domingo 12 de julio del 2020

De otro pozo, "El sedcutor"

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“El seductor”, de Sofía Coppola

* Por Gisela Colombo

Muchos creen que la llegada de alguna gente al éxito se debe a las relaciones que tiene. Parten de la base de que gran cantidad de jóvenes que desearon seguir los pasos de sus padres en alguna profesión tuvieron allanados los caminos por “contactos”. Es muy probable que sea ése un factor importante. Sin embargo, un niño que se cría con padres que transitaron una senda vocacional en el mismo sentido que él, tiene, además de la predisposición genética, la ventaja de que alguien hizo parte de su periplo y se lo transmitió, en mayor o menor medida, como le enseñó a atarse los cordones o a cepillarse los dientes. 

En casa de Francis Ford Coppola debió suceder algo similar. Su hija, Sofía Coppola, quien también incursionó en la actuación en el emblemático Padrino III y grabó para siempre en nuestra memoria esa escena desgarradora en la escalera de un teatro, comenzó pronto a dirigir largometrajes. Uno de los más famosos fue “Perdidos en Tokio”. También rodó “María Antonieta” entre otras producciones. Ya con varios productos probados es innegable su talento. Pero si tuviera que dar más pruebas, basta con ver una breve película llamada “El seductor”.

Se trata de la historia de un internado de señoritas en el Sur de Estados Unidos, mientras ocurre la Guerra de Secesión, en 1865. La armonía y el aislamiento en que viven algunas niñas sureñas de clase alta es responsabilidad de dos personas: la Directora del Instituto (Nicole Kidman) y la institutriz (Kirsten Dunst). Con ellas viven niñas pequeñas y algunas adolescentes.

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Ese frágil equilibrio en principio parece sólido. Aunque empieza a descalabrarse con la aparición de un soldado del bando de los yankees, el ejército invasor. El hombre tiene una herida profunda en su pierna y una de las niñas pequeñas lo descubre en medio del bosque mientras recoge hongos. Lo que sucede es que su educación puritana la lleva a auxiliarlo. Con su ayuda llegan ambos al internado, un edificio suntuoso, en donde lo reciben y le dan hospitalidad. No obstante, la directora no pierde oportunidad para dejar en claro que no está cómoda ayudando a un hombre de las filas contrarias. Trasluce asimismo su inquietud más secreta sin decirlo directamente: le preocupa la posibilidad de que surja un vínculo inconveniente entre alguna de las chicas y el sujeto.

En ese estado limpia y cose la herida ̶con procedimientos que hielan nuestra sangre de cuarentenados por la falta de acepcia y anestesia ̶ y le permite al hombre reposar allí hasta recuperarse, mientras comienza a experimentar cierta atracción sexual hacia él.

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La subyuga pero se debate incluso con colgar de las rejas de la propiedad el pañuelo azul, hábito para delatar la presencia de un enemigo. De ese modo el ejército local lo recogería.

Si decide no hacerlo por un tiempo es porque el hombre debe recuperarse antes.
Pero lo mismo que hace a alguien digno de ser amado es lo que lo destruye. Y esto le sucede a Mc Burney. Una enorme capacidad y afición por seducir al sexo femenino comienza a expresarse en los días que sigue. El soldado trata a cada una de las mujeres que lo asisten como si fuera su preferida. Incluso a las más pequeñas les hace la corte ̶ sin ningún tinte perverso, como animado por el deseo de gustar simplemente ̶ y les transmite esa familiaridad que convierte a cada una en “única”.

Pero esa característica llegará su ruina. Ruina que comienza con un accidente durante sus intrigas nocturnas y una intervención quirúrgica sin su consentimiento. El resultado mina la seguridad del cabo y lo torna agresivo. Desde entonces, el hombre es una amenaza para la seguridad de las chicas y sus institutrices.

¿Cómo logran salir de ello?
Si un ejemplo hay del poder femenino y la capacidad de actuar solidaria  ̶ casi corporativamente̶  es éste. En tiempos de guerra y desamparo, el ingenio, la voluntad, la abnegación, pero sobretodo la unión entre las damas, hacen la diferencia.

Después de “María Antonieta”, no sorprende que el espectáculo del vestuario sea una película aparte. La directora ha pulido tanto el guión cuanto lo actoral y lo que logra es un equilibrio y una perfección que hacen pensar en que hay más que “contactos” detrás de Sofía Coppola.

Collin Farrel, Nicole Kidman, Kirsten Dunst y Elle Pfenning son los actores más visibles aunque el resto del elenco transmite igualmente bien.

El argumento es simple, pero lo que hace más interesante el arte de esta directora es la profundidad psicológica que expresa en los personajes. Vale la pena el film sólo por ver las escenas en que el cabo Mc Burney seduce adultas y niñas a fuerza de adivinar qué desea o qué necesita cada una.