domingo 08 de diciembre del 2019

De otro pozo: "Perdida"

perdida_gone_girl.jpeg

“Perdida”, o la perversión de una conciencia alterada

* Por Gisela Colombo

Gone Girl o “Perdida” en español es un thriller de David Fincher, director de Seven, El club de la pelea y otros éxitos innegables.

El guión surge de una obra literaria, una novela homónima que la misma autora convirtió en guión cinematográfico. Se trata de Gillian Flynn, novelista.

Ben Affleck y Rosamund Pike protagonizan un film atrapante, cuyo tema es, quizá, la perversión de una conciencia alterada.

La historia narra los primeros cinco años de una pareja que tiene, en principio, una gran conexión. No obstante, veremos un clásico: el tiempo transcurrido va enfriando la relación. La mañana del 5 de julio Nick Dunne (Affleck) regresa a su casa y nota la ausencia de su esposa. Además, la mesa del living está hecha añicos y hay otras pruebas de violencia. Una fiscal y un detective acuden a inspeccionar la vivienda y hallan una tremenda cantidad de sangre en la cocina por medio del luminol, que rescata las huellas de aquello que fue limpiado. Más tarde conoceremos por qué y cómo llegó esa sangre allí, pero es indudablemente de Amy (Pike).

Nick se refugia en su melliza Margo y con ella enfrenta no sólo la búsqueda sino también el proceso de sospecha que se volcará sobre él en virtud de la indolencia frente a la posible muerte de su mujer. El secreto de una amante, y algunas zancadillas circunstanciales ensucian más la figura del esposo.

perdida_2.jpeg

Los informes periodísticos destacan por la falta de escrúpulos y seriedad con que tratan el asunto y manipulan la opinión pública. Este dato, sumado al hecho de que ambos protagonistas son periodistas, parece un guiño para que el espectador no pierda detalle de la crítica que se permiten hacer tanto la novela como el film a los medios de comunicación.

Mientras tanto, una serie de flash backs conducidos por un diario íntimo de Amy, que aparece oportunamente como prueba contra él, relata conflictos pasados con pretendida verosimilitud.

El misterio comienza a ceder y las páginas del diario nos contarán la historia anterior tal como conviene a la protagonista.

En efecto, con conocimiento y maestría Amy va tramando en su acto de escritura pormenores de sus relaciones que dan la impresión de estar allí relatados con el objeto de incriminar al esposo en su desaparición. Luego, dispondrá una búsqueda por pistas, fingiendo un juego que repite cada año en el aniversario. Así llega la policía al diario y conoce la justicia la versión de la esposa.

Entretanto, Amy continúa su derrotero, su huida cuidadosa para que ningún detalle revele su condición de viva y evadida.

En esa fuga se encuentra con un sujeto del pasado que todavía está enamorado de ella, como acreditan las cartas que siguen llegándole en tiempos en que está casada con Nick. El hombre es un paciente psiquiátrico que, con el propósito de recuperarla románticamente, le da asilo en una propiedad alejada y suntuosa.

El abogado mediático que asiste a Nick, lo lleva a una entrevista televisiva que resultará explosiva. Las dotes actorales del esposo no le van a la zaga a las habilidades de Amy para mentir y engañar. El resto, será el espectador quien deba descubrirlo. Y lo hará con placer porque la trama está bien construida y sostiene el interés hasta el último instante.

Tanto la novela como la puesta en escena logran el suspenso propio del género y despiertan el deseo de conocer los secretos del entramado.

La actriz se ha lucido como para atraer varias nominaciones en diferentes premios internacionales. Ben Affleck, discreto; y las demás esferas de la producción no desentonan. Buen entretenimiento, literatura de fines similares y un cruce más entre la palabra y el séptimo arte.