De otro pozo, "The gift"

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"El regalo"

* Por Gisela Colombo

Los últimos días de diciembre de 2019 Netflix puso a disposición del público una serie original de origen turco que reúne varios elementos que la hacen interesante. Aparece en la plataforma con el nombre genérico de “The gift”, el regalo. Aunque en su país y originalmente haya prevalecido la subjetividad mucho más íntima de “Atiye”, el nombre de una mujer.

Se trata de una primera temporada de ocho episodios que se construyen en torno del misterio, sin dejar fuera una mecánica policial siempre efectiva. Lo curioso quizá sea la combinación de estos elementos de búsqueda científica con la reflexión espiritual de la vida, mediante caracterizaciones bien trabajadas en el guión.

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Se trata de la historia de una pintora, Atiye (Beren Saat) cuya obsesión es, desde niña, un símbolo extraño, que reproduce una y otra vez en su arte. Pero el conflicto irrumpe cuando descubre que en un sitio llamado Göbekli Tepe, se han hallado reproducciones del mismo diseño. El lugar es en el sudeste de Turquía, donde se supone se dieron los primeros ritos religiosos de la civilización, y se conserva como el templo más antiguo hallado jamás. Llevada por la curiosidad acude a esas excavaciones en las que se trabaja permanentemente y conoce a Erhan Kurtiz, arqueólogo y heredero del trabajo de su propio padre, quien murió abruptamente y le legó un misterioso cuaderno de anotaciones. Allí descubrirán Atiye y él las imágenes que la obsesionaron. En las visitas que hace ella al santuario, similar aunque más antiguo que Stonehenge, se deja guiar por una niña kurda extraña, como salida de una pesadilla.

Mientras tanto, Atiye debe organizar su boda perfecta, pero no logra concentrarse en esos preparativos. Comienza a ver la figura de una anciana que la persigue. De este misterio tratarán los episodios que siguen. El sitio, al igual de lo que sucede con los rituales sacros de los pueblos primitivos, tiene el valor de ser un portal que conecta lo humano y terrenal, con lo divino. Esa verticalidad está presente en todas las culturas arcaicas. En muchos casos como un árbol, una colina o un círculo de piedras que es lo que produce la apertura a otra dimensión. En éste, una red compleja de túneles se esconde a los ojos de la humanidad del siglo XXI. Atiye buscará a esa mujer que la observa hasta que la encuentre. Precisamente el día de su boda se fugará con quien es, en realidad, su abuela y Erhan, el arqueólogo que finalmente la encontró. Los tres partirán hacia Göbekli y allí la abuela le dará una unción como sucesora ritual suya. Atiye será la nueva “maga”. Después, la anciana se entrega plácidamente a la muerte.

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Pero en ese lugar, en esa apertura, es donde quedará accidentalmente atrapada Atiye, y descubrirá que no sólo es posible ascender y descender por ese centro del universo: el tiempo también puede disolver la sustancia a la que nos tiene habituados. Las dimensiones infinitas se cruzan allí. En ese descenso al centro de la tierra, que muy bien recuerda la catábasis ad inferos (descenso a los infiernos) que hacen tanto Ulises en La Odisea, cuanto Virgilio en La Eneida y su heredero, Dante Alighieri. Allí, como los tres personajes mencionados, descubrirá sus propios defectos, sus propias faltas, se internará en el arrepentimiento y en la más oscura angustia hasta que asuma por fin lo que es. De regreso, seguirá desentrañándose la trama que acentúa un poco el costado policial para luego anudar todos los elementos desperdigados en un final bien pensado aunque algo ambiguo.

Los dos actores principales están sumamente creíbles en sus interpretaciones. Un HD criminal no es motivo para tapar con maquillaje el rostro de una de las mujeres más bonitas de la televisión turca. A cara lavada transcurre la película completa, y eso, lejos de afear a Beren Saat, le da la posibilidad de un lucimiento imposible desde los personajes de heroína de telenovela (Fatmagul, Amor prohibido, etc) que suele encarnar.

El guión es interesante aunque recrea varios temas que están muy explorados por la ficción en los últimos años. Con la diferencia de que lo hace combinando ciencia y pretensión de racionalidad científica, con magia, astrología, mito y espiritualidad no confesional.

En síntesis, una producción profesional y de la buena, entretenimiento y acción, que estimulan la curiosidad del espectador acerca de varios temas. Temas que, como haces de luz confluyen en el imaginario del hombre contemporáneo y son en realidad cargas de cultura de diversas procedencias y tiempos, pero indiscutiblemente universales.