domingo 26 de mayo del 2019

DE OTRO POZO

alias_grace.jpg

Alias Grace, un enigma policial y psicológico muy bien contado

* Por Gisela Colombo

Entre las miniseries que ponen a nuestra disposición las plataformas de streaming, algunas son la crema del género en su país. En este caso, Alias Grace es una producción de origen canadiense. Margareth Atwood, novelista de gran prestigio y misma nacionalidad, es autora de la novela que inspira la serie. Ha tenido éxitos editoriales anteriores, que también han sido llevados a la pantalla.

Pero esta novela sobre Grace Marks, joven criada de origen irlandés que interviene en un doble crimen en 1943, tiene ingredientes extra. La historia parte de un hecho real muy escandaloso. Las víctimas son el empleador de Grace, Thomas Kinnear, y su amante, Nancy Montgomery. La criada, Grace, y el mozo de cuadra de la finca planean y matan al dueño de casa y su ama de llaves. Los hechos conmocionan a la sociedad, en parte porque Grace Marks sólo tiene dieciséis años. El juicio es seguido por el público con pasión. Su “cómplice”, James Mc Dermott es condenado a la horca. Y ella, en un golpe de suerte, fue sentenciada a cadena perpetua.

Años después, habiendo pasado por una clínica psiquiátrica, y todavía confinada en la penitenciaría estatal, recibe el beneficio de una especie de “salidas transitorias” para emplearse en la casa del Gobernador. Su aspecto de niña juiciosa y frágil le da una pátina de inocencia que divide al pueblo entre los que le temen y quienes ven en ella otro error de la justicia humana. Entre éstos, un grupo de feligreses y su pastor comienzan una apologética para lograr que liberen a Grace. Hasta aquí los hechos reales.

Atwood, la escritora del libro, respeta casi completamente los datos del caso policial, aunque introduce un personaje que aporta mayor interés incluso. Para solventar en fundamentos científicos el pedido de la Iglesia Methodista y sus fieles, contratan a un médico psiquiatra, joven y soltero, llamado Simon Jordan, único personaje que es invención de la autora.

alias_grace2.jpg

El libro es llevado a la pantalla con refinamiento y una reconstrucción de época impecable. Detenta, además, la actuación memorable de la actriz principal, Sarah Gadon. Sólo ver las expresiones y el lenguaje corporal de ambos protagonistas en las entrevistas periódicas que tienen basta para justificar los esfuerzos de producción. El psiquiatra (Edward Holcroft) va revelando gestualmente un interés romántico cuya sutileza es otro logro de la serie.

Largas charlas sostenidas por raccontos dramáticos permanentes van descubriendo la historia de a poco. Grace cuenta hechos que el médico conoce y, sin embargo, lo mantiene atrapado. Ella es una Sherezada más, encantando a su rey día tras día. El discurso es suficientemente ambiguo como para mantenernos en vilo también a los espectadores. Y va develando la personalidad fascinante, reflexiva, y su espíritu crítico. Aunque también sugiere un intelecto agudo y algo frío. Grace dice no recordar los hechos más crudos. Visto con mucho detalle, es posible descubrir más de un desliz sugerente. Su personalidad es desconcertante.

Los relatos guardan una visión poética. Ese ímpetu lírico se expresa mediante objetos que se tornan metáforas. En esos casos, como sucede en la literatura, las descripciones que no contribuyen a lo central del relato se erigen como claves de interpretación.

Una de ellas es el edredón que está cosiendo Grace. En cada sesión, mientras conversa con el doctor Jordan, trabaja en el bordado o la costura de apliques que luego irán a constituir la manta que veremos al final. Desde el principio se manifiesta como un indicio el asunto de los edredones, en los que Mary Whitney, su gran amiga, y ella encuentran los rasgos personales de sus dueños. Hacia el final un comentario sobre la manta que hizo para ella misma plantea, ahora sí directamente, la posibilidad de que Grace sufra una esquizofrenia que la lleva a dividirse en varias personalidades y perder conciencia alternativamente de los actos de una y otra.

Mary Whitney juega un papel importante en la historia, porque es una criada que le enseña el trabajo y adopta a Grace como una hermana menor. Un embarazo no deseado y el aborto clandestino que se realiza llevan a la muerte a Mary. Pero en el momento en que la halla muerta, Grace oye su voz preguntándole si “puede entrar”. Grace cree que debió preguntar si puede salir y abre la ventana respondiendo a la creencia de que el alma de los muertos debe franquear los muros de una casa ser liberada y ascender. Aquí otro indicio importante, que plantea una segunda hipótesis. ¿Es posible que haya sido víctima de una posesión demoníaca?

alias_grace3.jpg

Como dice el psiquiatra, lo que interesa no es si mató o no, sino qué ocurrió en su conciencia para que fuera capaz de participar de un doble crimen o cometerlo.

¿Una posesión siniestra de un espíritu que no tiene paz, un caso de amnesia temporal, un cuadro de esquizofrenia?

Las dudas continúan porque Grace es una manipuladora nata y no uno sino varios hombres que la rodean caen bajo sus influjos. Hacia el final, una sesión de hipnosis proporcionada por un amigo antiguo de la protagonista, devenido en gurú de pseudociencias, vuelve a revelar las dos hipótesis. E introduce la del engaño al que podría estar sometiendo Grace al grupo de feligreses que emprendió su defensa, al psiquiatra y, en fin, a la justicia.

La realización es impecable, pero el texto es incluso mejor. Y el final, queda a criterio del espectador que, como Grace cuando construye su manta, debe juntar los fragmentos del relato para comprender.