De otro pozo

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“El ascenso de un imperio: otomano”

* Por Gisela Colombo

En los últimos tiempos se han fundido dos propósitos culturales diferentes. El más primario, que es el de enseñar y difundir hechos históricos fue cumpliéndose desde los ámbitos educativos como un modo de aprovechar las herramientas novedosas de la tecnología, incorporando métodos de otras disciplinas para hacer más accesibles los contenidos. Pero más recientemente ha pesado mucho más la finalidad de la industria del entretenimiento.

Hoy muchas son las producciones ficcionales que parten de hechos reales del pasado. Algunas logran un carácter épico por la naturaleza de lo que narran. En mayor o menor medida, satisfactoriamente o no, todas cumplen una tarea educativa.

El crecimiento exponencial del interés por la ficción no logró un boom libresco, pero sí torció el interés por la televisión hacia producciones igualmente accesibles desde la comodidad de los hogares, pero mucho más afín al lenguaje y los objetivos del cine. Las películas y las series ocupan gran parte del tiempo libre del hombre occidental desde hace varias décadas.

Por esto precisamente algunas producciones se tornan invaluables. La globalización del mercado, que nos acerca obras de todo el mundo, provoca la monstruosa proliferación de productos. Esa abundancia comporta el peligro de que no las valoremos debidamente.

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Esperemos que éste no sea el caso de “El ascenso de un imperio: otomano”, una producción de Netflix Turquía. La máquina de enterteinment turco se puso al servicio de la gesta otomana, mediante los mecanismos de la ficción épica.

Desde los efectos especiales hasta la calidad actoral construyen una historia a partir de dramatizaciones. Aunque prevalecen las reconstrucciones actuadas, los realizadores evitan el peligro de la subjetividad histórica, convirtiendo esta serie en un género mixto. Integran a esas imágenes actuadas en escenarios creíbles, la explicación de expertos en la materia que se trata. Académicos de nivel, escritores de textos de difusión y expertos que sostienen perspectivas diferentes, comentan, explican y describen cuestiones que luego se verán dramatizadas.

El resultado es excelente. Más allá de las polémicas que seguramente podría suscitar en los ámbitos académicos, los hechos son fieles a lo que consignó la historiografía. Y la técnica logra la reconstrucción verosímil fundamental que ha de tener un documental, sin perder la capacidad emotiva, el dramatismo y la universalidad propia de lo ficcional.

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En seis capítulos plenos de impactantes imágenes bélicas, de acción vertiginosa, se despliega el crecimiento del Imperio Otomano. El tema abordado es la conquista de Constantinopla, que desde Occidente solemos nombrar como “La caída del Imperio Romano de Oriente”. El suceso no fue el paso de mando de una soberanía a otra, sino mucho más. Fue el hito que determinó el pasaje de la Edad Media a la Edad Moderna para el mundo entero. Por la invasión de Mehmet II a Constantinopla se desencadenaron las búsquedas marítimas de una ruta alternativa a la de la seda. Eso generó nada menos que el Descubrimiento de América. Siglos se ha discutido si el 12 de octubre de 1492 fue el inicio de la nueva era con la llegada de Colón a tierra americana, o el que lo cambió todo sucedió el 29 de mayo de 1453, a orillas del Bósforo.

El tratamiento que se le da a los personajes es uno de los elementos que contribuye a la calidad de la serie. Ni el protagonista, el sultán Mehmed II, ni el resto de los personajes, caen nunca en la caracterización estereotípica. El relato logra equilibrio porque el guión no pierde de vista que no se trata de seres míticos, personajes legendarios y perfectos, sino de hombres reales. Es tan admirable el sultán otomano como el emperador romano destinado a morir en el asedio.

Un parlamento final del sultán podría presagiar una nueva temporada de historia otomana. ¡Albricias, si mantienen esta misma calidad!

Por el momento, esta primera temporada. Que será para quienes gustan de la historia, un lujo. Y para quienes no se han dejado seducir aún, un portal por donde ingresar placenteramente y casi “sin darse cuenta”.