"Temporada de secretos"

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"Temporada de secretos"

* Por Gisela Colombo

Entre las miniseries que ofrece Netflix existe una llamada “Temporada de secretos”. Tres son los capítulos de esta ficción de origen alemán, que en total duran lo que una película apenas.

Es la historia de tres generaciones de mujeres de una familia matriarcal. Los hechos inician cuando Vivi, Lara, las dos hijas, y Sonia, su madre, regresan a la casa familiar, ubicada en alguna costa del Mar del Norte. Es diciembre y acuden para celebrar las fiestas de Navidad. En los primeros instantes, Eva, la abuela, alma mater, aparece muerta, aunque en rigor no lo esté. Eso desencadena una atmósfera evocativa que acompaña todo el relato.

El primero de los capítulos se titula “El regreso a casa”, el segundo promete “El secreto de Sonia” y el tercero dedica su tiempo a revelar “El secreto de Eva”.

Sonia, hija de Eva y madre de Vivi y Lara, confiesa una historia de adicciones, promiscuidad y falta de rumbo que ha tenido hasta hace muy poco tiempo y que le impidió criar a sus dos niñas. Su madre Eva fue quien se vio obligada a criarlas. Vivi arrastra también el peso que le produce no saber quién es su padre. Poco a poco va enterándose del hombre revolucionario con que novió Sonia y las décadas que lleva en prisión por sedición, entre otros crímenes.

Como si se tratara de un trasfondo que luego crecerá hasta tornarse el centro de todo, Eva (la abuela convaleciente) convive con su esposo, en una serie de flashbacks que se alternan con los otros tiempos del relato: la actualidad y otros pasados en que Sonia lleva a casa para otra Navidad, a su novio rebelde. El esposo de Eva, según sabemos por esos saltos en el tiempo, era un hombre que se decía enfermo y no se levantaba de la cama por miedo a que cualquier agente externo a la casa de la costa pudiera destruirlo. En una permanente irritación sojuzgaba a Eva y la violentaba física y psicológicamente.

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En múltiples raccontos se van trenzando todos estos recuerdos, tan emotivos como crudos, cuyos efectos llegan hasta el tiempo presente. “Alma”, una bisabuela ya muerta, es la voz de la furia contra las condiciones injustas de la vida. Renegada, malhablada y víctima de la senilidad tiene una locura quizá nacida en los tiempos incomprensibles y tremendos de la Segunda Guerra Mundial.

Lara, la obediente de siempre, vive su propio infierno interior, el que no le permite elegir más que lo seguro. Su prometido es un snob sin tacto, a quien no parece ver atractivo siquiera. Ella atraviesa un periodo de calma entre varios brotes de trastornos ansiosos. Y también se hace preguntas aunque el miedo no le permita accionar.

Una empleada que teme con pavor la muerte de Eva porque hace décadas que vive allí y depende de ella, intercambia información con el resto de las mujeres a cambio de la promesa de que no la echarán, aunque muera la abuela. Y lo que dice da un vuelco en la historia.

Se trata de un espectáculo pálido, no en espíritu, sino plásticamente pálido. Con esa estética de la televisión alemana, tan descolorida como característica, los episodios detentan una tibia nostalgia, una hondura existencial que no se salva con nada. El mar omnipresente tiñe más aún de ciclos irremediables las cosas.

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Una escena que ocurre mientras festejan la Navidad (que pudo haberse evitado) atenta un poco contra la verosimilitud del producto. Sin embargo, las historias atrapan, las preguntas sobre la vida se suscitan y en tres capítulos apenas logran retratar toda una vida.

El papel de la mujer aquí es interesante porque se anticipa en mucho a nuestras corrientes reivindicatorias de lo femenino. Casi no hay hombres en la ficción y todos ellos son secundarios excepto uno, que el espectador deberá descubrir por sí mismo si se aventura en los secretos de esta “temporada”.