Por Florencia Pumilla.

Es al fragor de la fragua, ese alboroto generado en relación a lo antes visto, que escribo.

Suelo ser de procesos lentos, y hay algo del burbujeo del leudado posterior a las experiencias que atraviesan que me resulta encantador. 

En este caso, sobrevino después un momento de sostener la mirada sobre lo recién visto,  en el que ésta se redobló en su apuesta de ser una práctica activa.

La mirada develada como modo y como ejercicio. Eso es lo que nos propone “La fragua del deseo", esta muestra de Eva Dolard intitulada con una frase que perfectamente podría ser parte de una letra del Indio Solari. El nombre se presenta como una clave de ingreso a lo que podemos encontrar en la Pre Sala del Aula Magna de la UNLPam, en esta primera muestra que inaugura el ciclo de exposiciones del 2026.

Eva no nos brinda certidumbre; ya en el gesto de nombrar lo que han seleccionado junto a la curadora, Julieta Mansilla, hay una primera invitación a aventurarnos a mirarlo todo con suspicacia.

El texto de sala nos anticipa que esta muestra antológica reúne obras de diferentes períodos de producción y de diversas materialidades. Y  propone un diálogo entre las piezas que Julieta y Eva seleccionaron en esta conversación que fue el proceso curatorial.

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Al recorrer la sala nos encontramos con collages, dibujos, calcos, monocopias, videos, en donde podemos ver que la técnica no es abordada para demostrar virtuosismo sino como procedimiento que propicia un proceso de reflexión.

Eva en su práctica tensiona la técnica, la disciplina -en toda la polisemia del término-  y también la propia historia del arte. Va más allá de lo representado, como en la instalación que lleva el mismo nombre de la exhibición, en la que podemos ver un paisaje dibujado con carbónico sobre la pared de la sala, que junto con varias hojas de libros “copiados” integran la obra más reciente del conjunto.

En un televisor se reproduce “Nico Pitt”, video monocanal, que en convivencia con “El traje invisible del emperador”, audio que se oye en loop en los auriculares, componen una nueva pieza: “Matrimonio”. Reforzando así la intención dialógica de la curaduría.

Múltiples operaciones se despliegan tanto en las piezas como en los diálogos propuestos entre ellas en  el montaje.

Eva  nos interpela desde una sensibilidad que desfigura los contornos de las certezas para compartirnos el incisivo escamado de sus interrogantes. 

La pretensión de esta reseña no es la de reponer  lo visto, sino contagiarles el entusiasmo para que se acerquen y se dejen afectar. Y para sorprenderse, por qué no, con las propias reverberaciones.

La muestra puede visitarse hasta el 26 de junio de 8:00 a 20:00 hs, en la pre sala del Aula Magna de la UNLPam, Coronel Gil 353.

Gracias Eva por compartirnos la sospecha e invitarnos a conjeturar.

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