martes 01 de diciembre del 2020

De otro pozo

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"La química del amor”

* Por Gisela Colombo

Algunas trasposiciones de libro a lenguaje audiovisual resultan un desafío mayor. Tal es el caso de “El cerebro femenino. Comprender la mente de la mujer a través de la ciencia”, llevado al cine como "The female brain" o "La química del amor". El libro es ya, de por sí, heterodoxo. Posee las características de los artículos de difusión propios de las revistas científicas, pero de aquellos que recuerdan muy bien que sus lectores son simples aficionados a la ciencia y no expertos. Su lectura no supone ningún conocimiento previo. Asimismo, la autora baja a ejemplo cada concepto que explica utilizando los registros de pacientes de quienes, claro, preserva la identidad real.

Lo cierto es que su autora, una médica y neurocientífica llamada Louann Brizendine, escribe una crónica de sus investigaciones para cumplir con la tarea de difundir las reflexiones a las que llega la pesquisa. Y lo hace de tal modo que resulta por demás accesible para el público no experto. Pero si en la lectura el lenguaje técnico suscita problemas, tanto más sucederá en un producto audiovisual cuya oralidad repele un poco la revisión de conceptos.

Contrariamente a lo que sucede con muchos otros documentales clásicos, aquí se pierde el interés fundamental que los caracteriza: la pretensión de objetividad. Y no es un imponderable, sino un propósito directo. Para cumplir ese objetivo los realizadores del video que ofreceNetflix, convirtieron el discurso científico de intención popular de la autora en una especie de dramatización que mucho tendrá de ficción también. Para ello, se valen de personajes públicos. Esta estrategia busca directamente la credibilidad que reduce la ficción, por su propia naturaleza.

Un actor de películas románticas, su concubina, un basquetbolista famoso recientemente lesionado, una refaccionadora televisiva de casas y su esposo son los seis protagonistas que alternan en sus apariciones con quien interpreta a Brizendine, la neurocientíficay autora del libro.
Por ello, el film no es ni una ficción ni un documental sino un híbrido genérico. Un formato que permite la efectividad a la hora de difundir el concepto central del libro: las particularidades del cerebro femenino.

A grandes rasgos plantea que las fortalezas femeninas respecto a la inteligencia masculina consisten en una estructura de la mente que supone una constitución mucho más apta para las emociones. Caracterizada por la capacidad empática. Esta aptitud se atribuye a la tarea de cuidar hijos como la actividad principal, durante milenios, por lo cual la experiencia fue fraguando en capacidades nuevas adquiridas y luego transmitidas por la genética. Interpretar el llanto de un bebé requiere ponerse en el lugar de otro para descubrir qué es exactamente lo que le duele, lo está fastidiando o le niega la satisfacción de una necesidad.

Según nos muestran las imágenes del film, el escáner que revela en colores la actividad neuronal desnuda mucha más actividad en los centros en que operan los vínculos, la comunicación, la empatía, etc. La mujer es mucho más apta para interactuar, leer el lenguaje corporal, ponerse en la piel de otro y comprender las emociones y las motivaciones que lo mueven. Datos como la asertividad mucho más frecuente en los hombres que en las mujeres, la renuencia femenina a discutir en una reunión laboral, la necesidad de transformar a la pareja creyendo que se lo/la está auxiliando en la sanación de sus heridas son todas conductas que se atribuyen a causas que el texto desarrolla. Más allá de que sean producto de muchas generaciones sometidas a estímulos limitantes, aquello habrá de dejar un registro en la programación corporal y mental. De eso se trata precisamente el concepto de evolución de la especie.

El documental, como el libro, despertó gran polémica entre quienes tienen diferencias en el concepto de género. (La autora y la versión audiovisual aclaran que la biología no explica todas las particularidades y diferencias, pero sí varias.)

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Esa discusión que sigue abierta confronta dos posturas muy diferenciadas con las que se concibe el mundo. Por un lado, quienes adhieren a la visión que afirma una única raíz, la de la construcción social.Esta perspectiva concibe un poder manipulador y hegemónico según el cual ha habido durante muchos milenios una intención de domar a la mujer y ejercer un poder represivo sobre ella. Quizá por evitar la desventaja que ha tenido el varón a la hora de reconocer sus hijos antes de la tecnología del A.D.N. No parece extraño que la educación femenina fuera especialmente represiva, ni que se les enseñara la castidad, la censura a expresar sentimientos, y la monogamia irrenunciable, una exclusividad sexual con la que debía entregarse a un solo amante/esposo, normas que no se exigían a los varones.

En las antípodas están quienes desde un cientificismo biológico y químico explican todas las conductas humanas, casi como si fuéramos simples contenidos de pulsiones instintivas.

No hay necesidad de definirse entre una y otra. Ambas son ciertas y erradas alternativamente. Porque aquello que se repite como hábito durante generaciones suele ingresar a los aprendizajes que internalizamos y transmitimos en el vehículo del A.D.N. Todo aquello que han aprendido nuestros antepasados está presente en nosotros y se fortalece por una educación con valores similares o se modera si la formación es más moderada también.

La pregunta que se impone para comprender el futuro es: ¿Ahora, que el hombre participa tan activamente como la mujer en el cuidado de los niños, no habría de modificarse eso que la autora deriva del exceso de testosterona y califica de lo propio masculino, como es relacionarse por medio de la competencia y no de la empatía?

Preguntas como ésta despiertan en el espectador a partir del film.

Es muy interesante el libro y también sirve el documental como portal de entrada a estas discusiones especialmente álgidas en el mundo de hoy.