El Bautista de la Rinconada

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Rescatamos una de las joyas de la interminable chuspa de poesías del vate mayor de La Pampa, don Edgar Morisili.

De entre la inconmensurable alforja de esas verdaderas joyas del acervo cultural pampeano que constituyen las obras de don Edgar Morisoli, rescatamos una que se erige como símbolo, no solo por la tristísima belleza de su creación, sino también porque fue y es estandarte de la “pampeanidad” menos amable: la de la vida de los sufridos habitantes del oeste provincial, aquellos a los que les fue negado hasta el elemento más preciados de la vida o, en este caso, dado en abundancia mortal.

Esta bellísima pieza no estaría completa sin el aporte del máximo musicalizador del poeta que mejor supo pintar La Pampa: hablamos del músico y cantor José Gerardo “Lalo” Molina. Entre ambos construyeron un binomio artístico de excelencia, con creaciones que transcienden los límites de la provincia, artísticamente hablando.

La canción, de una manera magistral y con la precisión léxica que solamente Morisoli podía lograr, narra las desavenencias de Domingo Retamales, y en él reflejado el drama acaecido a finales del 1914 en la Colonia 25 de Mayo, conocido como “La Crezca Grande”.

Es una creación incluida en el seminal “Cancionero de los Ríos” -quizás la obra colectiva máxima de La Pampa, publicada en 1985- presentado el 17 de agosto de ese año en el Teatro Español de Santa Rosa. El trabajo consta de cuarenta partituras de temas que abordan la problemática de los ríos y fue la expresión del interés común de una comunidad, la pampeana, por la revalorización del a problemática hídrica de la región.

La tragedia del Colorado tuvo su génesis en las intensas nevadas registradas durante el invierno de ese mismo año, en la zona cordillerana de Mendoza y Neuquén. Llegada la época cálida, cuando comenzó a derretirse la nieve, ésta nutrió de manera extraordinaria al lago Cari Lauquen que se desbordó sobre el río hoy en peligro, provocando un desastre natural que contó con torrentes de hasta 16 metros de altura; los que arrasaron con pueblos enteros, entre ellos el asentamiento costeño pampeano, principalmente habitado por chacareros y puesteros.

Una de esas viviendas a orillas del río era la que habitaba Retamales con su familia. La furia natural los arrastró como a muchos otros; é intentó rescatar a sus seres queridos pero no pudo; quedó a la deriva, aferrado a un tronco, tal como lo encontraron varios días después y a varias leguas del pueblo: había perdido la razón.

Los escritos de Morisoli son, a la vez que frescos de la región y la época, verdaderas clases magistrales de historia y geografía, en las cuales se entremezclan fidedignos datos con pinceladas que hacen al deleite profundo del lector; en este caso, del escucha. Es así que en este poema en particular, desde su título, hace mención a Juan El Bautista, figura consideraba el predecesor de Jesús y quien lo habría bautizado, provocando una analogía por la tácita presencia del desierto.

Es que así apareció una noche de 1987, un 10 de junio, cuando la nieve cubrió la tierra y el cuerpo inerte de don Domingo Retamales, solo y loco.

L.G.