domingo 11 de abril del 2021

DE OTRO POZO

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"El príncipe"

* Por Gisela Colombo

En 2014 vio la luz ante el público español la tira llamada “El príncipe”, un drama con tantos ingredientes atractivos que costaría desinteresarse. Pertenece al mismo creador que “Vivir sin permiso” a la que nos referimos hace un par de semanas. Aitor Gabilondo ha sido el responsable, aunque en este caso junto a César Benitez. Los protagonistas masculinos son los mismos que ponen el cuerpo a Nemo Bandeiras y Mario Mendoza en la tira que ofrece Netflix. Pero aquí, de algún modo, los roles de autoridad y subordinación están invertidos.

La acción ocurre en Ceuta, un territorio autónomo de España emplazado en las costas de África y lindante con Marruecos. Allí viven –no sin tensiones– musulmanes y cristianos como si fuera la continuación contemporánea de los conflictos de la Reconquista española que cejaron en 1492. A esta latencia debemos parte importante de la serie. Porque lo que habrán de resolver es la intromisión de una célula terrorista yihadí que recluta jóvenes para perpetrar atentados suicidas, un medio para restablecer Al Andaluz, el reino musulmán en tierra española.

Javier Moray (Álex González) es el nombre del agente encubierto que es destinado como inspector y máxima autoridad a una comisaría del barrio “El príncipe”, uno de los más peligrosos de la ciudad de Ceuta y de toda España. Ese cargo no es más que una pantalla para su labor de espionaje. Moray trabaja para el C.N.I., Centro Nacional de Inteligencia, que opera en toda España en cuestiones de Seguridad Nacional y depende directamente del Presidente.

El agente desembarca en una comisaría donde algunas sospechas de corrupción y ciertos métodos poco ortodoxos de los policías preocupan a las autoridades. Todo ello encarnado especialmente por “Fran” (José Coronado), quien concentra el mayor poder policial y sostiene relación con varias bandas de narcotráfico que operan en “El príncipe”.

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Una de ellas es la de Farouq (Rubén Cortada). La desaparición de uno de sus hermanos, de quince años, desata la búsqueda que cruzará al nuevo inspector con la hermana del narcotraficante. “Fátima”(Hiba Abouk) es una profesora musulmana que repele la actividad de Farouq y corresponde a Moray en esa atracción inmediata que la literatura ilustró como el flechazo de Eros. Con el transcurrir de los episodios, la trama se va desenrollando al tiempo que crece ese amor. Mientras tanto, Fátima está prometida a la usanza islámica con un primo rico, y este es otro ingrediente más para que la acción se torne vertiginosa.

Entre narcotráfico, lavado de dinero, terrorismo y romance, la serie se permite la denuncia de métodos aberrantes utilizados para coptar, manipular y precipitar adolescentes hacia el suicidio. El objetivo es que se inmolen en atentados. No obstante, la denuncia que hace la obra se guarda varias veces de englobar todo el Islam en esas sectas extremistas.

Bien actuada, bien dirigida y bien guionada, la tira de dos temporadas y 29 capítulos está disponible en Youtube y resulta una propuesta magnética.
Con suerte, incluso invitará a revisar la historia y a reflexionar sobre un fenómeno de odio racial que penosamente sigue teniendo la mayor vigencia.