstruo de ojos en las manos revive al ritmo de la desobediencia infantil con la que ella se deja tentar por unas uvas y come contra la advertencia del Fauno. A pesar de los peligros, de allí rescata una daga de oro, que debe entregarle.

En el ínterin sucede el parto: su madre muere y el bebé sobrevive. Mientras tanto, el Capitán empieza a notar que el traidor está muy cerca. Mercedes reparte su preocupación entre los rebeldes, su trabajo secreto y Ofelia, que ha quedado sola en el mundo. El rechazo del Capitán hacia ella, que no lleva su sangre, se desnuda abiertamente.

El Fauno y las hadas regresan y le encomiendan a la niña la última prueba: entregar a su hermanito para el derramamiento ritual de su sangre, a cambio de su propia eternidad.

La película no sólo logra un relato poético. Se erige en la fantasía redentora de lo insoportable, de la injusticia, de la ignominia. La niña transita el rostro mítico de la vida como el mecanismo para soportar una realidad cruel.

El lenguaje de los cuentos de hadas se va imbricando con el realismo español más crudo y algunas escenas son realmente angustiantes. Pero el conjunto es, además de bello, un homenaje a la literatura. Una obra de arte atravesada por uno de los momentos más trágicos que vivió España. Y, sin embargo, resulta profundamente universal. Retrata la poesía como la única resistencia posible en algunas circunstancias; la poesía como el paliativo de toda injusticia, de toda crueldad.