De otro pozo, "Vivir dos veces"

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"Vivir dos veces"

* Por Gisela Colombo

Vivir dos veces es una película protagonizada por nuestro compatriota Oscar Martínez y producida por la TV española.

Se trata de la historia del comienzo y el proceso de un paciente que padece Alzheimer. Narra cómo, de ser un profesor universitario de matemáticas llega al punto de no poder hacer un cálculo simple, como restar a 30 monedas, 27. Sin embargo, no es el patetismo de la involución lo que resalta de la película.

Con un estilo de vida muy solitario, lleno de silencios, biblioteca y ausencia de tecnología, sobrevive Emilio (Martínez), hasta que la enfermedad le insufla la urgencia y comienza una etapa nueva. Al mismo ritmo en que va perdiendo capacidades memorísticas e intelectuales lógicas, va recuperando la zona dormida de su ser, la que siente.

Así se propone, con la ayuda de su nieta Blanca, encontrar a una mujer que amó de chico: Margarita. El plan fracasa inicialmente porque el Alzheimer lo hará quedar bajo sospecha de ser secuestrador de la niña. Su hija Julia tendrá que acudir por auxiliar a nieta y abuelo. Y lo hará con su esposo. El sujeto es infiel y está desempleado desde un tiempo atrás.

Es posible observar cómo se las arregla para bajarle el dramatismo a su situación convirtiéndose en influencer, coach de vida, o como desee llamárselo. Enuncia sin descanso recetas que van la de psicología a la new age y de ella a la neurociencia apócrifa más de moda. 

A partir de entonces la pesquisa será un objetivo de los cuatro integrantes.

Pero Emilio no es el único aquejado por la crisis. Su hija Julia, que no se ha desarrollado como hubiera querido, tiene una autoexigencia que la mantiene en permanente tensión, además de atravesar a sabiendas una infidelidad de su esposo. La niña tiene una discapacidad, a su vez. De modo tal que lo crítico se orienta más que a la situación de la tercera edad o, dentro de ella, de los enfermos de Alzheimer. Es, en cambio, una mirada realista y algo desalentadora, de la vida cotidiana de una familia común. Se sondean desde el tema del bullying y la discriminación; el asunto de la infidelidad, el desempleo, los abusos de las redes sociales; y hasta el conflicto del divorcio.

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El tono es levemente triste sin llegar al patetismo en ningún momento.

La directora María Ripoll hace un trabajo satisfactorio, aunque imputable de tibieza en el tratamiento. No obstante, su acierto es permitir el brillo de los actores. La clave de la obra es lo actoral. No sólo en el caso de la interpretación que hace Oscar Martínez, que se luce especialmente. También el resto de los personajes son encarnados con verosimilitud y maestría.
Inma Cuesta (Julia), Mafalda Carbonell (Blanca), Nacho López y Aina Clotet completan el elenco. El resto, no es gran cosa.

Pero asegura entretenimiento y deja la necesidad de reflexionar sobre la vida.

En suma, más allá de tratar en profundidad un tema problemático, el film se ordena a sacar una foto de una de las millones de familias posibles, y con ello logra exhibir en pocos trazos el carácter ambiguo y dual de la experiencia humana.