domingo 29 de noviembre del 2020

De otro pozo

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"Hogar"

*Por Gisela Colombo

En marzo de este año, apenas comenzada nuestra cuarentena, se estrenó por streaming una película atendible, de origen español. Se trata de la historia de un publicista con una carrera afianzada que se enfrenta a la caducidad incluso del prestigio laboral. Removido de su cargo y a un año de visitar una tras otra las compañías publicitarias que existen en su ciudad para conseguir un trabajo similar, Javier Muñoz comienza a comprender que tendrá que deshacerse del nivel de vida y de los lujos que su empleo le permitía.

En los primeros minutos del film vemos cómo es entrevistado por distintos empleadores y en todos los casos terminan disculpándose por no poder concederle a él el trabajo. Quizá descartado por cuestiones de edad, que algunos sugieren escindida de la creatividad. Nunca explicitado, esto sugiere en su costado de crítica social el guión de los hermanos Alex y David Pastor.

El despido de la empleada doméstica, la mudanza a un departamento más pequeño y mucho menos distinguido, la puesta en venta del auto van invitándonos a una empatía dolorosa, porque nos hacen adivinar lo que un hombre como Javier siente como una humillación hecha a cuenta gotas. Una vez en marcha la nueva vida, su esposa se emplea como personal doméstico y Dani, su hijo adolescente, asume el cambio con abnegación. Quien no puede dar por perdida la vida anterior es él, que rechaza todas las ofertas para deshacerse de un auto costoso, y cierra la posibilidad de otros empleos.

Continuamente regresa a observar desde la calle el piso en el que vivía y del que conserva llaves. Llaves que no duda en usar para ingresar y pasar tiempo en casa ajena como si fuera propia. Así accede a la información sobre Tomás(Mario Casas), el nuevo inquilino, un hombre joven que se recupera de su adicción al alcohol después de haber provocado un accidente. Lo sigue a su reunión de Alcóholicos Anónimos y va ganando su confianza, sin dejar nunca de entrar y vivir horas en su antiguo departamento. Como si la envidia pudiera subsanar algo, enfoca su furia contra la figura del nuevo inquilino, cuando su verdugo es un proceso universal de pináculo y caída que atravesaremos todos en la productividad por una razón o por otra. El joven, condescendiente y siempre dispuesto a auxiliarlo, va cayendo en las redes de un ser siniestro.

Al protagonista presta la piel Javier Gutiérrez, que hace gala de una escuela actoral admirable. El actor, indiscutidamente consagrado, sostiene el relato sin desbordes, ofreciendo -no un villano clásico sino- un hombre atravesado por el dolor en un punto de hartazgo que lo dispone a cualquier crueldad.

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Se trata de una propuesta ágil que maneja el suspenso con maestría. Y consigue algo inusual.

Cualquier historia de ficción suele escoger con qué personaje debe prevalecer la identificación del público. Aquí, hacernos empatizar con el protagonista, con la causa de su pena, es solamente el principio. Para que experimentemos la “anagnórisis” clásica después, el despertar a una verdad esencial que nos horrorizacomo a sus víctimas, por la iniquidad de la que es capaz.

Se ha dicho que un personaje que se precie debe transformarse a lo largo de la obra. Aquí no es Javier Muñoz quien evoluciona, se degrada o redime, sino nosotros, los espectadores, que conseguimos, con resignación, que el amanecer catártico toque nuestras pupilas y nos transforme un poco la mirada.