domingo 08 de diciembre del 2019

DE OTRO POZO

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"La duquesa": amor, desamor y estampas de época

No son pocos los contactos entre la literatura y el séptimo arte, lo hemos dicho muchas veces. Pero no es tan habitual que una actriz escriba una novela biográfica sobre un personaje histórico que luego se convierta en un film.

Amanda Foreman, que es una actriz norteamericana, escribió The Duchess, un relato sobre la vida de la Duquesa de Devonshire Giorgiana ̶ Spencer antes de casarse̶ Cavendish después de haber sido desposada por William Cavendish, Duque, rico y hombre influyente en su tiempo.

La BBC se asoció con una productora y llevaron a la pantalla esta historia que tiene, además de datos históricos, un retrato de sociedad en donde es posible constatar las diferencias de derechos entre hombres y mujeres, la hipocresía social, y el uso de la mujer como mero vientre procreador.

El director, Saul Dibb, en ésta, su segunda película, cosecha críticas por lo convencional de su puesta en escena. Quienes han hecho la diatriba, por lo visto, han deseado una desconexión entre el método (la forma) y el fondo del relato. Eso, que para los interesados en el concepto de innovación y originalidad, puede ser un defecto. Para la mirada tradicional, no lo es. La correspondencia entre fondo y forma es una virtud muy valorada desde el clasicismo. El motivo es que el hombre está constituido tanto del sentido lógico cuanto del estético. Cuando la estética señala algo diferente a la lógica el producto se fragmenta y el espectador reduce a una de las dos impresiones su recepción.

Y en este caso, todo lo que se dice de la “moderación” exigida especialmente a las mujeres del Siglo XVIII interviene formalmente también, y en cada detalle. Los paisajes elegidos, la arquitectura de sus palacios, la maravilla de los trajes que le valieron a la producción una nominación al Oscar por el diseño de vestuario, espejan las contenidas reacciones de los personajes, desplegando un cuadro perfectamente creíble para esa sociedad Neoclásica a la que tanto le gustaba ponderar “lo conveniente” en descrédito de “lo deseable, lo amado, lo añorado”.

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El personaje que interpreta Charlotte Rampling, la madre de Giorgiana, responsable de la unión entre su hija y un hombre codiciado encarna todos los ideales del racionalismo vigente y las tensiones que el acallar emociones conlleva.

Giorgiana (Keira Knightley) no se niega a contraer matrimonio porque aún no sabe que la atracción que le genera Charles Grey evolucionará hacia el amor. Pero su esposo William (Ralph Fiennes) no hace más que desalentarla con una indiferencia y un sentido del deber que incluye, especialmente, la gelidez en las obligaciones maritales. La inexperiencia de Giorgiana dilata un poco el conocimiento de una sexualidad conectada con la emoción.

El duque trae abruptamente a la casa una hija bastarda y la duquesa la acepta y la cría como propia. Pero él no puede siquiera simular el enojo que le provoca el hecho de que su mujer no pueda darle “varones”. Mientras tanto, por placer busca a otras mujeres. Entre ellas, a Bess, Lady Elizabeth, que vive con ellos y es la única amiga de su esposa. Giorgiana los descubre y le pide a William que la eche pero él se niega y desde entonces viven un triángulo amoroso denigrante para la duquesa.

Giorgiana va amargando su espíritu y vuelve a tener contacto con Mr. Grey, quien pelea para convertirse en Primer Ministro. Las ideas políticas y la inteligencia de ella lo ayudan a llegar a ese sitio, pero no alcanzan para abandonar a Cavendish y dar libertad al amor. En cambio, la amenaza directa del duque y su suegra, la señora Spencer, inclinan la balanza y Giorgiana regresa con su esposo con el propósito de no perder a sus hijos. Lo hace aun estando embarazada de Grey. También ante eso el duque utiliza la extorsión y ella debe parir en secreto y entregar a Eliza, la recién nacida, a los abuelos paternos.

La película es bella, por donde se la mire. Los personajes tienen motivaciones claras sin tornarse inverosímiles, o estereotípicos. Incluso el duque genera empatía a pesar de su frialdad.

Breve para ser de época, halla su mayor problema en la brusca reaparición de Grey en la vida de la duquesa, quizá precisamente por un ideal de duración menor al que resulta necesario al contar una historia semejante.

Los actores hacen una muy buena labor; los peinados, los vestuarios, el mobiliario, la fotografía y cada detalle han sido cuidados y confieren valor a la aventura de rescatarla por streaming.