martes 04 de agosto del 2020

Copiar sin que se note (tanto)

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“En el Arte está todo inventado”. Mediante esta “teoría” se intenta explicar el porqué de que una obra se parezca a otra.

Según la RAE el plagio es “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”.

Pero ¿dónde termina la “inspiración” y comienza el robo? Bien sabido es que los grandes temas de la Humanidad se repiten -y repetirán- hasta el infinito: el porqué de la existencia, el conocimiento adquirido y por adquirir, la búsqueda de la verdad, la moral, la belleza, los recovecos de la mente, el autoconocimiento, el amor y el odio. Aproximadamente, las temáticas de las que se ha ocupado desde tiempos inmemoriales la Filosofía, también.

(Quizás, en el fondo, música, pintura, teatro, cine y fotografía.... no sean más que subterfugios para decodificar estas grandes incógnitas; a la vez que intentar explicarlas, en la desesperación humana por padecer de razón)

La historia del arte está plagada (el término es empleado intencionadamente) de sonados sucesos en que se “denuncia” el plagio de tal o cual cuadro, de aquella canción o hasta del fragmento de una película.

Inclusive hay leyes que determinan si algo es copia u original –con sus consecuencias jurídicas y todo- y hasta existen aplicaciones online que funcionan como “detectores” de plagio.

Otra teoría, muy extendida y que ocasionalmente se toma como matemáticamente cierta, dicta que “El genio es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración”, con esos precisos porcentajes. El problema radica, primordialmente, en que pocas veces el arte es científico y que la máxima la soltó uno de ellos: Thomas Alva Edison, a quien no se le conoce haber pintado con óleo o compuesto sinfonía alguna; al menos con presunto éxito.

En un punto intermedio se encuentra la táctica del pintor Pablo Picasso. Este recomendaba que “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”.

Como contrapartida, otros artistas han sido tocados por la vara mágica. Desde Van Gogh hasta Bustriazo Ortíz, pasando por un vasto campo, sucede –con lógicos matices- que baja subrepticiamente la “musa” (inspiración) en un momento determinado y “dicta” lo qué hacer. Ocasionalmente esa musa también trae vino, absenta, “locura” u otros condimentos, siendo la mano del hombre un simple instrumento de traslación. Convengamos, a su vez, que de “artistas y de locos, todos tenemos un poco”. Vale decir con esto, que la creación artística lleva implícita eso que como no podemos explicar de otra manera, llamamos “locura”, pero que en realidad es una sensibilidad especial que no todas las personas tienen el don de percibir.

En el seno más intrínseco de nuestro Telón Pampeano nos hemos planteado, seriamente, la temática: mientras para unos tal “obra” es simplemente la coincidencia con otra, para otros es un flagrante choreo.

Pero cuidado, a no pecar de vigilantes de la moral. Quizás la idea primigenia es similar, porque, como se dijo, los grandes temas se repiten, entonces pueden coexistir interpretaciones varias. También puede pasar que algunos sabandijas aprovechen este axioma para escudarse del fotocopeo, cambiando una pincelada, una coma o una nota. Hay de todo, es un juego.

Paralelamente, el pintor español que citábamos anteriormente, soltó: “Los buenos artistas copian, los genios roban” aunque ni siquiera pudimos corroborar si esta declaración de principios era cierta, era propia o tenía certificación de copyright.

(Para la confección de este reporte, se han birlado conceptos a mansalva. Y otros se han inventado.)

L.G.