lunes 21 de octubre del 2019

DE OTRO POZO

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 “La librería”, una apología de la Literatura

* Por Gisela Colombo

Existen películas que parten de un texto literario, pero además resultan apologéticas de la literatura por definición.

“La librería” es un ejemplo claro de ello. La novela de Penélope Fitzgerald, autora inglesa consagrada, recorre un periodo de la vida de Florence Green (Emily Mortimer), una mujer de mediana edad que ha perdido a su esposo en la guerra. La viuda, instalada en un pequeño pueblo costero inglés llamado Hardborough en 1959, tiene el propósito de fundar una librería. Si el amor a su esposo fallecido resulta importante es porque de la identificación de él con los libros vendrá el deseo de abrir un espacio de difusión literaria, de contemplación y goce. En el pueblo no existe ninguna propuesta similar. Los libros son una ausencia.

La casona antigua algo ruinosa y habitada por un “fantasma”, que nadie pone en duda, será el escenario en el que abrirá el negocio. Para ello, habrá de mudarse allí contra los pronósticos de todos los vecinos del lugar, que lo consideran una proeza imposible. La humedad y el abandono han dañado mucho la casa. Con la mayor templanza, Florence Green persevera a pesar de los inconvenientes. Inconvenientes que podrían resumirse en desalentadores consejos de quienes ella no habría consultado jamás; y obstáculos deliberados llenos de la hipocresía que exige una buena educación, pero abiertamente malintencionados.

Durante esos primeros días de reformas, Florence es convidada a una fiesta en casa de Violet Gamart (Patricia Clarkson), una aristócrata influyente como pocas en la vida de la ciudad. En esa oportunidad, Florence escucha de su boca la sugerencia por demás sutil, al mejor estilo inglés, de que desista de instalarse en aquel caserón. Horas después, de un modo sospechosamente casual, un pescadero le ofertará su negocio para instalar allí la venta de libros. Ella se negará y continuará con su sueño.

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Pero Violet Gamart verá la forma de sacar de la galera múltiples impedimentos. Casi animada por la profesión castrense de su esposo, emprende una guerra contra la “foránea”, de la que todo el mundo, desde una inclinación cuasi xenófoba, desconfía por naturaleza.

A pesar de todo, la Señora Green, como le llaman en el pueblo, logra abrir su librería. No obstante, los enemigos del nuevo comercio son poderosos. Dueños de una vileza que está dispuesta a comprar funcionarios, a convertir a los habitantes en espías e incluso a convencer a un congresista de presentar un proyecto para que la propiedad donde funciona el comercio sea confiscada por el ayuntamiento de la ciudad.

Violet Gamart se propone utilizar esa casona para instalar un centro de artes. Sus estratagemas y la sumisión servil de los habitantes van minando la vida de la librería. En medio de ese silencio tenso, aparece un viudo, contrafigura de Violet, rico y misterioso, cuyo desprecio por las relaciones sociales que se establecen en la ciudad costera lo mantienen confinado en su propiedad y dedicado permanentemente a la lectura. Florence entra en contacto con él por correspondencia, cuando el hombre le pide que le mande las novelas de calidad que vaya recibiendo. El hombre tendrá alguna intervención en el drama de la Sra. Green, visitará a la agresora e intentará allanar los caminos de la librería. El personaje del Señor Edmund Brundish es interpretado por Bill Nighy, un galán maduro.

La ponderación de Ray Bradbury y la escandalosa oferta de Lolita de Navokov son, en sí mismas, un homenaje a los libros de ficción.

Lo mejor de la novela es el tono característico que recuerda a Jane Austen. Moderado, costumbrista, profundamente inglés, el texto es una aventura imperdible que se ofrece incluso en Pdf en internet.

Vista con sensibilidad literaria, la película, sin ninguna espectacularidad, suscita la misma sensación de estar dentro de un mundo total, creíble, con personajes verosímiles y de tono inconfundible. Una defensa poética de los libros que lleva a pensar con horror en un mundo sin libros, en esa ausencia como la raíz de muchos otros tantos males…