viernes 19 de julio del 2019

DE OTRO POZO

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Green Book, mejor película para los premios Oscar

* Por Gisela Colombo

A Aristóteles le pareció justo ponderar a Homero por una maestría evidente en La Ilíada. Consistió en la habilidad para tomar un pequeño fragmento de la realidad por reflejar y mediante él desplegar un mundo total. Por medio del enojo transitorio de un héroe, Aquiles, logró exhibir todo el escenario de la Guerra de Troya. Quizá en un libro menos subjetivo habría estado más completa la crónica. Pero lo que tiene de particular esta epopeya es que al contar ese fragmento, Homero nos acerca tanto al héroe que podemos sentir su furia, respiramos agitadamente con él, lloramos también la muerte de Patroclo y estamos en el ruego que hace a su madre para que lo ayude.

Lo cierto es que Homero nos describe el mundo antiguo, su estilo de vida, las artes de la guerra, sus armas, los códigos marciales, las treguas, los ritos funerarios, los vínculos entre hombre y mujer, entre padres e hijos, el reparto de los botines, los problemas de los soldados con el alcohol, los choques de cultura, la cobardía de los reyes, las cuestiones profanas y las que son innegablemente sagradas. Todo. Sólo contando la historia ya no de un héroe sino de una emoción pasajera de un héroe. Magistral.

Quizá el mismo recurso anime y dé efectividad a la película protagonizada por Vigo Mortensen y Mahershala Ali, quien no por simple capricho fue premiado en su actuación.

Se trata de la historia de un músico de color que, contrariamente al estereotipo de su raza, se dedica a la música clásica. Educado en la crema del arte europeo, exhibe un refinamiento y una cultura inesperada para un afroamericano en la perspectiva racista del Sur de EEUU.

El músico contrata a un ítaloamericano del Bronx para que lo conduzca y proteja en la audaz gira musical por el sitio donde mayor rechazo existe contra los ciudadanos de raza negra.

No vemos instituciones, figuras políticamente influyentes, una gran tragedia... Simplemente, pequeños gestos de la sociedad culta que contrata al pianista y se deleita con su don, pero se niega a dejarlo pasar al baño de la familia; en cambio, le ofrece un retrete exterior dispuesto allí para quienes son “como él”.

La figura del músico Don Shirley, como la de Aquiles, actúa como el ojo de la tormenta. Es el elemento que desnuda las contradicciones de una sociedad que se obliga al eufemismo y la amabilidad en nombre de su educación. Pero en cuanto siente amenazada la línea fronteriza entre el mundo blanco y el negro deja traslucir sin demasiado tapujo lo que de verdad piensa de la gente de color. Los negros no sólo son seres de menor categoría, sino dignos del asco de los blancos.

Incluso aquellos que abren las puertas al talento de Don, se resisten a dejarlo comer en la misma mesa que ellos. El pianista desnuda, en sí mismo, esa contradicción. De raza negra, pero a la vez pináculo de una cultura occidental admirada por los poderosos del Sur, desata un conflicto ancestral que anima a la sociedad sureña como rasgo de identidad, mientras oficialmente se avergüenza del atraso del racismo.

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El Italoamericano, interpretado por Mortensen, permanece fuera de esa polémica entre caucásicos y negros, aunque es subestimado también por el origen. No obstante, no vive dividido porque ha decidido no negar lo que es y apegarse a esas raíces cuanto puede. Eso es precisamente lo que aprenderá Shirley de él.

Inspirada en hechos reales, el título del film se explica cuando los agentes de la discográfica le entregan a Tony (Mortensen), un libro de recomendaciones para transitar por el Sur de EEUU, siendo de raza negra.

Se ha dicho que es una película sobre la amistad. Y si la atmósfera favorece alguna sensación, es la emotividad. Conmueve el vínculo. Está excelentemente actuada. Mortensen no recibió el premio a mejor actor pero seguramente lo mereció: sólo la ductilidad para reproducir el acento italiano vale como ejemplo.

Los paisajes por los que nos pasea el film también hacen atractivo el viaje. Y la reconstrucción de época es satisfactoria. Resaltan, en ese aspecto, los permanentes carteles que rezan “For colored people” o “No colored allowed”.

No sé si la película fue la mejor de 2018. No sé si tiene la espectacularidad o la universalidad de otras. Pero lo que relata llega, y lo hace con el antiguo recurso de Homero. Elige la ínfima experiencia de un hombre más, para contar el drama de la discriminación. Así, Green Book, le hace honor al adagio de que “como muestra, basta un botón.”

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