domingo 08 de diciembre del 2019

DE OTRO POZO

AAla chica del tren

“La chica del tren”

Una versión policial sobre la violencia de género.

* Por Gisela Colombo

Un texto como el de Paula Hawkins, autora inglesa que ha logrado ser best seller en varios países e incluso en diferentes idiomas, suele convertirse, mediando algún tiempo, en un film.

Ése fue el caso de “La chica del tren”, un thriller de contenido psicológico, cuya protagonista Rachel Watson (Emily Blunt) es una mujer deprimida, abandonada por su esposo y sumergida en una adicción al alcohol que le suscita lagunas mentales. Convencida de que arruinó su matrimonio y provocó el despido de su marido del empleo, transita un periodo de desprecio por sí misma y desesperación. Desempleada también ella, todos los días sube a un tren y recorre el mismo trayecto. En un momento del viaje diario, el tren se detiene en el mismo lugar y le permite observar la vida de una pareja que ella considera ejemplar, la de Megan y Scott, a quienes no conoce, pero imagina así. La distancia entre su idealización de la pareja y la realidad se manifestará pronto ante sus ojos. Un día descubre a la mujer besándose con otro hombre en una de las terrazas de la casa.

Megan, la mujer observada, se relaciona con la familia que creó en segundas nupcias el ex-esposo de Rachel. Es la niñera. Ella también esconde una historia dolorosa que se dilucidará con el paso de las escenas.

Rachel continúa obsesionada con su pérdida y la disolución del matrimonio, motivo por el cual los vínculos inesperados se le revelan antes de que todo cambie, al desaparecer Megan. Es cuando comienza la investigación policial, en la que Rachel misma es sospechosa porque ha sido vista cerca del túnel en el que Megan se esfumó, a pocos metros de una de las estaciones del tren.

Las lagunas de memoria de Rachel la llevan a dudar incluso sobre su participación en el crimen cuando aparece en medio del bosque el cuerpo de Megan. Y, como conviene al género policial, la resolución espera, paciente, a los últimos minutos del relato.

Pocos son los cambios introducidos por la adaptación respecto del texto original. Detalles. La historia que ocurre originalmente en un tren londinense, se convierte en un viaje diario a Manhattan desde los suburbios de New York. Quizá la más importante de las modificaciones es el modo en el que llega al conocimiento de Rachel la desaparición de Megan. En la versión cinematográfica la policía espera en el departamento en donde vive hace un tiempo la protagonista. La dueña de casa, una amiga de Rachel, los recibe. Y la detective se presenta allí para interrogarla acerca de su paradero durante la noche de la desaparición. En el texto, por el contrario, ve la noticia accidentalmente mientras la lee un pasajero del tren. El film acentúa un poco la inestabilidad de Rachel cuando la hace entrar a la casa de su ex esposo y tomar de la cuna a una bebé plácidamente dormida. En el texto, el hecho tiene la justificación del llanto de la niña y la imposibilidad de que la madre la calme porque está dormida.

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En suma, el guión casi no diverge del relato literario.

Si bien el texto es un producto comercial aceptable, no escapa a la fórmula previsible del género. Lo mismo sucede con la película dirigida por Tate Taylor y cuyo reparto también incluye a Rebecca Ferguson, Haley Bennett, Luke Evans y Edgar Ramírez.

Los abusos masculinos hacia tres mujeres y la corporativa actuación de ellas frente al agresor convocan el asunto de género. El ingrediente de una detective femenina no es casual tampoco.

El tema es probablemente la violencia contra la mujer. No sólo la física, sino también la verbal y psicológica. La clave de la historia consiste en la agresión masculina y la desesperación de una mujer, que se siente responsable de todo lo negativo, porque su pareja ha trabajado sistemáticamente y mediante la manipulación psicológica, para hacérselo creer.

El film es un buen entretenimiento sobre un fenómeno candente, del que no deberíamos aguardar mucho más.