Por Gisela Colombo

“Planners” es una serie argentina que retrata el estilo de vida de quienes se dedican a una disciplina que ha explotado y se ha profesionalizado al extremo en los últimos treinta años. 

Se trata de una tira producida por Star +, que posee dos temporadas. La primera, de nueve episodios, la segunda, de cuatro. Creada por Bárbara Diez, wedding planner de renombre —y ex mujer de uno de los políticos argentinos de mayor relevancia, Horacio Rodríguez Larreta— es en quien se inspiran los hechos. La tira fue dirigida por Daniel Barone, director emblemático del lenguaje televisivo. Las guionistas Mariana Wainstein, María Zanetti y Luz Márquez son quienes les ponen voz a los personajes mediante un guión atractivo.

La historia de Malena Carregal se cuenta a partir de la firma del divorcio, en donde prácticamente renuncia a todo lo que le corresponde por evitar el conflicto con Marcos Gutiérrez. Es la bellísima Celeste Cid quien la interpreta. Y la veremos comenzar de cero profesionalmente, pero también reconstruir su autoestima, afrontar la pérdida y sostener a su hijo adolescente, mientras combate las actitudes de un ex esposo despechado por su decisión de pedir el divorcio antes de que él sintiera la necesidad que motivó la disolución del matrimonio. 

Casi sin darse cuenta, Malena pronto se encuentra organizando eventos y es entonces cuando va abrazando paso a paso la fundación de su propia compañía. Uno de esos primeros trabajos, que llueven como azarosos, lo realiza para una amiga de su hermana, “Cali Portman” (Leticia Siciliani). Con ella acaba por asociarse y juntas incorporan a un profesional artísticamente ambicioso, el exigente “Andy Garrison” (Guillermo Pfening). Luego, se sumará el gran amigo de Malena, “Ray” (Marcos Montes), que habrá de renunciar a la empresa de su esposo para embarcarse en esta nueva aventura. En lo que sigue, no dejan de incorporar nuevos empleados que harán evidente, en su número, el éxito del proyecto.

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Las aptitudes de la protagonista exigen no solo el desarrollo de las capacidades para dirigir y planificar, para organizar, para crear una estética y temática, para calcular costos, contratar especialistas, y aunar todos los hilos en la misma trama. El desafío también convoca habilidades para encauzar las emociones de los asesorados, cuando no intervenir en los obstáculos vinculares que complican los planes. Todo ello queda reflejado en la serie junto a las relaciones novedosas con colaboradores, amigos y clientes que se despliegan paulatinamente.

El resultado es positivo. El espectáculo visual —en virtud de una cuestión argumental— motivaría de por sí recorrer estos trece episodios, pero un guión interesante y la actuación de Cid, que tiñe de inquisición existencial todo lo que toca, completan la puesta en escena. 

En el marco de las ficciones que explotan esos ámbitos y actividades estéticas, ésta es excepcional. No cae en la vacuidad, la frivolidad ni el mercantilismo propagandístico que sí caracteriza a tiras como “Emily en Paris” y “El diablo viste a la moda”, entre otras. En suma, la serie de streaming puede aspirar a ser un entretenimiento a partir de una figura verosímil que se muestra en varias facetas y logra, en el acto de narrar, cierta significación.