jueves 14 de diciembre del 2017

Miró y Rodin conviven en el Bellas Artes

El Museo Nacional de Bellas Artes de la ciudad de Buenos Aires inauguró días atrás las exhibiciones “Rodin, el centenario en Bellas Artes” y Miró, la experiencia de mirar”, que permanecerán hasta el 25 de febrero en el museo porteño.

Estas muestras abren la posibilidad de apreciar de manera simultánea una importante selección de obras de dos de los artistas más destacados y reconocidos de la historia del arte. En las salas del Bellas Artes nos encontraremos con parte de la producción más celebrada del genio catalán compuesta por 59 piezas; y con una muestra de 19 esculturas y 3 dibujos del artista francés que desafió las normas de la armonía y el equilibrio que regían en el academicismo clásico de la época.

¿Dónde? En el Museo Nacional de Bellas Artes, ubicado en Avda. del Libertador 1473, CABA. La entrada es libre y gratuita.

“MIRÓ LA EXPERIENCIA DE MIRAR”
Se centra en el trabajo del artista catalán Joan Miró (1893-1983) durante las dos últimas décadas de su vida.  La exhibición presenta cincuenta obras, realizadas por Miró entre 1963 y 1981, pertenecientes a la colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de España, con curaduría de Carmen Fernández Aparicio y Belén Galán Martín, bajo la dirección de Manuel Borja-Villel y Rosario Peiró.

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Miró, quien desde los años 20 se mantuvo en el centro del devenir del arte moderno vinculado a los círculos parisinos de vanguardia, inicia hacia mediados de la década del 50 un proceso de introspección, en el que alcanza la máxima simplificación de su universo. En 1956, el artista se traslada a su nuevo estudio de Son Abrines en Mallorca, diseñado por su amigo Josep Lluís Sert. En el taller-vivienda, reúne por primera vez la totalidad de su producción, lo que le ofrece la posibilidad de revisar y redefinir, directamente, toda su obra. En esta época, parte de un motivo casual o fortuito, que puede ser una mancha, una gota, una huella, un objeto encontrado o un elemento natural, recreando, por medio de este impulso, un tema frecuente en su obra: la representación de la naturaleza y de la figura humana. “Miró supera la realidad como referente para convertirla en materia y signo, y construye un lenguaje simbólico esencial que emplea en la resolución de problemas plásticos”, señala el texto curatorial que acompaña la muestra.
    
La exposición Miró: la experiencia de mirar permite acercarse a esta renovación de su pintura, en la que el artista intensifica el trabajo directo en el lienzo, abordando los grandes formatos e incidiendo en las posibilidades del gesto y las cualidades del material. Se encamina así a una simplificación, tanto en la definición de la forma como en el uso del color, para conseguir –según lo que el propio artista declaró en 1959– que “las figuras parezcan más humanas y más vivas que si estuvieran representadas con todos los detalles”.

La exposición –que viajará en marzo de 2018 al Museo de Arte de Lima, del Perú– presenta 18 pinturas, 6 dibujos, 26 esculturas y dos filmes: Miró parle (Miró habla), de 1974, del fotógrafo y realizador francés Clovis Prévot, que incluye una profunda entrevista al artista, realizada en 1972, en Palma de Mallorca, por Pere Portabella y Carles Santos, en la que el pintor repasa toda su carrera; y el cortometraje Miró l’altre (Miró, otro), de 1969, dirigido por Portabella, una de las piezas más importantes de la filmografía dedicada al autor, que documenta la composición y posterior destrucción por parte del artista de un mural sobre la vidriera del Colegio Oficial de Arquitectos de Barcelona.

Miró: la experiencia de mirar es organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, con la colaboración de la Embajada de España en Argentina y el apoyo de la Asociación Amigos del Bellas Artes.

La muestra podrá recorrerse en el Pabellón de exposiciones temporarias del Museo, entre el 25 de octubre de 2017 y el 25 de febrero de 2018, de martes a viernes, de 11 a 20, y sábados y domingos, de 10 a 20.

“RODIN, EL CENTENARIO EN BELLAS ARTES”
El Museo Nacional de Bellas Artes rinde homenaje al escultor francés a un siglo de su muerte con la exhibición de un conjunto de esculturas y dibujos de la colección del Museo. Dos obras clave, La Tierra y la Luna y El beso, trazan el punto de partida de un recorrido que no solo evidencia la revolución de las formas impulsada por Rodin, sino también la apuesta por una estética moderna de aquellos promotores culturales de la joven Argentina en que se fundó nuestro museo nacional.

En el corazón de toda actitud de ruptura, subyace una profunda comprensión del espíritu de cambio de una época. Sin lugar a duda, la figura de Auguste Rodin (1840-1917) condensa los universos estéticos y culturales que dieron forma al último tramo del siglo XIX. Bisagra en las redefiniciones artísticas de entonces, su trabajo desafió las normas de armonía y equilibrio que regían en el academicismo clásico imperante. Sus planteos disruptivos incluyeron nuevas soluciones para la escultura, como el uso de puntos de vista múltiples, el modelado de anatomías imposibles y la exaltación de la materia al dejar visibles distintas texturas que habilitan la sensación de inacabado.

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Las obras de Rodin son en sí mismas una invitación a reflexionar: las aquí expuestas, junto a aquellas que marcan con su presencia el espacio público de la Ciudad de Buenos Aires –El pensador, el Sarmiento–, constituyen un punto de referencia para el arte nacional, que ha tenido en el diálogo con el modelo francés una de sus postas históricas.

En los primeros años del siglo XX, un grupo de noveles artistas locales se sintieron atraídos por las propuestas estéticas de Rodin, cuya producción conocieron en sus viajes de formación a Europa o cuando sus primeras piezas llegaron al país. En la sala 20 de esta planta, se presenta una selección de obras realizadas por escultores argentinos que dan cuenta del impacto que el maestro francés tuvo en América.

Con esta muestra, el Bellas Artes se suma a la red internacional de instituciones que llevan adelante un programa común de actividades para celebrar a un artista que transformó de manera radical el modo de entender la escultura.