Por Miguel Ángel Rodríguez
La obra del artista visual Rubén Schaap incluye esculturas, pinturas, dibujos e instalaciones que configuran un entramado simbólico donde la forma y el color impulsan el sentido. Sus bocetos delatan el gusto por el dibujo, y sus cuadros aúnan la percepción de lo intangible con el conocimiento de la pintura.
Zorros, personas, ñandúes, perros y gatos, a los que deberíamos incorporar boleadoras, lanzas y un yunque, constituyen una parte de la iconografía manifestada por Rubén Schaap en diversas obras de arte, algunas monumentales. Sus conjuntos destacan en espacios públicos de, por ejemplo, Santa Rosa, Victorica o Naicó, y delinean sentidos históricos y antropológicos con claridad y definición. No obstante, dejan la puerta abierta al misterio y lo ignoto.
En la mayoría de los casos, los emplazamientos de personas, animales y objetos reivindican los derechos de los descendientes de los pueblos ancestrales que habitaron la región pampeana y patagónica. Esta reivindicación no posterga la espiritualidad, al contrario, la desata y explana, y sería difícil comprender la estética del arte de Schaap si la escindimos de las imágenes y creencias sostenidas por machis y loncos. Lo profano muta en sagrado, y las lunas, los zorros y los choiques se convierten en seres reales e irreales a un mismo tiempo, dotados del carácter mágico y secreto que los conocedores -o iniciados- compilan en otra lengua.
Las representaciones cristianas también forman parte de la obsesión. La virgen emplazada en el barrio Santa María de la Pampa de la capital pampeana, o el gigantesco Cristo de doce metros de altura erigido en Telén, testimonian la factura artística del metal, así como la inclinación hacia cuestiones asociadas a lo trascendente.
Kokoneshtletl
Fruto del nopal es una pintura dominada por el color amarillo y el tono acromático negro; abundan las pinceladas rápidas así como los chorreados y explosiones de fluido pictórico. En un contexto de tres planos bien definidos destaca la presencia de dos ganchos o tenazas amarillas recortadas sobre una figura negra ligeramente rectangular que va desintegrándose hacia abajo. El plano exterior es blanco y en su parte inferior se lee una frase de Kokoneshtletl: Reverencia las Fuerzas que tú no ves, que no puedes coger, que no puedes oler. Reverencia esas Fuerzas.
Se trata de una pieza del año 2013, de 130 cm por 95 cm, de pinturas offset sobre liencillo, que conjuga síntesis, potencia pictórica y riesgo artístico. Como en la mayoría de las obras de Rubén Schaap es patente el equilibrio entre imagen y sentido, es decir: el arte no se vuelve un instrumento del mensaje. El interés de comunicar la presencia de fuerzas intangibles e imposibles de asir no subordina a lo visual. (foto de portada)
Luz Antü
El cuadro Impresión “Estudio sobre el sol naciente” fue realizado en el año 2010, las medidas son 145 por 85 centímetros, posee como base una plancha metálica y las técnicas empleadas son mixtas. Los tonos cálidos y la atmósfera nebular integran un paisaje íntimo que insinúa el horizonte y un amanecer. El poeta surrealista Juan-Eduardo Cirlot, en su Diccionario de símbolos afirma que “(…) todo paisaje, puede ser concebido como la mundificación de un complejo dinámico originariamente inespacial (…)” . O dicho de otro modo: lo inasible se transforma en obra interpretable por los sentidos. “Estudio sobre el sol naciente” es un paisaje interno, la morada de un imaginario personal tan legible como indescifrable.
Por debajo de la pintura, y a modo de secreto velado, el artista escribió líneas repletas de inscripciones cifradas que cruzan la imagen horizontalmente. La escritura fue realizada con soldadora mig, utilizando la antorcha como si fuera un lápiz. Todo el punteo eléctrico configura una capa manuscrita cuyo significado último es inaccesible. Encima del codex metálico el artista finalizó la obra. Vale decir que “Estudio” es un paisaje interno pintado sobre un documento eléctrico cuya traducción final permanece oculta.

Rostro
Desde cierto punto de vista, la obra de Rubén Schaap está vertebrada por los retratos. Rostros y cuerpos humanos, pero también de animales, indagan aspectos físicos y de carácter, subrayando sin desequilibrios aspectos esenciales del retratado.
En este sentido, Cayetano Santos Godines, pintura sobre tela de 120 por 80 centímetros realizada en los primeros años de la década del 2000, es el retrato en primer plano de una persona sobre un fondo cálido que contiene trazos oscuros definidos, pero también difuminados, y las inscripciones “Petiso orejudo” y “Cayetano Santos Godines”. Las pinceladas rápidas e incisivas, junto a la austeridad de los recursos, edifican una imagen dotada de equilibrio y resolución de las tensiones, precisa pero flexible. Cayetano es un cuadro que bien puede definirse como dibujo ejecutado con pintura, y manifiesta inquietudes compartidas por otros artistas y colectivos plásticos como el Ovo Nero.
Los márgenes quebrados e irregulares son sugerentes: acentúan el carácter indefinido entre pintura y dibujo, y potencian la percepción de la ausencia de límites, tan presente en Rubén Schaap como en la sensibilidad romántica del siglo XIX.

Lo subterráneo
Cayetano flota entre la pintura y el dibujo, y nos retrotrae a la estética de las últimas décadas del siglo XX, dominadas por el punk, el post-punk y la reinterpretación de lo gótico. No obstante, algo similar puede decirse de todo el ecosistema creado por Rubén Schaap. Las vírgenes, los perros, las lunas, los caciques, o la abuela de plaza mayo frente a las cabezas semienterradas, hablan -o gritan- sobre lo que está oculto y quiere salir: lo reprimido y asesinado, aquello cubierto y opacado por el poder.
Lo tenebroso y derruido, al igual que lo indefinido y nebular, señala lo aplastado por el olvido y la tortura; indica que otras lecturas pueden formularse. Las voces de los vencidos toman forma de escultura o de cuadro y se incorporan al imaginario urbano y rural.
Schaap, como si fuera un platero ranquel, habla con el metal y le da vida. Habla y lo dibuja, lo dobla y aplana, lo emparcha empleando fuego y paciencia, le da forma de rostro, de zorro -de Nürr-, de ñandú o de horizonte inalcanzable, pinta la tierra y la endereza, forja la imagen que los vencedores no pudieron robar.

Título de la obra: " Bowie 8" 1,05 por 1,35 mts
