martes 18 de febrero del 2020

De otro pozo. "Mujercitas"

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“Mujercitas”, que no se olvide un clásico maravilloso

* Por Gisela Colombo

Por unos cuantos siglos de la Edad Media el estado de guerra permanente ̶ a causa de la caída del Imperio Romano de Occidente y la entrada de múltiples grupos germánicos ̶ imposibilitó la escritura, la conservación y la difusión de productos culturales. El teatro, pasó a ser un recuerdo lejano.

Pero esos textos antiguos, tanto si fueran teatro, narrativa o lírica, corrieron otro destino.

Los amanuenses, como se les llamaba a los monjes que dedicaron su vida a generar manuscritos de obras clásicas, fueron los responsables de que hoy podamos leer a Séneca, a Plutarco, a Virgilio, por dar tres ejemplos.

Cuando el soporte de un texto era pergamino, que es un material orgánico extraído del cuero de un animal, su vida útil era bastante breve. La superficie que guardaba aquellos versos de Catulo comenzaba a desintegrarse desde el minuto en que terminaba de escribirse. Recordemos que la imprenta de Guttenberg es bien posterior.

Los monjes que vivían en monasterios medievales eran los encargados de copiar a mano las obras que, de otro modo, se habrían perdido para siempre. Así, mediante soportes renovados periódicamente lograron que la cultura antigua romana llegara hasta el mundo moderno.

Marsilio Ficino, traductor renacentista de El Banquete de Platón, solía decir que una de las funciones del amor es la de conservar el objeto amado. El amor nutre, cura, pero también conserva. Otorga vida a un objeto mucho más allá de lo esperado. Pues la labor de esos copistas era un acto de amorosa conservación.

Cada vez que vuelve a hacerse una edición de un clásico se cumple especialmente esta función.

Algunas producciones sobre obras clásicas compiten en calidad y belleza con el mismo clásico. Tal sería el caso de “Drácula” de Francis Ford Cóppola, que introduce a la historia gótica del conde, una motivación extra: el amor inmortal. Alicia en el país de las maravillas llevada al cine por Tim Burton, con un sentido alegórico que podría tener el original aunque no sea lo popular. Lo que las alza a esa categoría es, precisamente el ingrediente creativo que tiene la puesta en escena.

Cuando esas obras no introducen ningún elemento novedoso, diferente u original, ni consignan una reversión, una perspectiva diversa, para relatar los hechos, entonces los productores de cine vuelven a ser amanuenses.

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En los últimos días se ha estrenado la película Mujercitas rodada por la directora Greta Gerwig y protagonizada por Saiorse Ronan.

En los últimos años esta novela de Louisa May Alcott, un éxito sin precedentes en los Estados Unidos de la postguerra de Secesión, reclamó atención especial. Es que se conoció hace un par de décadas la versión original que Alcott entregó a su editor. El libro incluía algunos capítulos que fueron oportunamente censurados porque contenían pasajes polémicos para la sociedad de la época. Hoy, que están disponibles todos los recortes y han sido traducidos, una nueva puesta en escena no debiera darse el lujo de no innovar.

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Esta versión 2020 no le quita el jugo a ese recurso que debió ser central. El film no está mal, pero es una versión más reciente de su antecedente de 1994, donde brillaron Susan Sarandon, Winonna Ryder, Kirsten Dunst y Christian Bale. El elenco de aquélla ya es difícil de igualar, cuestión que podría haber mejorado si la imaginación de las directoras hubiera dado escenas muy diferentes a las de la versión anterior.

La perspectiva tampoco es otra. La única modificación son los saltos temporales permanentes entre el presente de la historia y un pasado de siete años antes, que complica el relato aunque lo haga más dinámico.

Está bien actuada, los vestuarios son suficientemente estéticos y los paisajes, la música y la fotografía, bellos. Pero este film no logra más que la tarea de un amanuense: conserva con amor una obra de más de cien años de antigüedad, sin vulnerarla. Tal vez varias generaciones futuras tengan que agradecer que esta versión se haya hecho. Tal vez por ésta no se olvide, en lo próximo, un clásico maravilloso.