domingo 11 de abril del 2021

DE OTRO POZO

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"La historia oficial"

* Por Gisela Colombo

Hace apenas unos días se cumplieron los 35 años de que “La Historia Oficial”, película argentina estrenada en 1986, recibiera el galardón del Oscar a la mejor película extranjera.

En el transcurso de 2015 una labor técnica logró remasterizar la producción original mejorando a tal punto la imagen y el sonido que nada tendría que envidiarle a films hechos en las últimas décadas.

Quienes contamos más de cuatro décadas recordamos perfectamente esa escena en que Norma Aleandro, desde el atril de anuncio que presidía la ceremonia de entrega de los Oscars, debió revelar que su propio trabajo merecía el galardón más valorado en la industria del cine. Fue la primera argentina y latinoamericana premiada y desde entonces sólo una más, El secreto de sus ojos, fue reconocida con el Premio.

Hoy Netflix, la plataforma de streaming, ofrece la nueva versión de un film cuyo interés sigue siendo tan magnético como cuando se estrenó, a solo tres años del final del proceso militar que denunciaba.

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El relato cuenta la historia de Alicia Marnet (Norma Aleandro), casada hace mucho tiempo con un funcionario castrense en tiempos del Proceso, llamado Roberto Ibáñez, personaje que interpreta el genial Héctor Alterio. Corren los últimos meses de los eternos siete años que duró el gobierno militar.El regreso de una amiga de infancia de Alicia desde el exilio es el desencadenante de todas sus dudas. Ana le revela cómo, estando desaparecida y confinada en un centro de detención clandestina fue testigo de partos y de la apropiación de niños que era práctica habitual. Esa información que Alicia desconocía explica los esfuerzosposteriores de investigación de la profesora de historia. Es que es por esos días que comienza a percibir una realidad velada, no imaginada siquiera por más que tuviese las pruebas ante sus ojos desde el principio. No obstante, su motivación nada tiene de altruismo o sentido de justicia. Alicia y Roberto, unos años atráshabían adoptado una niña, Gaby, a la que crían prácticamente desde que nació. El trámite había sido oportunamente gestionado por Robertoy el auxilio de sus contactos gubernamentales. Si a Alicia le resulta esencial conocer la verdad es porque la misma Gaby pudo haber sido apropiada. A la dilucidación de esta verdad dedica la atención la protagonista hasta el final del relato. Y entonces aflora cierta familiaridad con la violencia y la inclinación hacia la tortura que ella desconoce hasta el momento en su esposo.

El libro, que pertenece a Aída Bortnik y Luis Puenzo, dos consagrados guionistas, tiene un equilibrio sin el cual jamás se habría logrado este producto tan acabado. Puenzo, además, dirige el film que fue producido por Marcelo Piñeyro.

El resto del elenco lo completan Chunchuna Villafañe (Ana), Hugo Arana (Enrique, el hermano de Roberto), Patricio Contreras (el profesor Benítez) y Chela Ruíz (Sara, la posible abuela biológica de Gaby).

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Quizá lo mejor de esta obra es la armonía emocional que logra. El alejamiento empático del público, que suscita el hecho de cargar demasiado las tintas, jamás ocurre. Por el contrario, el espectáculo despierta una necesidad de justicia firme pero sin urgencias ni vértigos.

En la obra no prevalece el odio, el resentimiento, ni las cuestiones políticas que tanto han dividido. Esta actitud, en cambio, apela a la honestidad y la sensibilidad del espectador, el desenmascaramiento no sólo de quienes perpetraron los crímenes sino también de quienes por soportar el dolor prefirieron ignorar las iniquidades y aceptar como verdadera la “Historia oficial”.

 

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