lunes 09 de diciembre del 2019

De otro poso, "Lo que el viento se llevó"

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Códigos antiguos, lo que el viento se llevó…

* Por Gisela Colombo

Varias veces hemos abordado desde esta columna la trasposición de literatura a lenguaje audiovisual. También hemos hablado de clásicos. Hoy se tratará de evocar una de las novelas cuya adaptación al cine potenció a tal punto su éxito que se convirtió en un Clásico indiscutible.

Todo se debió al reposo de quien años después sería reconocida como la autora de una de las novelas más reeditadas de la historia, en quien se inspiró también una de las películas favoritas del público de todos los tiempos. “Lo que el viento se llevó”, en efecto, fue escrita por Margareth Mitchell una de las primeras mujeres que trabajó en el periodismo gráfico. Una fractura de tobillo la obligó a estar en cama durante un tiempo y fue entonces cuando su esposo le fue acercando libros de historia, especialmente dedicados a la Guerra de Secesión norteamericana. Era el último año de la década del ’20, y en determinado momento, su esposo convenció a Margareth de que escribiera algo propio, una ficción que no fuera para ningún diario, sino para llenar su tiempo. Así ocurrió la génesis de una historia que no vio su final en esa década. Mitchell se recuperó y abandonó la novela.

Recién en 1935 conoció a un editor que quedó encantado con su trabajo y le ofreció publicar lo que quisiera escribir con fines literarios. La autora, en un rapto de valor le entregó el manuscrito de “Gone with the wind”, para arrepentirse inmediatamente después y escribirle al editor para que se lo restableciera. Pero el hombre ya tenía leída una parte y estaba apasionado con la historia. Lo que hizo, en cambio de devolver el manuscrito, fue enviarle un adelanto de dinero como regalías y estimularla para que terminara la ficción.

En 1936 salió a la venta la novela, e incluso antes ya estaban vendidos los derechos de adaptación para la pantalla grande.

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Tres años después, se estrenó la película y se generó un fanatismo que, de alguna manera dura hasta hoy, convertida en cine de culto.

La trama cuenta la vida de Scarlett O’ Hara, una aristócrata del Sur, que sufre los avatares de la guerra hasta sumirse en la mayor pobreza, mientras intenta olvidar su amor de juventud, Ashley, quien se ha casado con su mejor amiga Melanie. No obstante, otro hombre, con quien tiene una relación de atracción y enemistad mutua, el capitán Rhett Buttler se enamora de ella. Scarlett se casa varias veces pero el amor que más la marca es el mismo que se resiste a aceptar, el de Rhett Buttler. Ambos son como dos caras de una misma moneda. Fríos y manipuladores, aunque pierden todo el influjo frente a su espejo emocional del sexo opuesto.

Lo más interesante de ver desde nuestra perspectiva actual es, precisamente, la duplicidad del vínculo que hace que se amen mutuamente mientras no hacen más que pelear, desafiarse, denigrarse y hasta ejercen la violencia. Vuelan jarrones, por un lado, y se sugiere una violación de él a la heroína, por el otro.

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El texto y la película no sólo dibujan todo el marco histórico y convulso de la guerra de Secesión, sino también retratan el modo de vincularse en el mundo conservador del Sur y los códigos hipócritas que están en juego. Se moldeaba a las mujeres para que no mostraran las emociones. La represión de los sentimientos era lo propiamente femenino, mientras el hombre se comportaba con absoluta libertad de expresión. El producto psicológico al que llevaba una educación semejante, según Mitchell, hacía víctimas a los hombres de una serie de manipulaciones con las que el “sexo débil” se las arreglaba para imponer su voluntad sin violentarse. En eso Scarlett es una maestra. Pero Rhett no se engaña. Tiene la agudeza como para descubrir las intenciones que se esconden bajo los buenos modales. El capitán desnuda sus estratagemas y ataca las debilidades más profundas de su amada, sin piedad.

Una relación semejante no halla consuelo ni paz, no obstante, y quizá por ello, jamás aplaca su fuego. Él, continuamente indignado porque otro hombre vive en la fantasía de ella, la ama pero la maltrata. Ella, incapaz de aceptar un trato que escapa a todas las normas de educación de la época, no hace más que defenderse, agrediéndolo. Y, sin embargo, tanto el libro como la película montan sobre estos pilares una gran historia de amor, de un romanticismo pocas veces superado.

Por lo visto, los códigos han cambiado, cierta conciencia que no se tenía en la década del ‘30 impide que veamos como romántico el abuso de poder masculino, o como justo el imperativo de esconder las emociones. Precisamente por ésto es que interesa recorrer las horas que ofrece la película o las páginas de un libro genial.