Por Gisela Colombo

Sandokan vuelve a rugir: la aventura clásica se reescribe en clave contemporánea

“Sandokan” es una nueva serie de origen italiano que, sin embargo, reúne actores de varias nacionalidades. El protagonista, por empezar, es un galán de la novela turca que siempre ha exhibido la ventaja competitiva de hablar fluido italiano.

Alanah Bloor interpreta a Lady Marianna Guillonk (“la Perla de Labuan”), Alessandro Preziosi compone a Yanez de Gomera; Ed Westwick es Lord James Brooke; John Hannah, Sergeant Murray, Owen Teale como Lord Guillonk…

Los nombres no dejan lugar a dudas: elenco variopinto e internacional.

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Novela de aventuras

Sandokan —el “Tigre de Malasia”— pertenece a esa estirpe de héroes míticos que sobreviven a las épocas porque encarnan algo más grande que la trama: el impulso de la libertad. Netflix retoma la leyenda y el resultado es una ficción que dialoga con su origen literario —la saga creada por Emilio Salgari— pero también con las formas actuales del relato audiovisual: más emocional, más introspectivo, más atento a las tensiones humanas detrás de la épica.

La historia, en su esencia, permanece reconocible. Parte de los personajes creados por Salgari, y se distancia de algunos de los hechos. Sandokan es un príncipe despojado, convertido en pirata y líder de los Tigres de Mompracem, enfrentado al avance colonial británico y holandés en el sudeste asiático del siglo XIX. Es el héroe romántico por excelencia: feroz en combate, leal hasta el límite, impulsado por una ética propia que desafía el orden impuesto. Y en el centro de esa aventura de mareas y pólvora, late una historia de amor que atraviesa toda la saga: la de Lady Marianna Guillonk.

Marianna, cuyo vínculo con Sandokan no es solo un romance idealizado, tampoco se embarca en el erotismo en que otras series suelen derrapar.

La serie retoma los pilares del argumento literario —piratería, resistencia, pasión prohibida— pero los propone con una narración más cercana al drama contemporáneo: el héroe no es solo símbolo, también es cuerpo, herida, contradicción. El conflicto ya no se sostiene únicamente en la batalla externa contra el colonialismo, sino en una trama donde la política, la identidad y los vínculos personales se disputan el protagonismo.

Can Yaman logra esta transición gracias al carisma y a una mejor dirección a la que nos tiene acostumbrados desde las tiras turcas. Su Sandokan conserva la energía indomable del mito, pero también permite que asome el hombre detrás de la leyenda: la fragilidad que no se muestra, la decisión que pesa, la soledad del líder. En esa lectura, la aventura deja de ser únicamente espectáculo y se vuelve también una pregunta: ¿qué precio tiene ser emblema?

Salgari, el autor de libro, se convierte en personaje secundario, llamado “Emilio”, a quien se encomienda la narración de los hechos, como una génesis episódica de la que deviene el libro.

El intertexto es, entonces, inevitable. Y permite ver qué se conserva y qué se transforma cuando un clásico se adapta.

En la literatura de la época, el exotismo y la épica eran parte del contrato narrativo: selvas, mares, fortalezas, duelos, persecuciones, honor. La serie mantiene esa postal de aventura, y por prudencia introduce una leyenda final a cada episodio en que se salva cualquier parecido con sociedades, razas y tribus reales. Todo ello se filtra en un lenguaje visual actual: escenarios de gran impacto, drones, fantástica fotografía y una puesta en escena pensada para el consumo global en un ritmo que alterna acción con momentos de intimidad emocional.

En definitiva, Sandokan en Netflix no busca repetir al pie de la letra la saga de Salgari: busca revivir su espíritu. Y lo logra en la medida en que conserva lo esencial —el héroe rebelde, la lucha contra el poder colonial, la épica romántica— pero se permite dotar de matices a los personajes, complejizar los vínculos y llevar el mito hacia una sensibilidad contemporánea.

Una historia liviana, un tributo a la literatura de aventuras pero también a un género Indiana Jones. En este sentido no se puede esperar mucha novedad, aunque entretenga. Y un spoiler inocente: ya se puede adivinar hacia el final que habrá otra temporada.